Cientos de hijos de Campo de la Cruz, Atlántico, iniciaron retorno desde Venezuela
La mayoría se han venido por su cuenta cuando la crisis comenzó a agudizarse, otros han sido deportados.
El municipio de Campo de La Cruz, en el Sur del Atlántico, era conocido jocosamente, por los años 70 y 80 como la capital de Venezuela, y era curioso ver que por sus calle solo transitaban niños y ancianos.
Ello es porque gran parte de sus habitantes veían que en el vecino país de Venezuela estaban las oportunidades de progreso para sus familias, que aquí nunca se les brindaba, y así ha sido de generación en generación.
Hoy, debido a la crisis, el panorama es distinto, muchas de quienes un día emigraron han comenzado a regresar, ya por voluntad propia o porque la guardia los sacó a la fuerza.
“Lo que está viviendo Campo ahora, se veía solo en los finales de año o las fiestas patronales o en los carnavales, cuando la gente se venía, pero de vacaciones, a gozar y compartir con las familias que había dejado aquí”, dijo a Caracol Radio Alexander Valencia, quien llegó hace una semana decepcionado porque tras 14 años, considera que este fue tiempo perdido.
“Uno se va con mucha esperanzas, con la ilusión de ayudar a la familia que se queda acá, pero ahora, estoy aquí, sin un peso y con la expectativa de si me regreso o si veo que hacer aquí”.
Henry Palmera, fue deportado hace poco más de un mes, pero tres días después de haber llegado, reunión unos pesos y se regresó a buscar algo importante que había dejado atrás.
“A mí sacaron con la ropa que tenía, estuve preso tres días y después me mandaron para acá, pero yo había dejado a mi mujer y a mi hijo, ella es venezolana y mi bebé también”, aseguró.
Dice que cuando regresó se hizo pasar por vendedor ambulante para burlar la guardia venezolana, que un guarda no le creyó porque nunca lo había vista pasar y que un vendedor de verdad verdad, convenció a los uniformados de que sí vendía allí.
“Cuando nos regresamos tuvimos que salir por las trochas y cruzar el río, pero al fin llegamos y aquí estamos”.
Hoy se dedica al oficio de conductor de bici-coche y a vender agua helada para medio conseguir algo que le permita alimentar a su esposa y a su pequeño hijo.
Pero, al igual de Alexander y Henry son decenas de paisanos suyos que se han regresado, sin embargo muchos no se quedaron en el pueblo y emigraron nuevamente, unos a Barranquilla, otros a Bogotá o a La Guajira, siguiendo la aventura que iniciaron un día en búsqueda de una mejor calidad de vida.
Y como ellos se espera que cientos de campocrucenses retornen un día, y que les toque enfrentar esa misma situación: la de haber partido llenos de esperanzas, y hoy regresar, literalmente, con las manos vacías.




