De un cambuche a una vivienda digna: Policía transforma la vida de una familia en Arroyohondo
Katherine Esther Cerda Martínez y sus cuatro hijos recibieron un nuevo hogar en el barrio Bajo Polito Manga, dejando atrás años de precariedad gracias a una gestión solidaria liderada por la Policía Nacional.

Foto: Policía de Bolívar.
Por: Emilio Gutiérrez Yance
A sus 35 años, Katherine Esther Cerda Martínez comprobó que nunca es tarde para soñar. El sol caía con fuerza sobre el barrio Bajo Polito Manga, en Arroyohondo, como si también quisiera ser testigo de un momento que durante años pareció imposible.
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Durante mucho tiempo, su realidad fue un cambuche levantado con latas, barro y miedo. Cada invierno debilitaba la estructura y cada noche traía la incertidumbre de no saber si las paredes resistirían hasta el amanecer. Allí vivió con sus cuatro hijos, aprendiendo a convivir con la fragilidad.
La lluvia no solo mojaba el suelo: se colaba por el techo, empapaba los recuerdos y desgastaba la esperanza. “Cuando llovía, no dormíamos”, había dicho alguna vez. El temor de que la casa se viniera abajo hacía parte de la rutina diaria.
Esa historia empezó a cambiar gracias a la gestión social adelantada por la Policía Nacional y al apoyo solidario de la comunidad. Donde antes hubo precariedad, comenzó a levantarse algo distinto: una vivienda hecha de bloques, firme, pensada para durar.
La casa fue construida por José Domingo Orozco, maestro de obra del municipio, quien durante semanas trabajó bajo el sol inclemente, midiendo, levantando y corrigiendo cada detalle. No solo levantó paredes: dejó en cada bloque la huella del oficio y del compromiso con una familia que necesitaba algo más que cemento.
El día de la entrega, la fachada lucía globos blancos y verdes que se movían suavemente con el viento. En la pared, una cartelera sencilla anunciaba: “Bienvenidos a su casa”. No hacía falta más para entender lo que estaba ocurriendo.
Entre lágrimas y sonrisas, Katherine recibió la llave de su nueva vivienda de manos del subintendente Fabio Andrés Blanco Franco, comandante de la Estación de Policía Arroyohondo. En ese gesto breve se concentraron meses de trabajo, esfuerzo y humanidad.
La emoción fue imposible de ocultar. Las lágrimas se le escaparon mientras intentaba hablar y, casi de inmediato, los vecinos rompieron el silencio con un aplauso largo y sincero, como si celebraran una victoria colectiva.
La jornada terminó con un abrazo cargado de gratitud y esperanza. En la calle 2A #3-43 del barrio Abajo se escribió una nueva página para una familia que ahora puede mirar al futuro con ilusión.
Porque esta casa no es solo techo y paredes. Es la certeza de que la dignidad también se construye, de que la solidaridad transforma y de que, para Katherine y sus hijos, hoy comienza una vida distinta.



