La patrullera que protege los corazones gatunos en la Terminal Transportes de Cartagena
Conocida como la “mamá gatuna”, esta uniformada dedica sus pausas laborales a alimentar y cuidar a los felinos abandonados

Patrullera Franchezca Reyes, o como la llaman sus compañeros “mamá gatuna”. // Policía Metropolitana de Cartagena
En el ir y venir de la Terminal de Transportes de Cartagena, donde el deber llama a cada minuto y los retos del día a día no dan tregua, hay una historia silenciosa que emociona, inspira y deja huella. Es la historia de una patrullera de la Policía Nacional de Colombia que, más allá de portar un uniforme, lleva consigo una vocación profunda por la vida… toda forma de vida.
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La conocen como “mamá gatuna”. No por casualidad, sino por convicción. En medio de su jornada laboral, entre recorridos, controles y orientación a los viajeros, siempre se hace un espacio, un pequeño acto de pausa en medio del deber, para extender su mano —y su corazón— a una comunidad que muchos prefieren ignorar: los gatos callejeros que merodean por la terminal.
Con la delicadeza de quien sabe que la confianza no se exige, sino se construye, esta patrullera se acerca cada día a los rincones donde los felinos se refugian del sol, del miedo y del hambre. llevando, alimento, agua, y una ternura que desarma hasta al más asustado. Los gatos la esperan. La reconocen. Se acercan sin miedo, como si supieran que ella no solo los ve… los cuida.
En tiempos donde la indiferencia suele ganar terreno, su gesto pequeño —pero inmenso— se convierte en una lección poderosa. Porque proteger no siempre es contener o detener. A veces, proteger es alimentar. A veces, proteger es inclinarse al piso, abrir una bolsa de concentrado y decir con el acto más simple: “ustedes también importan”.
Este acto diario, sostenido, invisible para muchos, habla de un compromiso ambiental auténtico. No es un deber asignado ni una orden recibida. Es la manifestación pura de una conciencia que entiende que la labor policial va más allá de la seguridad ciudadana: también es cuidado, empatía, respeto por la vida en todas sus expresiones.
Ella no busca aplausos ni medallas. Pero su ejemplo conmueve. En una sociedad donde tantos animales son abandonados, maltratados o simplemente ignorados, ver a una servidora pública dedicar parte de su día a ellos, devuelve la esperanza. Nos recuerda que el uniforme puede ser también sinónimo de compasión.
La patrullera Franchezca Yulissa Reyes Martínez no solo resguarda un lugar de tránsito. Protege, con su corazón, lo más sagrado que puede tener una sociedad: su capacidad de sentir, porque servir también es amar, porque cuidar también es sentir.



