familia en tiempos de pandemia

Que la situación actual de confinamiento fortalezca las familias y prevalezca en ellas el diálogo.

Las familias en la actualidad están atravesando por grandes retos, viviendo en tiempos de pandemia. Este escenario puede generar dificultades porque las rutinas con las que estábamos acostumbrados a relacionarnos se han transformado.

En estos días de cambios en la vida cotidiana, tensión por el cuidado minucioso de la salud e incertidumbre por la sostenibilidad económica, es posible que se precipiten malentendidos y desacuerdos; el diálogo se convierte en el elemento esencial para crear un ambiente de confianza y afecto ya que “lo que no logramos resolver a través del diálogo, se orienta hacia la violencia física o simbólica”.

Crear acuerdos, resolver conflictos y aprender desde la cotidianidad

Hoy todos los miembros de las familias tienen actividades por realizar al tiempo, en un mismo espacio y con la compañía de otros. Es así como deben convivir a la vez que se ocupan de sus deberes escolares, labores del hogar, cuidado de niños y ancianos y trabajo virtual; en este encuentro, el diálogo ocupa un lugar fundamental para mediar las interacciones y los vínculos que se generan en el día a día. Es muy valioso reencontrarse con la palabra, con los saberes de los abuelos/as, padres, madres, familiares y/o cuidadores .

Que ésta sea la oportunidad para aprender desde la cotidianidad. Hay actividades en las que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes pueden complementar sus procesos de aprendizaje con elemento de la cotidianidad: la preparación de los alimentos, los oficios del hogar, las cuentas del mercado, la organización de los utensilios de la casa, el cuidado de las plantas y los animales, entre otros.

El diálogo como elemento esencial en el hogar

Es importante que cada hogar defina momentos específicos para conversar sobre lo que están sintiendo, si es posible, con horarios concretos dentro de la semana. Es una oportunidad para vivir la empatía, que hace más fuerte el vínculo familiar; es decir, la posibilidad de ubicarse en el lugar del otro y reconocer que el bienestar de cada miembro depende del de todos.

Es recomendable, también, que los acuerdos se precisen sobre las actividades cotidianas relevantes para cada persona y que equilibren las necesidades propias con las ajenas; por ejemplo, acordar la distribución equitativa de las tareas del hogar, la realización conjunta de actividades físicas, el establecimiento de momentos de esparcimiento -individuales o colectivos- y la definición de espacios y horarios laborales o escolares.

Entre mayor sea la comprensión de la labor educadora que cada parte cumple, mayor será el impacto en la formación de los estudiantes y, a su vez, se fortalecerán más las escuelas y las comunidades.

Fortalecer los lazos como comunidad

Este es un momento oportuno para desplegar la solidaridad y fortalecer los lazos comunitarios. Es fundamental crear o afianzar redes de apoyo donde las familias puedan pedir ayuda en un ambiente de confianza y fraternidad. Para ello, es necesario que de manera colectiva se dispongan las voluntades de las personas para brindar los recursos materiales o inmateriales que cada persona o familia pueda aportar.

Con este ejercicio comunitario y colectivo de las redes de apoyo se reivindican los recursos locales y se fortalece la cohesión social, por eso, esta es una invitación para que las familias hagan de esta situación una realidad de transformación social.

AUTORES

Manuela Sandoval Aguirre

Oscar Mauricio Suárez Mantilla

Natalia Linares Valderrama

 

 

 

 

 

 

 

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