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Así cuida la comunidad Nasa Kiwe el bosque y la fauna de Lusitania, en el Caquetá

A través del monitoreo con cámaras trampa, para documentar la presencia de especies amenazadas, y el conocimiento ancestral, la población del resguardo indígena Puerto Rico restaura el bosque desde hace de 50 años.

La protección del territorio hace parte de las decisiones colectivas del resguardo Nasa Kiwe, donde la conservación del bosque se articula con las actividades productivas, la educación y la vida comunitaria. | Foto: Comunidad Nasa Kiwe

La protección del territorio hace parte de las decisiones colectivas del resguardo Nasa Kiwe, donde la conservación del bosque se articula con las actividades productivas, la educación y la vida comunitaria. | Foto: Comunidad Nasa Kiwe

La protección del territorio hace parte de las decisiones colectivas del resguardo Nasa Kiwe, donde la conservación del bosque se articula con las actividades productivas, la educación y la vida comunitaria. | Foto: Comunidad Nasa Kiwe

En medio de los bosques del corregimiento de Lusitania, en Puerto Rico (Caquetá), el silencio de la noche rara vez significa ausencia de vida. Cuando cae la oscuridad, unas pequeñas cámaras instaladas por la población; entre senderos, árboles y quebradas, registran el movimiento de los habitantes más esquivos del territorio. Esos dispositivos llegan a captar más de 80 actividades en una sola noche, evidencia de la intensa actividad de la fauna silvestre.

Las imágenes obtenidas por el equipo comunitario de monitoreo muestran aves, mamíferos y otras especies que recorren la naturaleza. «Es un ciclo que tenemos con la biodiversidad, después de destruir el ecosistema, ahora estamos apostándole a conservarlo, buscamos que en las comunidades campesinas que nos rodean también exista ese sentido de pertenencia y de conservación de la fauna silvestre», explica José García Siscué, gobernador del Resguardo Indígena Nasa Kiwe.

Hoy, en ese paisaje, el bosque volvió a convertirse en un refugió para todo los seres vivos que lo habitan gracias a este proceso de restauración liderado por la comunidad indígena Nasa Kiwe.

Un territorio valioso por cuidar

El resguardo Nasa Kiwe impulsa un modelo de conservación que integra restauración ecológica, monitoreo de fauna y educación ambiental para las nuevas generaciones. | Foto: Jose Garcia Siscué

El resguardo Nasa Kiwe impulsa un modelo de conservación que integra restauración ecológica, monitoreo de fauna y educación ambiental para las nuevas generaciones. | Foto: Jose Garcia Siscué

El resguardo Nasa Kiwe impulsa un modelo de conservación que integra restauración ecológica, monitoreo de fauna y educación ambiental para las nuevas generaciones. | Foto: Jose Garcia Siscué

El resguardo Nasa Kiwe impulsa un modelo de conservación que integra restauración ecológica, monitoreo de fauna y educación ambiental para las nuevas generaciones. | Foto: Jose Garcia Siscué

Las primeras 7 familias indígenas llegaron a esta zona del Caquetá durante la década de 1970 y, tras varias décadas de gestión, el resguardo fue constituido oficialmente en 2003 como territorio colectivo. Actualmente está conformado por 46 familias que, además de desarrollar actividades productivas, han convertido la conservación de la fauna y del bosque en uno de los pilares de su proyecto comunitario.

Esa apuesta cobra mayor relevancia porque ocurre en uno de los territorios de más biodiversos del país. Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible la Amazonia colombiana alberga cerca del 10 % de la biodiversidad conocida del planeta. Sin embargo, al mismo tiempo, es de los territorios más presionados por la deforestación.

A pesar de que Colombia redujo la tala indiscriminada un 25 % durante el último año; pasando de 48.500 a 36.280 hectáreas afectadas entre enero y septiembre, respecto de 2024, y de que Caquetá también registró una reducción de 4.734, advierten el Ministerio de Ambiente y el IDEAM que la Amazonia continúa concentrando la mayor parte de la pérdida de bosque natural del país, lo que convierte las iniciativas locales de conservación en un componente clave para la supervivencia de estos ecosistemas.

En el resguardo, esa protección comienza con una decisión cotidiana: impedir la caza de animales silvestres, evitar su captura para el tráfico ilegal y permitir que los bosques recuperen su estructura natural. Las cámaras trampa, los recorridos de observación y el seguimiento permanente complementan ese trabajo que combina conocimiento ancestral con herramientas tecnológicas para entender qué especies habitan el territorio y cómo evoluciona el territorio.

