Dónde está la bolita

Usted de qué lado está

Vender la idea de que la JEP está del lado de los victimarios no solo abre más heridas sino que atenta contra la institucionalidad.

Con la decisión que tomen en breve Cámara y Senado sobre las objeciones presidenciales a la Jurisdicción Especial de Paz podrá quedar en claro el futuro de ese tribunal: o mantiene sus reglas de operación como las definió la ley estatutaria y las avaló la Corte Constitucional o se le ajustan según la interpretación del Gobierno. 

Lo que pase en el Congreso será otra demostración de lo que está pasando por fuera, en la calle, en las redes sociales, en las conversaciones familiares y de amigos y hasta en las memorias de los ex presidentes. Que no es algo nuevo, sino que se reedita según las circunstancias. 

Desde cuando el presidente Santos decidió jugársela por la paz con las Farc, se ha intentado poner al país en dos orillas. En el dilema Santos o Uribe; castrochavistas / paracos; pacifistas / guerreristas; SÍ o NO al referendo; Corte Constitucional vs uribismo; victimas / victimarios o JEP o no JEP. Una evaluación de los resultados de la apelación a este dilema indicaría que el más favorecido ha sido el Centro Democrático que, en cabeza del senador Uribe, se volvió una poderosa fuerza en el Congreso y hoy tiene el control del gobierno. 

En el marco de esa lógica hay que entender lo que está pasando hoy. Desde el interés del presidente y del gobierno por objetar la ley de la JEP –presionado por la derecha-- como las vallas de la senadora de su partido, Paola Holguín, que sin mayor contexto pregunta "Tú, ¿De qué lado estás? Víctimas: No JEP/ Victimarios: JEP". Esta vez el Centro Democrático ha escogido el tema de las víctimas para golpear a la JEP y ambientar la campaña de las elecciones locales en las regiones que más padecieron los horrores de las Farc. Tratar de vender la idea de que la JEP está del lado de los victimarios –-Farc y ex militares de los falsos positivos—no solo abre más heridas sino que atenta contra la institucionalidad, en este caso la de la JEP, salpicada por escándalos de los que no ha salido bien librada. A las vallas del uribismo saldrán las del Partido Liberal con la versión contraria.

La historia, no solo la de Colombia, está llena de ejemplos de que a los políticos siempre le conviene tener un enemigo para justificar su discurso. La guerra fría en la postguerra les sirvió a los americanos para justificarse; los migrantes a Donald Trump; la intervención gringa en Bahía Cochinos a los Castro en Cuba o a Maduro en Venezuela; o las Farc a Uribe para su reelección.

El uso de las víctimas para golpear a la JEP parecería confirmar la frase que hizo carrera hace un tiempo: a los colombianos nos une la guerra, pero nos divide la paz.

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