Puerto Candelaria y su amor fingido, pero no en la música

‘Sargento Remolacha’, ‘El caballero del bajo’ y ‘Maga La Maga’ nos hablan del momento actual de la banda y de lo que ha representado su canción ‘Amor fingido’.

Hace un poco más de quince años Puerto Candelaria nacía en Medellín bajo la idea, no de crear un grupo musical, sino de dar vida a todo un género artístico. 17 personas entre artistas, diseñadores gráficos, diseñadores textiles, gente de las letras, arquitectos y músicos empezaron a construir un lugar desde donde generar historias, porque si era de Colombia, todo un país de cuentos, ¿cómo iba a ser de otra manera?

Puerto Candelaria es ese lugar donde los artistas pueden romper las reglas de su cultura sin ser mal vistos desde lo creativo. Tiene que haber nacido en un lugar como Colombia, donde somos una cultura en la que nos fascinan las historias. No en vano el novelista más grande de Latinoamérica es colombiano. Nos gusta la mitología, somos redundantes como el tropicalismo mismo, vivimos de exageraciones. Somos el resultado de este país y llevamos el Macondo de los sonidos (como nos han catalogado). Hay realidad y fantasía en cada canción”. Ese podría ser el prólogo de este libro musical, narrado por Juancho Valencia, el ‘Sargento’ de la banda.

Así, año tras año cada una de las piezas se ha engranado para dejar pequeños mundos sonoros y discos. Uno con el jazz como partida, otro en donde se apropiaron del ambiente guapachoso, uno más en donde los describieron como los “niños rebeldes de la música” y ahora ensamblados en un universo romántico en donde la neoplancha saca a flote sus sentimientos más sinceros.

Mantienen una regla interna en donde cada proyecto debe contradecir al anterior para cumplir la exigencia de un público que espera siempre algo diferente. Para ellos y por ellos pues Valencia asegura: “No hay nada más triste en un artista que el primer disco suene igual al quinto. Se pregunta uno si realmente ha pasado algo en la vida de esa persona. No ha vivido, no ha conocido algo nuevo, no ha sido influenciado por otras cosas…”.

Madurez sin temores

Se han nutrido de tarimas y sus sonidos se han oído en varias partes del mundo. Son la banda que más ha viajado a Brasil en la historia de los dos países y experimentaron una duda de realidad cuando tuvieron en frente a más de 5 mil personas bailando con su música en Shanghái. “Eso realmente es hacer un puente cultural y a veces suena desapercibido dentro de tantas noticias que están surgiendo en nuestro país, pero es una lucha quijotesca y estamos complacidos de todos los resultados que ha dado”, asiente Valencia.

La universalidad de su humor los lleva a estar de un lado a otro y sienten que su público nacional e internacional es sólido para saber divertirse siempre. “Que se pregunten ‘¿ahora con qué van a salir’? es el motor que nos lleva a reinventarnos”, dice Juancho y explica que están viviendo un momento de madurez en el que no le temen a ninguna cosa. Tan es así que su más reciente video fue hecho bajo la modalidad de ‘guerrilla style’.

Una campaña para acabar con el ‘Amor fingido’

“El amor fingido todos lo hemos vivido. Es ese amor con el que uno tiene expectativas pero que después del primer beso uno dice no, esto no fue, pero tampoco se da el momento de decir que no o uno no es capaz de hacerlo porque la otra persona es buena y no se merece eso. Entonces este tema, más que una canción, es una campaña para ayudar a la gente a que la dedique y ya, queda claro. Se desprenden y no fingen más”, dice Eduardo González, ‘El caballero del bajo’.

Para el video, la propuesta de Puerto Candelaria era precisamente no fingir tanto. “El resultado es un clip divertidísimo, de gran naturalidad, en donde nos mostramos con nuestras capacidades motrices en la cintura y en la cadera. Realmente era bien importante que ese concepto se mostrara”, mencionan ambos entre risas para darle paso a la más reciente incorporación de la banda, un elemento que llegó a romper tantos años de testosterona acumulada: Maga La Maga, quien en el mundo real es Magaly Álzate.

Encontraron en Venice Beach, California, el lugar perfecto para el rodaje. Se documentaron de las reglamentaciones necesarias para poder filmar en las calles con el presupuesto que tenían lo que hizo que el tiempo se aprovechara al máximo. Solo podían permanecer 10 minutos en cada espacio de grabación so pena de ver confiscadas las cámaras de parte de la policía gringa sin derecho a reclamar nada. Su vestuario fue una van, todos cumplían múltiples funciones y las esquinas que venían como imagen de postal, fueron utilizadas. Junto a Eduardo Ramírez, el director de fotografía y niño consentido de Netflix actualmente, leyeron todo un escrito gigante de cómo hacer un video con todos los permisos y planearon cómo iban a jugar a esquivarlos.

Lo que innatamente tampoco podían fingir era en su música. “Con ella y con muy pocas cosas no se puede mentir. En el arte, en general, no se puede mentir. Estás tan desnudo y tan transparente que no tienes esas herramientas que sí puedes tener en el amor, en el trabajo, en otras partes, con las que puedes camuflarte o disimular; en el arte no”, comenta Eduardo.

Ante esta respuesta, ‘El Sargento’ complementa: “por eso el artista sufre tanto cuando es agredido o a alguien no le gusta su canción. Porque no es una canción, no es un trabajo… es un pedazo de la vida, de la historia, un pedazo que nace desde muy adentro del corazón”.

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