¿Dónde Está La Bolita?

Después del 21-N, ¿qué?

El diálogo nacional reta a Duque a dejar de tener un Gobierno de partido y a replantear políticas que han correspondido más al ideario del uribismo.

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Aun es difícil prever qué va a pasar en el país después del paro nacional del jueves 21 y el cacerolazo diario, algo sin antecedentes recientes en participación con personas de todos los estratos sociales. Lo que por ahora es claro es que ha cambiado por completo la agenda del país, y ha puesto de relieve realidades que la dirigencia ha tratado de mantener ocultas o de enfrentar con paños de agua tibia.

Con las marchas del 21-N, Colombia se monta en la corriente global de las marchas que han sacudido el establecimiento en Francia, Chile, Hong – Kong, Bolivia o Líbano, prolongadas y violentas, y que han obligado a sus dirigencias a replantearse las reglas económicas, políticas y sociales de orientación de sus estados.

Los que marcharon el jueves en el país eran en su mayoría jóvenes y mayores de clase media que salieron de la pobreza gracias a los avances del país en las últimas décadas, pero que temen un retroceso porque no ven claridad en las respuestas del Gobierno y del Estado en frentes que permiten la movilidad social como educación, empleo, inclusión, paz sostenible y medio ambiente. Desencantados con los políticos que enterraron las normas contra la corrupción o las ultimas reformas políticas y cuyo primer campanazo de alerta lo habían dado en las elecciones del pasado 27 de octubre.

Ni ese mensaje político de las urnas, ni las dimensiones del paro fueron entendidas por el presidente y su partido. Desde la casa de Nariño trataron de explicar de manera contradictoria los logros de 15 meses de Gobierno y de desmarcarse de propuestas polémicas de gremios aliados, al tiempo que se montó una estrategia de miedo para bajarla fuerza a la marcha. El efecto fue el contrario y la gente salió a desafiar el miedo.

Finalmente, luego de los cacerolazos y de actos violentos que no lograron restarle importancia al paro, el presidente ha planteado una conversación nacional en torno de temas como corrupción, transparencia, educación, paz, medio ambiente, fortalecimiento institucional y crecimiento económico y ha dicho que será un diálogo con todos los sectores. Será un proceso que ira hasta el 15 de marzo del 2020.

El tema ahora es cómo lograr que sea una conversación efectiva y con los verdaderos interlocutores, con los que están inconformes y con los tomadores de decisiones. Que no sean diálogos como los del pasado que terminaron en propuestas inviables o que el Estado no cumplió porque fueron fórmulas para salir del paso.

El paso que acaba de dar el presidente lo puede llevar a dejar de tener un Gobierno de partido y a replantear unas políticas que hasta ahora han correspondido más al ideario del uribismo y de sus electores que a las expectativas del resto de los colombianos. La pregunta es qué tanto margen tiene para hacerlo.

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