Bethsabé Caballero celebra 20 años de trayectoria exitosa como actriz de teatro
Hay carreras que parecen empezar de golpe y carreras que se revelan despacio, como una obra que ha estado ensayándose durante años antes de encontrar su público


La de Bethsabé Caballero pertenece al segundo tipo. En 2026 la actriz venezolana sostiene tres producciones simultáneas en Nueva York —Victoria en The Rosary Through Which We Talk to the God We (Don’t) Share, bajo la dirección de Zoe Arana en el Paradise Factory Theater; el papel titular de Bethsita en un apartamento, dirigida por Adrianna Luna y Sarah Guei para NoMAA; y el doble rol de Alba y Mrs. Ham en la obra de superhéroes que Matthew B. Cullen prepara para Pregones/PRTT—, pero ninguno de esos tres títulos se explica sin las dos décadas que los anteceden.
El primer crédito de su currículum está fechado en 2007 y corresponde a El Principito, montada por el grupo Conexión Pelegrín en Caracas bajo la dirección de Adolfo Oliveira. Tenía la edad en que otros niños prueban natación o música; ella probó el teatro y no volvió a soltarlo. De ese periodo sobreviven cuatro montajes más que funcionan como una pequeña arqueología de su formación: El cuento de los cuentos en 2008, Yo soy perro yo soy gato en 2009, La sonrisa del señor Gepner en 2010 —el primer papel emocionalmente exigente que le confiaron, y el que la llevó a festivales como el Interclubes y el Crea Joven— y De dónde vienen los sueños en 2011. Permaneció en aquel grupo hasta 2017, trabajando sobre todo material original, que es la escuela más dura y la más generosa: obliga a construir un personaje sin la red de una tradición interpretativa previa.
La segunda etapa es norteamericana y empieza en California State University Long Beach, donde cursó su BFA en Actuación entre 2018 y 2022 con maestros como Hugh O’Gorman, Ezra LeBank, Andrea Caban, Anna Steers, Tyler Seiple y Jen Richardson. Su último año en CalRep concentra un dato que conviene subrayar porque anticipa todo lo demás: interpretó a Romeo en el montaje de Allegra Ritchie, a Anne O’Sullivan en Sonnets for an Old Century de Marya Mazor y a Rachel Cruz-Williams en Aftermath, dirigida por Bella Arnold. Tres papeles en una sola temporada, de registros incompatibles entre sí, incluido uno escrito para un hombre. La versatilidad no llegó después, como consecuencia del prestigio; estuvo desde el principio y fue lo que produjo el prestigio.
Columbia University la admitió en su programa de maestría en bellas artes específicamente en actuación, que recibe entre seis y dieciséis personas por generación. Allí, entre 2022 y 2025, trabajó con Ron Van Lieu, Peter Jay Fernandez, James Calleri, Scott Whitehurst, Sita Mani, Liz Hayes y Jenn Colella, y acumuló un repertorio que hoy resulta casi provocador por su amplitud: Lil’ Bit en How I Learned to Drive y Beth en A Lie of the Mind, ambas con Van Lieu; Chris en Dancing at Lughnasa con Miguel Bregante; B en Susana Riaño con Catalina Beltrán; Zoe en An Octoroon con Dean Irby; Decius Brutus y Pindarus en Julius Caesar con Katherine Wilkinson; Mary 1 y Elsa en Passion Play con Rory McGregor. En paralelo trabajó con la National Players Youth Academy en The Adventures of Pia Sandia y Speak, y con The Chain Theatre en The Last Five Star Bowl America, dirigida por Benjamin Viertel.
Fue entonces cuando llegó Carla, su exitosos personaje en Las vidas rotas, escrita por la dramaturga venezolana Yessi Hernández y dirigida por Pablo Andrade en Repertorio Español, es el punto donde su carrera cambia de escala. Fue su debut Off-Broadway y su primer papel protagónico en una institución central del teatro en español de Nueva York. Fue también, y esto importa tanto como lo anterior, la primera producción íntegramente en español que Bethsabé Caballero hacía desde que salió de Venezuela: seis años de entrenar un instrumento en inglés para volver a usarlo en su propia lengua, delante de una comunidad que la reconoció de inmediato. Carla es una inmigrante, y la obra convirtió cada función en una especie de asamblea: al terminar, el público se acercaba a contarle sus propias historias de migración. Familiares y maestros viajaron desde Venezuela y California para verla. Un debut suele medirse por lo que abre; este midió también lo que reparaba.
El reconocimiento institucional confirmó lo que el público ya había decidido. En 2025 recibió el premio Talía de Nueva York a Mejor Actriz Revelación y una nominación a los premios HOLA en la categoría de Outstanding Performance by a Lead Actor, la distinción más significativa del teatro latino neoyorquino, otorgada a lo largo de su historia a figuras como Lin-Manuel Miranda, Liza Colón-Zayas, John Leguizamo, Rosie Perez y Pedro Pascal. Ese mismo año firmó con M88 Talent Management & Representation —la agencia de Michael B. Jordan, Idris Elba y Donald Glover— tras un showcase en el que presentó dos escenas contrastantes, una cómica y una dramática, en inglés y en español.
Lo que vino después fue una expansión ordenada más que una carrera hacia adelante. En 2025 interpretó a Elena en Generation Zero con el Tectonic Theater Project, bajo la dirección de Diego Chiri y Amy Marie Seidel, y a Luz en Lia del Mar, dirigida por Benjamin Viertel en Premiere Stages. Además ha dirigido teatro en Los Ángeles y Nueva York, ha empezado a escribir con seriedad desde que terminó el posgrado y ha dado clases con The People’s Theatre y en programas extraescolares, devolviendo a otros niños exactamente lo que Adolfo Oliveira, su primer maestro, le dio a ella un miércoles de ensayo en Caracas. Está certificada en combate escénico desapercibido, maneja múltiples dialectos latinoamericanos además del inglés británico y el americano estándar, baila y trabaja también la habilidad del clown y por supuesto la improvisación.
A los veintisiete años, a punto de llegar a las dos décadas de oficio, Bethsabé Caballero ocupa un lugar poco frecuente: el de una actriz formada en las dos instituciones que suelen operar por separado en Estados Unidos —la academia de élite y el teatro comunitario en español— y capaz de moverse entre ambas sin traducirse a sí misma. Su repertorio inmediato sugiere que la próxima frontera es la cámara. Pero el dato que mejor la define no está en el papel: es la insistencia, sostenida durante casi 20 años, en tratar cada personaje como alguien a quien hay que entender antes que juzgar.

Erix Montoya Bustos
Cubre la información de Cartagena desde 2000. Se incorporó a Caracol Radio en 2011 y previamente trabajó...




