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De Bucaramanga a Madrid: Fabio Espinoza, actuar para no rendirse

El actor santandereano construye su camino entre el teatro, la migración y la resistencia, demostrando que el arte también es una forma de sobrevivir lejos de casa.

De Bucaramanga a Madrid: Fabio Espinoza, actuar para no rendirse

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El viaje de Fabio Espinoza no comenzó en un aeropuerto, sino en un salón de clases de Bucaramanga. Allí, lejos de los grandes escenarios y de cualquier promesa de éxito, este actor santandereano descubrió que el teatro no era solo una actividad escolar, sino una forma de entender la vida. Años después, ese mismo impulso lo llevaría a cruzar el océano y construir, desde Madrid, una carrera marcada por la constancia, la migración y la resistencia.

Fabio llegó al teatro casi por accidente. Tras intentar dedicarse al canto, encontró en un grupo de teatro escolar un universo distinto, uno donde podía explorar emociones, contar historias y habitar otros cuerpos. Tenía apenas 13 años cuando decidió tomarse la actuación en serio. Ingresó a una escuela de formación actoral en Bucaramanga y durante dos años se sumergió en una disciplina exigente que marcaría su camino profesional.

Con el tiempo llegaron los escenarios más importantes del país. En Colombia hizo parte de montajes teatrales de gran formato, entre ellos Macbeth, una producción de la compañía estable de Pedro Salazar que se presentó en el Teatro Colón de Bogotá. Esa experiencia lo llevó, además, al Festival de Teatro Clásico de Almagro, en España, uno de los encuentros más relevantes del teatro a nivel mundial.

Ese primer contacto con Europa, en 2018, sembró una idea que tardaría en madurar: migrar. España se le presentó como un territorio posible para crecer artística y profesionalmente. Cuatro años después, en 2022, Fabio tomó la decisión definitiva. Dejó Bucaramanga y se instaló en Madrid para estudiar un máster en actuación para cine y televisión, convencido de que el oficio exige formación permanente.

La realidad, sin embargo, fue más dura de lo esperado. Migrar implicó empezar de nuevo, adaptarse a otra industria y resolver lo básico: vivienda, alimentación y estabilidad económica. Cuando no había castings ni proyectos, Fabio salió a las calles de Madrid a vender espectáculos de flamenco para turistas. No era el escenario soñado, pero sí una forma digna de sostenerse sin abandonar su vocación.

Lejos de rendirse, convirtió la dificultad en impulso creativo. Junto al dramaturgo colombiano Moisés Ballesteros creó un monólogo que presentó en espacios culturales alternativos. Luego llegaron nuevas obras teatrales y su ingreso a una compañía caleña radicada en España. El teatro, una vez más, apareció como refugio y motor.

En medio de ese proceso surgió una oportunidad internacional que lo trajo de regreso a Colombia para un rodaje de gran escala. El regreso coincidió con un momento familiar profundamente doloroso: la enfermedad de su abuela. Volver significó trabajar, pero también despedirse, abrazar y cerrar un ciclo personal que marcó su vida.

Durante esa visita a Bucaramanga, Fabio pudo acompañar a su familia y compartir los últimos momentos con su abuela. Fue un retorno cargado de emociones, donde el oficio y la vida se cruzaron de manera inevitable. El arte, en esta ocasión, le permitió volver no solo como actor, sino como nieto.

Hoy, desde Madrid, Fabio Espinoza continúa formándose, audicionando y creando. Habla de la actuación como una entrega total, una expresión honesta del alma, lejos del espectáculo vacío y más cerca de la verdad emocional. No concibe el éxito como una meta final, sino como la posibilidad de mantenerse fiel al oficio.

De Bucaramanga a Madrid, su historia es la de muchos artistas que migran con un sueño a cuestas y resisten desde la disciplina y la fe. Una historia que confirma que, cuando el arte es verdadero, siempre encuentra la manera de sostener a quien decide no rendirse.

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