La confesión de Saúl Severini: el eslabón perdido de la parapolítica prende el ventilador en la JEP
La Unidad Investigativa de Caracol Radio revela la confesión inédita del excomandante paramilitar, quien tras pasar 16 años como prófugo cayó en Cali en 2025 y por primera vez declaró sus crímenes ante la justicia. Entre otros, señala a José Félix Lafaurie y a los generales Fredy Padilla de León y Mario Montoya

La confesión de Saúl Severini: el eslabón perdido de la parapolítica prende el ventilador en la JEP
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Su rostro es desconocido para la opinión pública. Incluso lo dieron por muerto. Tras 16 años de huirle a la justicia, que lo condenó a 33 años de cárcel por el asesinato de la docente Ledys Marina Pertuz, el exjefe paramilitar Saúl Severini Caballero entregó a la Justicia Especial para la Paz (JEP) su declaración sobre su papel en la llegada y el desarrollo de las autodefensas en el sur del Magdalena.
La Unidad Investigativa de Caracol Radio tuvo acceso a las dos audiencias que ha tenido, como solicitante de sometimiento a la justicia transicional, en las que aceptó su responsabilidad en 229 homicidios y relacionó con las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) a políticos, ganaderos, militares y policías.
Severini indicó que la persona que dio inicio al auge paramilitar en su departamento fue el señalado exparamilitar Jorge Gnecco, asesinado en 2001 sin haber sido juzgado. Severini le dijo a la JEP que tocó la puerta de Gnecco en 1998, con el fin de llevar a los paramilitares al sur del Magdalena, para que combatieran a las Farc y al Eln, tal como estaba ocurriendo en ese momento en el Cesar. Gnecco se habría comprometido a tenderle un puente con Carlos Castaño, con quien finalmente se reunió.
Así se habría sellado el pacto que se cobró cientos de vidas en Pivijay, Salamina y otros municipios del Magdalena, y que originó varias de las más horrorosas masacres durante el conflicto armado.
De acuerdo con el relato de Severini, el siguiente paso fue conseguir 100 millones de pesos entre varios ganaderos. El dinero, recogido por él, habría sido entregado a Jorge Gnecco Cerchar en su casa de El Rodadero, en Santa Marta, por orden de Castaño, para financiar la llegada del sangriento Frente Pivijay.
El declarante fue enfático en los nombres de los cinco ganaderos que habrían entregado 20 millones cada uno para echar a andar el nuevo escuadrón de la muerte: “Me reuní con los ganaderos de más confianza, con el doctor Silvio Severini, primo de mi papá; con el señor Hernando Asmar, con el señor Tarquinio Llanos y después, en la ciudad de Barranquilla, con el señor José Gamarra Sierra y su hermano Andrés Gamarra”, manifestó.
Al poco tiempo comenzaron los asesinatos selectivos. Con el apoyo de ganaderos y otros financiadores, narró Severini, las AUC controlaron rápidamente a los comandantes de las estaciones de Policía de Pivijay, Salamina y Cerro de San Antonio. Incluso habrían llegado hasta la cabeza de esta fuerza en Magdalena, el general (r) Óscar Gamboa Argüello, comandante de la Policía Departamental, a quien se refirió como una ficha de los ‘paras’.
El Ejército no se habría quedado atrás. Tanto el Batallón Córdoba como el Gaula del Magdalena, con sede en Santa Marta, pasando por la Segunda Brigada en Barranquilla, bajo el mando del general Fredy Padilla de León, trabajaban con las autodefensas, aseguró Severini. Según él, militares y ‘paras’ operaban conjuntamente. Las pobres capacidades del Ejército habrían favorecido esa alianza, en la que unos mataban y los otros guardaban silencio.
Paralelamente, la vida política era controlada por Neyla Alfredina Soto, alias Sonia o La Sombrerona, señalada lugarteniente de las AUC en el Magdalena, quien murió en 2016 sin ser condenada, a pesar del rosario de testimonios en su contra.
Severini señala que esta mujer, de baja estatura, recibía las hojas de vida de todo aquel que quería aspirar a un cargo público, especialmente en el sector de la salud. Incluso habría manejado la contratación para que los recursos públicos quedaran en manos de los paramilitares y fortalecieran la guerra, y articulado varios acuerdos entre la clase gobernante del Magdalena y los ‘paras’.
El ganadero le entregó a la JEP los detalles de su participación y conocimiento de distintas reuniones enmarcadas en los pactos de Chivolo (2000) y Pivijay (2001), con los que la clase política de Magdalena y el paramilitarismo se fundieron en uno solo. Y contó que participó de uno de estos encuentros, a finales del año 2000, en zona rural de Pivijay (Magdalena): “Yo estuve en esa reunión, una de tantas que hubo en el corregimiento de Las Piedras. Personas de esos (cinco) municipios entregaban las hojas de vida. A esa reunión me invitó alias Sonia, como dirigente ganadero, y otros ganaderos estuvieron ahí. Estuvieron los señores Ramón Prieto Jure, Jairo Pabón y Jaime Pertuz. Presencié cómo los aspirantes entregaron las hojas de vida para el periodo 2001 a 2003 en alcaldías y concejos”.
