Colombia al Rojo - Historias de Francisco Argüello

‘El Paisa’, el guerrillero que dejó de ser enigma

Durante más de diez años su verdadero rostro permaneció oculto en los montes del Caquetá, Meta y Guaviare, pero el computador de su novia terminó develando su verdadera identidad. Caracol investigó por el hombre más sanguinario de las Farc que hoy está en La Habana.

Llegó al edificio Torres de Miraflores en el corazón de Neiva, Huila, arrasando lo que encontraba. Dinamitó las puertas blindadas, subió en ascensor y sorprendió a sus víctimas. Desesperado preguntaba por Jaime Losada, exsenador, exgobernador del Huila. Estaba obsesionado por el político conservador, pero el dirigente no estaba.

El vuelo Bogotá- Neiva que usualmente el huilense abordaba los jueves, ese 15 de julio lo había aplazado para el viernes siguiente. El sueño de Gloria Polanco de Losada se espantó a las 11:10 de la noche. Y en medio del ruido insoportable que provocaban los guerrilleros, corrió al citófono a preguntarle al vigilante qué ocurría. Óscar Montero, ‘El Paisa’, entró al apartamento armado hasta los dientes y gritaba desesperado preguntando por Jaime Losada. “Jaime, Jaime…”, decía con voz fuerte, en medio del acelere. “No está, él no está, ¿qué está pasando?”, gritaba angustiada Gloria, quien alzó el teléfono y el comandante guerrillero se le fue encima como una fiera. Le lanzó una patada en su pecho y ella terminó desplomada en el suelo.

Jaime Felipe Losada, hoy representante a la Cámara- en la época con 17 años- lo miró a los ojos y empezó a forcejear con el temido guerrillero. “No podía dejar que golpeara a mi mamá. Lo agarré por el cuello, por la camisa…”, recuerda Losada, a quien el esquema de seguridad de ‘El Paisa’, entre ellos, ‘La Pilosa’- su entonces compañera sentimental - lo tiraron sobre la alfombra y lo atacaron con las cachas de sus armas en la espalda, las costillas y la cabeza. El joven no resistió la fuerza de los guerrilleros. Terminó con Juan Sebastián- su hermano- y Gloria en un camión donde Montero ordenaba quién hablaba y quién no.

Neiva estaba desolada. El carro con los 15 secuestrados atravesó la ciudad y terminó perdiéndose en las montañas de Algeciras, Huila, y kilómetros adelante en las profundidades del Caquetá. Los hermanos Losada terminaron tres años en la selva. Y en las madrugadas, cuando no veían a su secuestrador- porque lo habían trasladado de escuadra- escuchaban su voz por radioteléfonos. “Siempre daba órdenes, coordinaba atentados terroristas... Yo supe del derribo del avión de los tres norteamericanos antes que los medios”, relata Losada, quien lo recuerda como el comandante más sanguinario de quién espera les pida perdón.

‘El Paisa’ – considerado al interior de la guerrilla como el Bin Laden Colombiano- era el hombre consentido de ‘El Mono Jojoy’, un pistolero a muerte desde la Década de los 80 en Medellín, un ex sicario de Pablo Escobar por el que ofrecían hasta 5 mil millones de pesos de recompensa, pero que extrañamente nadie podía ‘cazar’.

La Fuerza Aérea bombardeaba sus campamentos, le pisaban los talones, pero jamás lograron ‘pescarlo’. La razón no era para menos. Solo hasta febrero de 2010 la Fiscalía General de la Nación conoció su verdadero rostro- hasta entonces un enigma- un aspecto físico alejado al que se publicitaba por las cadenas de televisión nacional y se emitía en los periódicos. A él- desde las sábanas del Llarí, por donde se ha movido en los últimos años- le producía risa. Lo mostraban delgado, alto, narizón. Era un guerrillero escondido en su guarida que ordenaba los peores ataques terroristas en Colombia, pero del que pocos conocían.

