La realidad tiene espantos más peligrosos que la fantasía: Gilmer Mesa en “Los espantos de mamá”
La novela de Gilmer Mesa acude a los espantos tradicionales y populares que se reflejan en hechos de la vida real

Gilmer Mesa "los espantos de mamá"
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Gilmer Mesa es uno de esos escritores de la más pura raíz antioqueña. Sus recuerdos de infancia y adolescencia, marcados por los espantos que rondaban su entorno, fueron la chispa para escribir “Los espantos de mamá”, una obra en la que, aunque las historias no son las mismas de su vida, sí sirven como excusa para hablar de los miedos que nos atraviesan.
En conversación con LO MÁS CARACOL, Mesa explicó que en esta novela aparecen espantos como la indolencia, surgida de esa relación distante con la muerte; la maldad en todas sus formas y la soberbia de ignorar al otro, como si sus problemas no nos incumbieran.
“También está ese espanto de preferir rodearnos de quienes piensan igual, para evitar el roce con la diferencia”, señala el autor. Una forma silenciosa de esquivar conversaciones incómodas y de cerrarle la puerta a la otredad.
Los espantos
En “Los espantos de mamá”, esos miedos se esconden en los lugares que muchas veces evitamos mirar. Gilmer Mesa lo explica con una imagen sencilla: “es como barrer solo por donde pasa la suegra”, en alusión a un popular dicho antioqueño.
“Hay que llevar la escoba a los rincones”, insiste, “no esconder la basura debajo de la alfombra”.
El escritor asegura que, aunque su obra es de ficción, lo que narra bien podría estar ocurriendo en la realidad. Y aunque no recurre al sarcasmo de manera deliberada, reconoce que los hechos que cuenta son tan complejos que terminan pareciendo una ironía de la vida misma.
Sobre sus personajes, explica que en esta novela hace guiños a tres de sus libros anteriores y que el narrador tendrá continuidad en su próxima obra, de la cual ya tiene dos capítulos escritos, aunque admite que aún pueden cambiar.
El argumento
En este diálogo con Caracol Radio, Gilmer Mesa cuenta que “Los espantos de mamá” sigue la historia de un narrador de 50 años, marcado por el alcoholismo y el desempleo. Un día acepta trabajar en un cementerio, y es allí donde se enfrenta a la tragedia de cientos de personas que desaparecieron o murieron en circunstancias que reflejan la violencia del país.
“El cementerio se convierte en un lugar donde los muertos cuentan lo que los vivos no han querido ver”, sugiere la obra.
El narrador comparte con su madre lo que descubre, y ella, a su vez, le relata los espantos que rondaban el barrio donde vivían. Así aparecen figuras como “la llorona”, que encarna a las madres que buscan a sus hijos desaparecidos; “la patasola”, representada en un delincuente que pierde una pierna en un enfrentamiento; “el cura sin cabeza” y “la mechuda”, una mujer consumida por los celos que desata una violenta venganza.
Todos ellos, más que personajes, son reflejo de un país que convive con sus propios fantasmas.

Carlos Castro Arias
En Caracol Radio desde 1993. Jefe de Gestión de Contenidos de Caracol Radio. Premio Nacional de Periodismo...