En el caso particular de Pivijay, Severini sindicó al alcalde, Jorge Iván Salah, de ser firmante del pacto ilegal que se cerró en ese municipio y estrecho colaborador de las autodefensas para la comisión de homicidios.
(Encuentre al final de este artículo la lista completa de los políticos señalados por Saúl Severini)
“Este señor, aparte de haberse hecho concejal porque llevó su hoja de vida, le suministró a alias Esteban (Tomás Gregorio Freyle, primer comandante militar del Frente Pivijay) mucha información de la zona de Piñuela y Paraíso, de donde es oriundo. Él fue concejal en el periodo 2001 a 2003, repitió en el periodo 2004 a 2007, y actualmente es el alcalde de Pivijay”, denunció el confeso exparamilitar. También señaló a los exdiputados Fernando Mozo y Franklin Lozano, condenado y padre del representante a la Cámara Franklin Lozano de la Ossa.
Sobre el Pacto de Chivolo, Severini afirmó que fue enterado por el exalcalde Ramón Prieto Jure de la participación de diversos políticos departamentales y locales, bajo el liderazgo de Neyla Alfredina Soto, ‘La Sombrerona’, el exgobernador José Domingo Dávila y José Alfredo ‘El Cura’ Ordóñez, actual concejal de Santa Marta.
La Unidad Investigativa de Caracol Radio contactó al concejal Ordóñez quien negó las acusaciones y afirmó que la Fiscalía precluyó la investigación a su favor.
La supuesta orden para elegir a Lafaurie como cabeza de Fedegán
Saúl Severini no se limitó a entregar decenas de nombres de políticos locales. El exjefe paramilitar también acusó a José Félix Lafaurie, presidente ejecutivo de Fedegán, de haber tenido relación directa con el paramilitarismo y de haber llegado a la cabeza del gremio por orden de Salvatore Mancuso, entonces jefe del Estado Mayor de las AUC (2004).
“Me consta que el señor Lafaurie fue elegido por las AUC. Yo estuve en el Centro de Convenciones de Cartagena para su elección. La orden para los ganaderos era que se tenía que votar por él para la presidencia de Fedegán. La orden la dio el señor Salvatore Mancuso y a mí me llegó la razón por medio del ganadero Hernando Asmar”, aseveró.
Según él, el exrepresentante José Gamarra Sierra lo ayudó a conseguir los votos que Lafaurie necesitaba en Magdalena. El ganadero Celso ‘Chechito’ Castro Gnecco se habría encargado de hacer lo mismo en Cesar. La relación con Lafaurie habría sido tan cercana que su hermano Carlos Severini y él le habrían servido de choferes al líder ganadero para que pudiera reunirse con Salvatore Mancuso en Ralito, en compañía de Neyla Soto, ‘La Sombrerona’.
“En el mes de agosto del año 2004, después de ser elegido (Lafaurie), me llega nuevamente una razón del señor Hernando Asmar, para solicitarme que trasladara al señor José Félix Lafaurie a la población de Ralito. No recuerdo cómo lo contacté, creo que fue por medio de mi hermano, que era su amigo. Personalmente lo llevé a Ralito en el mes de diciembre del mismo año. Nos encontramos en el hotel Sinú, ubicado en la ciudad de Montería, donde debe reposar el registro (...). De allí salimos para Ralito, llegamos a la casa de alias Sonia, y allí se reunió con el señor Salvatore Mancuso”, relató Severini el primero de los supuestos encuentros.
Su testimonio se suma a la lista de declaraciones que relacionan el nombre de José Félix Lafaurie con las autodefensas. El propio Salvatore Mancuso lo ha vinculado a ellas, y Benito Osorio, exgerente del Fondo Ganadero de Córdoba, lo señaló de pedirle a Mancuso que apoyara la elección de Mario Iguarán como fiscal general de la Nación.
Desde Estados Unidos, Lafaurie respondió que no conoce a Saúl Severini, sino a su hermano Carlos. “Ese es un criminal que busca negociar sobre mentiras”, dijo sobre el hombre que pretende un cupo en la JEP.
La mala hora de los generales Freddy Padilla de León y Mario Montoya
Saúl Severini señaló al general (r) Freddy Padilla de León, excomandante de las Fuerzas Militares, de haber entregado a los paramilitares al guía que usaron para cometer tres de las masacres más escabrosas del Magdalena, durante los años más sangrientos del conflicto armado: las de Nueva Venecia, Santa Rita y Trojas de Cataca, que dejaron decenas de muertos.
El ganadero afirmó ser testigo directo de los hechos que atribuye a Padilla de León. Dijo que en 1999 fue citado por el entonces comandante de la Segunda Brigada del Ejército a la Sala de Guerra de esta guarnición, en Barranquilla. Allí habría visto por primera vez al capturado alias Yovanny, integrante de la guerrilla del Eln, quien supuestamente tenía la misión de matarlo.
