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Penca de Sábila: 38 años sembrando soberanía alimentaria, agroecología y autonomía en Antioquia

“Tuvimos que ponernos en la raya para que respetaran nuestras huertas.” Así empezó, hace 30 años, la soberanía silenciosa de un grupo de campesinos antioqueños que apuestan por la autonomía y la producción orgánica de cultivos.

La Asociación Campesina Agroecológica de la Región de Boquerón -ACAB- (corregimiento de San Cristóbal, Medellín) está integrada por 21 familias y hace parte del circuito solidario Col y Flor. | Foto: Corporación Penca de Sábila

La Asociación Campesina Agroecológica de la Región de Boquerón -ACAB- (corregimiento de San Cristóbal, Medellín) está integrada por 21 familias y hace parte del circuito solidario Col y Flor. | Foto: Corporación Penca de Sábila

La Asociación Campesina Agroecológica de la Región de Boquerón -ACAB- (corregimiento de San Cristóbal, Medellín) está integrada por 21 familias y hace parte del circuito solidario Col y Flor. | Foto: Corporación Penca de Sábila

En la vereda El Llano, en el corregimiento de San Cristóbal, María Nelly Vásquez Monsalve recuerda el momento en el que decidió no dejarse intimidar. Llegaba a su casa, a su huerta, y la encontraba rociada con agrotóxicos, pero ella, en ese momento, no lo sabía: esa era su cotidianidad.

Entonces, Javier Márquez, Héctor Lugo, Doris Sánchez, Amalia Cuervo, John Jairo Correa, entre otros ciudadanos antioqueños, le mostraron que había otra forma de hacer las cosas, que esos materiales que usaba habitualmente le hacían daño y que la solución a eso estaba en su propia tierra, así llegó la alternativa natural: los insumos orgánicos.

Esto fue tan innovador que a Nelly sus propios hermanos, al principio, no le creían, no entendían por qué insistía en una forma de cultivar distinta a la que conocían. “Tuve que ponerme en la raya, como dicen, para que me respetaran lo mío”, cuenta.

Esa pequeña batalla cotidiana, replicadas en cientos de fincas de la zona rural de Medellín y el norte del Valle de Aburrá es el corazón de lo que hoy es la Corporación Ecologista y Feminista Penca de Sábila: una organización que ha logrado articular agroecología, comercio justo y derechos de las mujeres campesinas en un mismo proyecto.

Con ese enfoque, la corporación comenzó a trabajar en 1988, cuando un grupo de colectivos ambientalistas de finales de los años ochenta, el mismo que busco a Nelly, se preguntó qué estaban causando los agroquímicos en la salud de los productores de la región.

“Era una manera de entrar a hablar sobre otros tipos de producción y de agriculturas”, explica Lina Mondragón Pérez, comunicadora social y directora general de la corporación desde el año pasado, con 16 años de trayectoria dentro de la organización.

De esa pregunta inicial nació la apuesta por la producción agroecológica: cultivar sin insumos sintéticos, entendiendo cada finca como un sistema capaz de generar sus propios abonos y de protegerse de las plagas con sus propias plantas.

Este año, la corporación (que originalmente se llamó Corporación Ecológica y Cultural) cumple 38 años de existencia formal. Su sede está en el barrio Prado Centro de Medellín, pero su territorio de incidencia se extiende por buena parte de la Antioquia rural, especialmente en los corregimientos de la capital paisa, que es en un 70% campo, y en los últimos diez años también en el norte del Valle de Aburrá.

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El circuito que cambió las reglas del mercado

La tienda Col y Flor sirve de vitrina a 90 productoras/es y 44 Mujeres Campesinas agroecológicas de Medellín, Barbosa, Ebéjico y Oriente antioqueño. | Foto: Col y Flor, tienda de comercio justo

La tienda Col y Flor sirve de vitrina a 90 productoras/es y 44 Mujeres Campesinas agroecológicas de Medellín, Barbosa, Ebéjico y Oriente antioqueño. | Foto: Col y Flor, tienda de comercio justo

La tienda Col y Flor sirve de vitrina a 90 productoras/es y 44 Mujeres Campesinas agroecológicas de Medellín, Barbosa, Ebéjico y Oriente antioqueño. | Foto: Col y Flor, tienda de comercio justo

La tienda Col y Flor sirve de vitrina a 90 productoras/es y 44 Mujeres Campesinas agroecológicas de Medellín, Barbosa, Ebéjico y Oriente antioqueño. | Foto: Col y Flor, tienda de comercio justo

Una de las apuestas más consolidadas de la corporación es el circuito económico solidario Colyflor, que conecta la producción agroecológica de varias asociaciones campesinas con una tienda en Medellín, cerca de la estación Estadio.

El modelo nació hace 20 años de manera casera, cuando las familias productoras llevaban sus cosechas directamente a la sala de la corporación para venderlas entre conocidos. Hoy es un sistema estructurado: dos veces al año, las asociaciones se reúnen con la corporación para planear qué se siembra y cuándo, garantizando que la tienda mantenga diversidad de productos durante todo el año.

