Ciencia y medio ambiente

¿Qué es el árbol de la vida? La actual extinción masiva lo estaría eliminando

Conozca las profundas consecuencias que estaría provocando las malas prácticas de los seres humanos

Séptima extinción masiva / Getty Images

Séptima extinción masiva / Getty Images / Buena Vista Images

Un nuevo análisis de la extinción masiva a nivel de género, realizado por investigadores de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, y la Universidad Nacional Autónoma de México, revela una “mutilación del árbol de la vida” con enormes daños potenciales para la sociedad humana, según publican sus autores en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

La paloma mensajera, el tigre de Tasmania, el Baiji o delfín del río Yangtsé son algunas de las víctimas recientes más conocidas de lo que muchos científicos han declarado la sexta extinción masiva, ya que la acción humana está acabando con especies de animales vertebrados cientos de veces más rápido de lo que desaparecerían de otro modo.

Sin embargo, el nuevo estudio muestra que la crisis puede ser aún más profunda. Cada una de las tres especies mencionadas era también el último miembro de su género, la categoría superior en la que los taxónomos clasifican las especies, y no son las únicas.

Hasta ahora, el interés público y científico se ha centrado en las extinciones de especies. Pero en su nuevo estudio, Gerardo Ceballos, investigador principal del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Paul Ehrlich, profesor emérito Bing de Estudios de Población en la Facultad de Humanidades y Ciencias de Stanford, han descubierto que también están desapareciendo géneros enteros (el plural de “género”), en lo que denominan una “mutilación del árbol de la vida”.

“A largo plazo, estamos haciendo una gran mella en la evolución de la vida en el planeta --indica Ceballos--, pero además, en este siglo, lo que le estamos haciendo al árbol de la vida causará mucho sufrimiento a la humanidad”.

“Lo que estamos perdiendo son nuestros únicos compañeros vivos conocidos en todo el universo”, añade Ehrlich, que también es miembro emérito, por cortesía, del Instituto Woods de Stanford para el Medio Ambiente.

La información sobre el estado de conservación de las especies procedente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, Birdlife International y otras bases de datos ha mejorado en los últimos años, lo que ha permitido a Ceballos y Ehrlich evaluar la extinción a nivel de género. A partir de esas fuentes, el dúo examinó 5.400 géneros de animales vertebrados terrestres, que abarcan 34.600 especies.

Ceballos y Ehrlich descubrieron que 73 géneros de vertebrados terrestres se han extinguido desde el año 1500 d.C. Las aves sufrieron las pérdidas más importantes. Las aves sufrieron las mayores pérdidas, con la extinción de 44 géneros, seguidas en orden por los mamíferos, los anfibios y los reptiles.

Basándose en la tasa histórica de extinción de géneros entre los mamíferos --calculada para los autores por Anthony Barnosky, profesor emérito de biología integrativa de la Universidad de Berkeley--, la tasa actual de extinción de géneros de vertebrados supera en 35 veces la del último millón de años.

Esto significa que, sin la influencia humana, la Tierra probablemente sólo habría perdido dos géneros durante ese tiempo. En cinco siglos, la acción humana ha desencadenado una oleada de extinciones de géneros que, de otro modo, habrían tardado 18.000 años en acumularse: lo que el artículo denomina una “aniquilación biológica”.

“Como científicos, tenemos que tener cuidado de no ser alarmistas --reconoce Ceballos, pero la gravedad de los hallazgos en este caso, explicó, exigía un lenguaje más contundente de lo habitual--. No sería ético no explicar la magnitud del problema, ya que nosotros y otros científicos estamos alarmados”.

A muchos niveles, las extinciones de géneros afectan más que las de especies. Cuando una especie desaparece, explica Ceballos, otras especies de su género pueden desempeñar al menos parte de su función en el ecosistema. Y como esas especies conservan gran parte del material genético de su prima extinguida, también conservan gran parte de su potencial evolutivo.

Como en el árbol de la vida, si se cae una sola “ramita” (una especie), las ramitas cercanas pueden ramificarse con relativa rapidez, llenando el vacío como lo habría hecho la ramita original. En este caso, la diversidad de especies del planeta se mantiene más o menos estable.

Pero cuando se caen “ramas” enteras (géneros), queda un enorme agujero en la cubierta vegetal, una pérdida de biodiversidad que puede tardar decenas de millones de años en “rebrotar” mediante el proceso evolutivo de especiación.

Según Ceballos, la humanidad no puede esperar tanto tiempo a que se recuperen sus sistemas de soporte vital, dado que la estabilidad de nuestra civilización depende en gran medida de los servicios que presta la biodiversidad de la Tierra.

Como ejemplo, mencionan la creciente prevalencia de la enfermedad de Lyme: los ratones de patas blancas, principales portadores de la enfermedad, solían competir con las palomas mensajeras por alimentos como las bellotas. Con la desaparición de las palomas y la disminución de depredadores como lobos y pumas, las poblaciones de ratones se han disparado y, con ellas, los casos de enfermedad de Lyme en humanos.

Este ejemplo se refiere a la desaparición de un solo género, señalan los investigadores, pero una extinción masiva de géneros podría significar una explosión proporcional de desastres para la humanidad.

Y también significa una pérdida de conocimientos. Ceballos y Ehrlich señalan a la rana incubadora gástrica, también último miembro de un género extinguido. Las hembras se tragaban sus propios huevos fecundados y criaban renacuajos en sus estómagos, mientras “apagaban” el ácido estomacal. Estas ranas podrían haber servido de modelo para estudiar enfermedades humanas como el reflujo ácido, que puede aumentar el riesgo de cáncer de esófago, pero ahora han desaparecido.

La pérdida de géneros también podría agravar el empeoramiento de la crisis climática. “La alteración del clima está acelerando la extinción, y la extinción está interactuando con el clima, porque la naturaleza de las plantas, animales y microbios del planeta es uno de los grandes determinantes del tipo de clima que tenemos”, señala Ehrlich.

Para evitar nuevas extinciones y las consiguientes crisis sociales, Ceballos y Ehrlich reclaman una acción política, económica y social inmediata a una escala sin precedentes.

El aumento de los esfuerzos de conservación debe dar prioridad a los trópicos, señalaron, ya que las regiones tropicales tienen la mayor concentración tanto de extinciones de géneros como de géneros con una sola especie restante.

También hicieron un llamamiento a una mayor concienciación pública sobre la crisis de la extinción, sobre todo teniendo en cuenta su profunda relación con la crisis climática, de la que se ha hecho más publicidad.

“El tamaño y el crecimiento de la población humana, la creciente escala de su consumo y el hecho de que el consumo sea muy desigual son partes importantes del problema”, afirman los autores.

“La idea de que se puede continuar con esas cosas y salvar la biodiversidad es una locura --apunta Ehrlich--. Es como sentarse sobre una rama y serrarla al mismo tiempo”.

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