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Dónde está la bolita
Dónde está la bolita

Lecturas de derecha a izquierda

Hacer la lectura equivocada de las movilizaciones, sin contexto, podría llevar a que después de la pausa decembrina el 21-N rebrote.

Carlos Obregón /

En las semanas de alteración de la “normalidad” del país, muchas cosas han quedado en claro, como que se puede protestar sin violencia y sin necesidad de Esmad chocando con estudiantes, o que la estigmatización llegó para quedarse como herramienta de confrontación.

Junto con lo anterior, el ambiente de protestas ha mostrado que pese al ambiente de inconformidad que, ya no solo se refleja en las calles, sino también en las encuestas, se siguen haciendo lecturas que para muchos simplemente es un desconocimiento de la realidad.

Uno de los que sigue interpretando al revés al país es el Congreso que, en la última semana rechazó la propuesta del presidente del Senado de rebajarse el sueldo que, más que por su impacto económico, manda un mensaje de lo que simbolizan 32 millones de sueldo al mes de un senador vs el salario mínimo de $828 mil de un mensajero, que es lo que molesta tanto a la gente de bajos ingresos.

Pero además algunas bancadas de la Comisión Primera prefirieron dejar de lado la elección de fiscal por méritos para privilegiar “la llamada ley Arias”, mientras las económicas no dejaron margen para la discusión de la reforma tributaria y usaron de nuevo el pupitrazo, cuando este es uno de los puntos del pliego en la mesa del paro.

En el Gobierno las visiones sobre el malestar también parecen desenfocadas. Cuando el país reclama dejar de lado la provocación, los odios y los señalamientos, desde la cuenta de la ministra del Interior se activan unos trinos retadores contra los promotores del paro. Hasta el presidente se ha dejado contagiar por momentos para salir a atacar a sus contradictores, como llamar pirómano –sin mencionarlo—al senador Gustavo Petro, quien con sus llamados a la protesta de manera permanente se ha querido apropiar del movimiento. Una cosa es ser cabeza visible de la oposición en el Congreso y otra intentar apoderarse de una movilización que no tiene colores ni nombres, hasta ahora, sino razones para reclamar.

A esto se sumó el expresidente Pastrana con una carta en la que le pide al presidente que "no se deje intimidar" mientras que señala al expresidente Santos de estar detrás de la protesta, junto con el partido Farc, para dar un golpe de Estado. Ni las Farc pudieron tumbar a un presidente con las armas, ni Santos logró la salida de Samper cuando este estaba tan débil políticamente con Duque.

Pero desde la orilla de la dirigencia de la protesta también se han dado muestras de no entender el momento. De lograr una movilización sin precedentes y hacer clic con la clase media que acudió al cacerolazo, los dirigentes sindicales, especialmente, han actuado más con arrogancia que con sensatez para negociar un pliego aterrizado y que en realidad correspondan no solo a los trabajadores formales, sino también a los del rebusque y a los desempleados que no tienen quién abogue por ellos.

Hacer la lectura equivocada de la inconformidad en las calles --donde los jóvenes son los protagonistas--, desde todos los sectores que tiene que ver con la solución de los problemas del país, podría llevar a que después de la pausa decembrina los 21-N rebroten.

 

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