El regreso de animales en peligro de extinción

Entre los ejemplares que el equipo de monitoreo ha logrado identificar se encuentran guacamayas, tucanes, colibríes, armadillos, yulos y grandes mamíferos que recorren los relictos de bosque del resguardo. También existen reportes de tigrillos y del tití del Caquetá (Plecturocebus caquetensis), un primate endémico de esta región cuya presencia tiene un valor especial por el delicado estado de conservación de la especie.

Al respecto, el tití del Caquetá fue descubierto por la ciencia en 2010 y únicamente habita en una pequeña porción del piedemonte amazónico entre ese departamento y el Cauca. Además, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica como una especie en peligro crítico debido a la pérdida y fragmentación de su hábitat. Asimismo, investigaciones del Instituto Humboldt advierten que su área de ocupación apenas alcanza los 196 kilómetros cuadrados, mientras que la expansión de la frontera agropecuaria continúa reduciendo el bosque del que depende para sobrevivir.

El resguardo apenas comienza a consolidar su sistema de monitoreo, pero cada registro constituye un aporte para comprender la fauna que aún conserva este sector del Caquetá. Se han reportado tigrillos y grandes aves rapaces, dejándonos ver la biodiversidad que queremos seguir conservando”, afirma Garcia Ciscué.

Las camaras trampa permiten monitorear especies de hábitos esquivos o nocturnos sin intervenir en su comportamiento, por lo que son una de las herramientas más utilizadas para estudiar la fauna silvestre. | Foto: Jose Garcia Ciscué

Las camaras trampa permiten monitorear especies de hábitos esquivos o nocturnos sin intervenir en su comportamiento, por lo que son una de las herramientas más utilizadas para estudiar la fauna silvestre. | Foto: Jose Garcia Ciscué

Las camaras trampa permiten monitorear especies de hábitos esquivos o nocturnos sin intervenir en su comportamiento, por lo que son una de las herramientas más utilizadas para estudiar la fauna silvestre. | Foto: Jose Garcia Ciscué

Las camaras trampa permiten monitorear especies de hábitos esquivos o nocturnos sin intervenir en su comportamiento, por lo que son una de las herramientas más utilizadas para estudiar la fauna silvestre. | Foto: Jose Garcia Ciscué

Este seguimiento se realiza mediante cámaras trampa equipadas con sensores de movimiento y visión infrarroja instaladas en corredores naturales previamente identificados por la comunidad; permanecen activas durante el día y la noche, capturando fotografías y videos cada vez que un animal cruza frente al lente. Cada dispositivo registra la ubicación, la fecha y la hora de los eventos, información que permite conocer los patrones de actividad de la fauna sin alterar su comportamiento natural.

Más allá del inventario de especies, el propósito de la iniciativa es comprender cómo responde el bosque a los procesos de restauración emprendidos por la comunidad. Muchas de las áreas que hoy conservan cobertura vegetal fueron potreros hace apenas dos décadas, dice el gobernador.

Con el paso de los años, la regeneración natural y la protección del territorio han permitido que el paisaje vuelva a ofrecer alimento, refugio y sitios de reproducción para numerosas especies.

Los animales también siembran el bosque

Un estudio publicado en la revista científica Caldasia registró 56 individuos de tití del Caquetá (Plecturocebus caquetensis) distribuidos en 22 grupos durante un muestreo realizado en bosques del piedemonte amazónico. Cada nuevo registro de la especie aporta información clave para orientar su conservación | Foto: GettyImages.

Un estudio publicado en la revista científica Caldasia registró 56 individuos de tití del Caquetá (Plecturocebus caquetensis) distribuidos en 22 grupos durante un muestreo realizado en bosques del piedemonte amazónico. Cada nuevo registro de la especie aporta información clave para orientar su conservación | Foto: GettyImages. / Kevin Schafer

Un estudio publicado en la revista científica Caldasia registró 56 individuos de tití del Caquetá (Plecturocebus caquetensis) distribuidos en 22 grupos durante un muestreo realizado en bosques del piedemonte amazónico. Cada nuevo registro de la especie aporta información clave para orientar su conservación | Foto: GettyImages.