El corazón de este circuito es un acuerdo que rompe con la lógica tradicional del mercado, pues los precios se fijan colectivamente y se mantienen estables durante seis meses, sin importar las fluctuaciones de la plaza mayorista. “Nosotros mismos cuadramos los precios”, relata Vásquez, vicepresidenta de la Asociación Campesina Agroecológica del Boquerón. “El kilo de zanahoria allá no lo compran a 2.700, por ejemplo, pero porque es una producción agroecológica, es un precio justo para nosotros que producimos.”

Aun así, el sistema no siempre favorece a los productores: cuando los precios del mercado suben, en Colyflor se mantiene el acuerdo fijo. Pero la estabilidad, según Mondragón, es justamente el valor que sostiene la apuesta por el comercio justo entre las asociaciones, una estrategia que ya beneficia a cerca de 60 familias.

En ese sentido, actualmente participan en este esquema la Asociación Campesina Agroecológica del Boquerón, la asociación de Palmitas conocida como Campo Vivo, y la Red de Mujeres Productoras de Ebéjico, dedicada a la producción pecuaria de pollos y gallinas. Por su parte, la tienda, además, complementa su oferta con otros proveedores validados a través de visitas directas a las fincas, bajo el mismo criterio de comercio justo y respeto ambiental.

→Más noticias económicas de Medellín: Medellín le apunta a fortalecer emprendimientos agropecuarios de jóvenes y mujeres rurales

De la huerta de viudas al ingreso propio

Para muchas familias campesinas, el primer paso hacia la agroecología fue, en palabras de Lina, “un acto de mucha valentía”. Ir en contravía de las prácticas convencionales y de los paquetes de insumos que llegaban con las autoridades significó enfrentar el escepticismo del entorno. “Eso no le va a crecer, eso le va a quedar chiquito”, recuerda la directora que les decían los vecinos a las primeras familias que se atrevieron.

“Eso es huerta de viudas.” Vásquez vivió esa misma resistencia en carne propia. Durante años, sus hermanos no creyeron en su huerta, hasta que las primeras cosechas de remolacha y brócoli les demostraron lo contrario. “Con todo mi proceso, ya hay hermanos que hacen parte de lo que nosotros hacemos aquí. Lavan, hacen de comer y organizan la casa”, cuenta con cierto orgullo, algo que antes de su proceso con la corporación era impensable en su hogar.

Fue precisamente ese empoderamiento el que impulsó la creación de la Escuela de Agroecología de la corporación, activa desde 2007 y con aval de la Secretaría de Educación. Esta ha sido clave en el proceso de formación y multiplicación. Vásquez fue parte de una de las primeras cohortes en graduarse. La técnica laboral en promoción y producción agroecológica le permitió, según relata, dejar de depender exclusivamente de las labores domésticas y convertirse en promotora, encargada de visitar otras fincas para acompañar la elaboración de abonos orgánicos y verificar que la producción se mantenga libre de químicos.

“Si yo no hubiera entrado a estos procesos con la Corporación Penca de Sábila, yo no sería la mujer que soy, más bien estaría a merced de lo que me digan sin cuestionar… ahora veo que eso no es vida”, afirma.

Cuando la agroecología se cruza con el feminismo

Participación de mujeres de la subregión Norte en la Escuela de Agroecología del Instituto Educativo Penca de Sábila. | Foto: Corporación Penca de Sábila

Participación de mujeres de la subregión Norte en la Escuela de Agroecología del Instituto Educativo Penca de Sábila. | Foto: Corporación Penca de Sábila

Participación de mujeres de la subregión Norte en la Escuela de Agroecología del Instituto Educativo Penca de Sábila. | Foto: Corporación Penca de Sábila

Participación de mujeres de la subregión Norte en la Escuela de Agroecología del Instituto Educativo Penca de Sábila. | Foto: Corporación Penca de Sábila

El componente feminista de la corporación tiene raíces tan antiguas como su fundación, ya que varias de las mujeres que crearon la organización ya venían del movimiento feminista de los años setenta y ochenta. Pero su consolidación interna, con jornadas permanentes de formación en género y derechos humanos de las mujeres, se intensificó hace entre 15 y 20 años.

Hoy Penca de Sábila acompaña a redes como la Red Intermunicipal de Mujeres Campesinas del norte del Valle de Aburrá y la Red Intercorregimental de Mujeres de Medellín, trabajando temas que van desde el derecho a una vida libre de violencias, hasta la participación política de las mujeres en juntas de acción comunal y espacios institucionales.

Para Mondragón, la transformación más significativa no ocurre alrededor de grandes eventos, como ferias o foros, para ella, el cambio más bien se da en el día a día, en el saludo matutino, en la forma de cenar, en quién hace esa cena, en la manera en que las mujeres empiezan a renegociar las dinámicas domésticas y a construir autonomía económica propia.

“Esa revolución pasa con la transformación de subjetividades que no se logran de un momento a otro”, explica. El 60% de la producción que llega a la tienda Colyflor, agrega, proviene hoy de mujeres campesinas.

