El cuadro de Botero

Los errores militares terminaban con el corte de cabezas de oficiales de alto rango, pero el ministro nunca asumió su responsabilidad política.

Carlos Obregón /

El ministro Guillermo Botero pasará a la historia por ser el primero en caerse por el control político del Congreso, con una cantada votación en favor de la moción de censura por parte de la oposición, a la que le bastó una denuncia grave que lo cogió fuera de base para sacarlo del cargo. Era uno de los ministros más desgastados y lo que hizo el Senado fue acelerar su salida prevista para enero.

Se va sin argumentos creíbles sobre el bombardeo en agosto en San Vicente del Caguán donde murieron ocho menores en una operación contra uno de los jefes disidentes de las Farc, “Gildardo Cucho”. El país nunca supo de boca del ministro que en la bajas que dejó la operación había menores. Y hay dudas de que el presidente Duque lo supiera.

La caída de Botero es un golpe para el uribismo puro que lo llevó al cargo para revisar la conducción de las FF.MM. por parte de la cúpula que estuvo jugada con el proceso de paz. El ala más radical del Centro Democrático presionó desde el inicio del gobierno cambios en las jerarquías.

En lo que no hubo acierto. Esos cambios terminaron por afectar a Botero que quedó en medio del fuego de la división --alimentada por la corrupción-- que hay al interior de fuerzas como el Ejército. Más de una vez se demostró que el liderazgo que ejercía sobre los uniformados no existía o era precario, mientras la capacidad en puntos como la capacidad de inteligencia militar quedó en entredicho con la brutal acción terrorista del ELN en la escuela de cadetes de la Policía.

Pero hacia afuera, hacia la opinión, Botero era un ministro soberbio y desacertado en sus opiniones. Desde antes de asumir ya anunciaba una ley estatutaria para reglamentar la protesta ciudadana y ya en el cargo aseguró que detrás de las marchas estaba la financiación de las disidencias y las bandas criminales.

En adelante, solo fueron errores del ministro que le causaban daño al gobierno. Por ejemplo, la explicación sobre la muerte del desmovilizado Dimar Torres en abril basada en la explicación de un cabo y no del jefe militar de la zona. O el enredo en que cayó el comandante del Ejército ante las denuncias de The New York Times sobre unas directrices internas que fueron interpretadas como el regreso a los falsos positivos. O el material gráfico falso que le prepararon al presidente, desde el Ministerio, para demostrar la complicidad de Maduro con los grupos terroristas colombianos.

Sin embargo, se mantuvo en el cargo. Las fallas y errores dentro de las Fuerzas Militares terminaban en el corte de cabezas de oficiales de alto rango, pero nunca hubo responsabilidad política del ministro. La salida del ministro golpea el ánimo del uribismo, deja lecciones sobre el papel de los gremios en el gobierno, pero puede darle la oportunidad al presidente para reorientar su agenda en temas como el manejo de la situación en el Cauca o la crítica situación de la seguridad ciudadana.

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