Un estudio publicado en la revista científica Caldasia registró 56 individuos de tití del Caquetá (Plecturocebus caquetensis) distribuidos en 22 grupos durante un muestreo realizado en bosques del piedemonte amazónico. Cada nuevo registro de la especie aporta información clave para orientar su conservación | Foto: GettyImages. / Kevin Schafer

La recuperación del bosque también favorece procesos ecológicos esenciales. Aves como las guacamayas y los tucanes, junto con primates y otros mamíferos, consumen frutos y dispersan semillas a través de sus desplazamientos y de su proceso digestivo. Esa función convierte a la fauna silvestre en un aliado natural de la regeneración de los bosques tropicales, un proceso ampliamente documentado por la literatura científica.

Con esa visión, la comunidad actualmente desarrolla un proceso de regeneración que contempla la siembra de 25 especies nativas, entre árboles maderables, frutales y palmas, en alianza con el Ministerio de Ambiente. La estrategia busca aumentar la oferta de alimento para los animales, fortalecer la conectividad ecológica y acelerar la recuperación del bosque amazónico.

Aún así, la conservación no termina en el monitoreo. Durante las asambleas comunitarias de los últimos años se reiteró la prohibición de la caza de fauna silvestre, de su captura para el tráfico ilegal y de prácticas que deterioren los ecosistemas. El mensaje también se extiende a las comunidades vecinas como una forma de proteger un patrimonio natural que trasciende los límites del resguardo.

"No todos entienden que esos animales cumplen una función dentro del bosque. Muchos los ven como una amenaza. Nosotros esperamos seguir conservándolos y demostrar que es posible convivir con ellos”, sostiene García.

Esa visión también ha comenzado a trasladarse a las nuevas generaciones. En el centro educativo del resguardo, la conservación hace parte del proceso de formación desde los primeros años de estudio. Niños y jóvenes participan en recorridos por el bosque, aprenden a identificar especies, recolectan semillas y conocen la función ecológica que cumplen los animales dentro del territorio.

Un sendero para conservar la vida

El sendero ecoturístico recorre bosques, nacimientos de agua y sitios de importancia cultural, con el objetivo de conservar la biodiversidad. | Foto: Jose Garcia Ciscué.

El sendero ecoturístico recorre bosques, nacimientos de agua y sitios de importancia cultural, con el objetivo de conservar la biodiversidad. | Foto: Jose Garcia Ciscué.

El sendero ecoturístico recorre bosques, nacimientos de agua y sitios de importancia cultural, con el objetivo de conservar la biodiversidad. | Foto: Jose Garcia Ciscué.

El sendero ecoturístico recorre bosques, nacimientos de agua y sitios de importancia cultural, con el objetivo de conservar la biodiversidad. | Foto: Jose Garcia Ciscué.

La comunidad avanza además en la construcción de un sendero ecológico que conectará bosques, nacimientos de agua y sitios de importancia cultural. La iniciativa busca fortalecer el aprendizaje ambiental y, al mismo tiempo, abrir una alternativa de turismo de naturaleza basada en el respeto por el territorio y la observación de fauna, sin alterar el comportamiento de las especies.

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El proyecto también dialoga con el modelo productivo que desarrolla el resguardo. En las plantaciones de caucho, certificadas bajo estándares internacionales de manejo forestal sostenible, los árboles conviven con especies frutales, palmas y vegetación nativa que sirven de alimento y refugio para aves y mamíferos. Esa combinación ha permitido demostrar que la producción y la conservación pueden desarrollarse de manera complementaria, sin sustituir el bosque por sistemas homogéneos.

Las huellas encontradas durante los recorridos, los sonidos del bosque y las imágenes captadas por las cámaras trampa permiten reconocer especies que muchas veces pasan inadvertidas para el ojo humano. Algunas solo aparecen durante la noche; otras anuncian su presencia a través del canto o de rastros que los monitores comunitarios han aprendido a interpretar.

“Aún sigue vivo el temor de que los animales tengan que irse porque ya no encuentran bosque ni alimento. Si ellos desaparecen, se ve afectada la regeneración del ecosistema. Por eso asumimos el compromiso de convertir la conservación de la fauna silvestre como una forma de habitar y proteger la Amazonia colombiana", concluye el gobernador indígena. ​

Siga leyendo: Este colectivo colombiano lidera la participación juvenil en la gobernanza ambiental mundial

Cathrine Erazo

Cathrine Erazo

Periodista de Prisa Inspira. Llegó a esta profesión con el deseo de contar historias que sanan, incomodan...

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