Dependencia emocional y violencia: las claves psicológicas detrás del crimen del menor Adrián Pinzón
El antecedente de problemas psiquiátricos del agresor añade un elemento clave: la ausencia de tratamiento adecuado que se convierte en riesgos reales para terceros, especialmente en contextos familiares.

La muerte de Adrián Mathías Pinzón Calvo, el niño de nueve años hallado sin vida junto a su padre en inmediaciones de la iglesia de Los Laches, en el centro de Bogotá abre una profunda reflexión desde el plano psicológico.
Las primeras hipótesis de las autoridades indican que el padre habría asesinado al menor y luego se habría quitado la vida. Desde una perspectiva psicológica, “esta es una de las formas más graves de violencia familiar; muchas rupturas generan una alta desregulación emocional”, explica Manuela Rozo, magíster en psicología clínica, en el noticiero del Mediodía.
“Cuando hay una persona con dependencia emocional, la separación no solo es dolorosa, sino que se vive como un colapso interno; es decir, la persona pierde su fuente personal de afecto y de regulación afectiva y aparece un duelo patológico que está marcado por desesperanza, desesperación, miedo al abandono y pensamientos extremos”, explica.
Familiares del menor señalaron que Marco Antonio Pinzón había amenazado de forma reiterada a la madre del niño, quien actualmente reside en Estados Unidos, lo que refuerza la hipótesis de una violencia motivada por abandono, celos, resentimiento y pérdida de control, emociones que pueden detonar conductas destructivas cuando no existen redes de apoyo ni atención en salud mental.
Además, Rozo explica que: “En hombres con dependencia emocional, los hijos pueden ser percibidos como un vínculo que todavía los conecta con la mujer. Desde esta lógica distorsionada, aparece una forma de violencia instrumental”.
El antecedente de problemas psiquiátricos del agresor añade un elemento clave: la ausencia de tratamiento adecuado, seguimiento clínico y acompañamiento psicológico puede convertir crisis emocionales en riesgos reales para terceros, especialmente en contextos familiares.
Este tipo de hechos evidencia la urgencia de fortalecer los sistemas de atención en salud mental, la detección a tiempo de conductas violentas, las rutas de protección para niños en contextos de conflicto familiar y la prevención de violencias basadas en el control emocional y dependencia afectiva.
Entre 2021 y 2024 se registraron 159 muertes por homicidio en menores de 18 años en Bogotá; el 65% de estas se concentran en las siguientes zonas de la ciudad: Ciudad Bolívar, Kennedy, Bosa, Engativá y Usme.