El testigo cuenta que el alto oficial le dio dos opciones: denunciar y que ‘Yovanny’ fuera judicializado o dejárselo al Ejército con el fin de usarlo para adelantar “operaciones”. Severini se inclinó por la segunda opción. No obstante, eventualmente encontró a ‘Yovanny’ trabajando con los paramilitares. De acuerdo con su relato, el comandante del frente Pivijay, Tomás Freyle Guillén, ‘Esteban’, le dijo que el hombre estaba allí por orden del general Padilla, y que sabía de la reunión entre este y Severini, en la Segunda Brigada.
“Voy a mencionar lo de la masacre de Nueva Venecia. Aquí tiene un papel importante el general Freddy Padilla de León, comandante de la Segunda Brigada en Barranquilla, que es la persona que le entrega al Frente Pivijay a alias ‘Yovanny’, que era un integrante del Eln. Con él como guía, el Frente Pivijay comete la Masacre de Nueva Venecia”, subrayó.
Severini también señaló al excomandante de las Fuerzas Militares de haber sugerido que los ganaderos respaldaran a los paramilitares. Y habló de un encuentro al que habrían asistido Rafael Ortiz, ‘El Gordo’ Restrepo, Luis Vicente Caballero y su primo José Vicente Llinás. “La sugerencia que Padilla les hizo a esos ganaderos fue que apoyaran a las autodefensas”, narró.
Esta no es la primera vez que se habla de una supuesta relación del general (r) Freddy Padilla con los paramilitares. El excomandante de las Fuerzas Militares también fue sindicado ante la JEP por el barón político barranquillero Álvaro Ashton. El exsenador acusó al alto oficial de favorecer la expansión paramilitar en el Atlántico dentro de una logia masónica liderada por David Name Terán.
Severini también implica al general (r) Mario Montoya, que enfrenta acusaciones por miles de ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos). El exjefe paramilitar afirmó que en 2004 el entonces comandante de la Primera División del Ejército, con sede en Santa Marta, lo citó por intermedio del confeso parapolítico Trino Luna para ofrecerle una falsa desmovilización, al estilo de la que se hizo en 2006 con el inexistente frente Cacica La Gaitana.
“Él me cita para proponerme que me desmovilizara con mi gente. Yo le digo: ‘General, parece que usted está equivocado o tiene alguna mala información, porque yo no manejo gente’. Entonces me dice: ‘Bueno, hagamos algo: si es cierto lo que me dices, consíguete unos muchachos y organizamos una desmovilización”, narró ante la JEP.
Para el exparamilitar, Mario Montoya era un colaborador nato de las autodefensas. De acuerdo con su versión, al preguntarle a ‘La Sombrerona’ por la reunión a la que Montoya lo habría citado, ella le dijo que fuera sin prevenciones porque el general “es 100 por ciento de nosotros”. La misma Soto y otros paramilitares le habrían manifestado que el las AUC le pagaban al alto oficial un suelo de entre 40 y 50 millones de pesos mensuales.
La Unidad Investigativa de Caracol Radio contactó al general (r) Montoya, quien negó haber ofrecido alguna desmovilización fraudulenta a Severini porque indicó que ni siquiera lo conoce. Además señaló que no tuvo relación con la desmovilización de José María ‘Chepe’ Barrera, porque fue un procedimiento dirigido por el comisionado Luis Carlos Restrepo.
“Fui a los puestos de votación para que le sacaran votos a Serpa y se los pusieran a Uribe”: Saúl Severini
Saúl Severini también habló ante la JEP sobre supuestos fraudes en las elecciones presidenciales y locales. Según él, el exrepresentante José Gamarra Sierra y Rafael García, entonces director informático del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) lograron clonar el software de la Registraduría, de la mano con las registradoras de Magdalena y Pivijay, para alterar los resultados.
Sobre el terreno, los paramilitares atemorizaban a los pobladores, presuntamente bajo la coordinación de Neyla Soto, ‘La Sombrerona’. En las elecciones presidenciales de 2002, Severini habría intervenido en favor de la candidatura de Álvaro Uribe.
“En el casco urbano de Pivijay, mi ayuda fue ir a los puestos de votación y conversar con los jurados para que sacaran los votos del doctor Horacio Serpa y se los colocaran al doctor Uribe”, aseguró.
El control político y electoral de las autodefensas descrito por Severini era tan grande que los ‘paras’ y sus representantes se sentaban a marcar los tarjetones por los candidatos que respaldaban. Incluso asegura haberle dado cuatro millones de pesos a la Policía para que no interfiriera con la elección de un familiar suyo. “Cuando fueron las elecciones (2003) y el aspirante era mi primo hermano (Carlos Alfonso Severini Llinás), personalmente le entregué al mayor Jhon Alejandro Murillo para que no molestaran los puestos de votación”.
El exjefe de las Autodefensas se quebró durante la diligencia y pidió perdón a las víctimas mientras lloraba y se agarraba la cabeza. Su futuro está en manos de la JEP, que debe resolver si acepta su sometimiento o no. Espere la segunda parte de esta investigación.