De ese modo, Vásquez encontró en este proceso un espacio para replantear su propia vida. Madre soltera de dos hijas, hoy ambas ingenieras, recuerda que su acercamiento al feminismo comenzó en un grupo llamado Siemprevivas, en la vereda San José de la Montaña, donde alrededor de 60 mujeres se reunieron por primera vez para hablar de violencias y de derechos.

“Empecé a salir a la Marcha de la No Violencia contra las Mujeres, al Día Internacional de los Derechos de las Mujeres”, cuenta. Hoy, a parte de liderar en terreno, también es promotora de talleres de autocuidado para mujeres en situación de violencia, en los que comparte rutas de atención institucional como la línea 123.

Sin embargo, el camino no estuvo libre de retos, enfrentó críticas e incluso insultos de hombres de la comunidad que culpaban a estos espacios de la ruptura de matrimonios. “Tuvimos problemas y bastantes”, recuerda, “pero ya pues reconocen lo que yo hago.”

Una figura de ordenamiento territorial que sigue vigente

Uno de los logros más tangibles de la corporación, según Mondragón, es de carácter jurídico. En el marco del Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín de 2014, la corporación articuló con organizaciones campesinas la creación del Distrito Rural Campesino, una figura que busca garantizar la permanencia de la población rural frente al crecimiento urbano de la ciudad. “Los campesinos de Medellín están ensanduchados entre una ciudad que crece sin parar y estrategias de conservación ambiental que no los incluye”, explica la directora.

Doce años después, la figura sigue vigente y es referente para otras organizaciones del país. En la actualidad, la corporación está activa en la revisión de mediano plazo del Plan de Ordenamiento Territorial que adelanta la actual administración municipal, buscando proteger y ampliar este modelo desde una mirada de ruralidad integral que combine producción campesina y conservación ambiental.

Esa defensa del territorio, por lo pronto, no se limita a lo agroecológico. Penca de Sábila ha sido un actor relevante en la gestión comunitaria del agua, un trabajo que se remonta al movimiento del Referendo por el Agua de 2008, cuando se recogieron 2,5 millones de firmas a nivel nacional.

De ese proceso surgió la articulación con los acueductos comunitarios, organizaciones rurales y periurbanas que gestionan el agua de manera autónoma en buena parte del territorio colombiano. Es que, según la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento, existen en el país más de 33.000 de estos gestores encargados de suministrar el recurso en miles de veredas del territorio.

El agua como apuesta política nacional

Instalación de riego comunitario La Volcana. | Foto: Corporación Penca de Sábila

Instalación de riego comunitario La Volcana. | Foto: Corporación Penca de Sábila

Instalación de riego comunitario La Volcana. | Foto: Corporación Penca de Sábila

Instalación de riego comunitario La Volcana. | Foto: Corporación Penca de Sábila

Hace 20 años, en el marco de aquel referendo, se constituyó la Red Nacional de Acueductos Comunitarios de Colombia, que hoy agrupa al menos nueve procesos regionales.

Este mismo trabajo de incidencia permitió la construcción articulada de la Política Pública Nacional de Gestión Comunitaria del Agua, en conjunto con el Viceministerio de Agua Potable, norma formalizada el año pasado mediante el Decreto 0960.

A pesar de estos logros, tanto Lina como Nelly coinciden en que el camino de la incidencia política es el más desgastante. “Con cada cambio de gobierno hay nuevos funcionarios a los que hay que casi volver a formar”, señala la directora.

El reto del relevo generacional

De cara al futuro, la preocupación más recurrente entre quienes integran rutas de acción como la de Penca de Sábila es la falta de relevo generacional en el campo. La Asociación Campesina Agroecológica del Boquerón, que llegó a tener 45 familias, hoy cuenta con 23, en su mayoría personas mayores. “Los hijos de los mismos campesinos no les gusta trabajar en el campo porque dicen que eso no da”, reflexiona Vásquez. “Si se acaba el campesino, ¿qué vamos a comer? Puro cemento”, agrega.

Por ello, explica Nelly que, junto a organizaciones aliadas, ha comenzado a trabajar en semilleros agro ecológicos en colegios y escuelas de la región, capacitando ya a un primer grupo de cuatro jóvenes con la esperanza de que tomen el relevo del campo antes de que sea demasiado tarde.

Para Vásquez, no obstante, el balance personal le deja tranquilidad. Gracias a ese camino de vida logró, además de su autonomía económica, construir su propia casa y sacar adelante a sus dos hijas.

“Ese estudio fue lo más increíble para mí, una experiencia súper bonita”, dice sobre su paso por la Escuela de Agroecología, que cursó al mismo tiempo que terminaba su bachillerato, levantándose a las cuatro de la mañana durante un año y medio. “Por la asociación, por las mujeres y los niños es que también nosotros estamos sembrando”, concluye.

Siga leyendo: Esta escuela huilense usa ciencia y residuos del café para impulsar emprendimientos rurales

Juan Camilo Paiba

Juan Camilo Paiba

Periodista de Prisa Inspira. Administrador de profesión y amante de la radio y el periodismo narrativo....

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