En La Tunia, caserío ubicado en límites entre Meta y Caquetá-hoy desolado por la incursión de la Fuerza Pública-, donde el comandante se movía como armadillo en trinchera, él, armado hasta los dientes, con una pañoleta roja (o militar) sobre su cabeza que cubría su alopecia, se burlaba de la Justicia colombiana. Lo llamaban Óscar Montero, Hernán Darío Velázquez, Hermides Buitrago, entre otras identidades.

Era hermético. Antes de arribar a una finca- contaron a Caracol Radio campesinos de Puerto Losada, Caquetá-, enviaba a su esquema de seguridad, casi siempre 200 hombres y varios anillos de seguridad, todos armados, con chalecos antibalas, con radios de comunicación satelital. Si había gente extraña, ‘El Paisa’ se fugaba. Prefería esconderse, que la gente extraña no lo observara. Nada, ni nadie le producía confianza.

Ese fue su trofeo, su principal arma para combatir: su prudencia.

Durante los diálogos de paz de San Vicente del Caguán, centenares de guerrilleros rasos y comandantes exponían sus rostros y su fúsil en señal de poder. ‘El Paisa’ optó por esconderse, por marginarse para no dejarse retratar por las cámaras.

Y solo hasta el 2010, en zona rural de Puerto Rico, Caquetá, se develó uno de los secretos mejor guardados hasta ese momento por las Farc: el rostro de ‘El Paisa’. El Ejército bombardeó un campamento guerrillero. Marly Yurley Capera Quesada, ‘La Pilosa’, su novia durante una década, quedó destrozada. La misma suerte no corrió con su computador portátil que contenía fotografías, cuadernos, libros de extorsiones y hasta planes de acciones terroristas. Ese día la fuerza pública se llevó una sorpresa. Habían perdido dinero en volantes donde exponían el rostro de un delincuente errado.

No obstante, el 10 de septiembre de 2010 un video saltó a la luz pública. Hernán Darío Velásquez coordinaba desde las profundidades de la selva el secuestro y asesinato del exgobernador del Caquetá Luis Francisco Cuéllar.

“Si nos encontramos con la policía, plomo y de frente”, ordenaba ‘El Paisa’ a un grupo de guerrilleros que lo observaban detenidamente.

Era la primera vez que se escuchaba su voz, la primera vez que el verdadero guerrillero se veía en acción. Una hoja de cuaderno, un mapa improvisado con lapicero diseñaba su ruta de ataque. “Tienen que llegar al último cuarto (de la casa del exgobernador) y ahí está el objetivo (Luis Francisco Cuéllar)”, decía sin pudor. Y la acción se ejecutó.

De 52 años, ‘Óscar Montero’- como también lo llaman- y quien pasó como sicarios de las comunas de Medellín, es sin alma, sin sentimiento. En San Vicente del Caguán, los pobladores- algunos agradecidos porque les ayudó a dirimir problemas- relatan que no perdona deslealtades o traiciones a su tropa. Y al interior de las Farc era el ‘cerebro’ que diseñaba ataques, como el desvío y aterrizaje sobre una carretera de un avión de Aires donde secuestraron al exsenador Jorge Eduardo Gechem.

El guerrillero- hoy en la mesa de diálogos de La Habana, Cuba- se volvió inmanejable. Y El ‘Mono Jojoy’, uno de sus primeros jefes terminó entregándolo a ‘Joaquín Gómez’, comandante del Bloque Oriental porque a Montero no lo controlaba nadie.

Al contrario, Gómez considera a ‘El Paisa’ como obediente. “Si hay alguien subordinado es ‘El Paisa’. Aquí no hay disidencias”, dijo el guajiro a la prensa en febrero de 2015.

En La Habana seguramente descansará. Los últimos años no fueron fáciles. Desmovilizados informaban a la Fiscalía General de la Nación que sus días eran amargos, no concluía una noche en un solo lugar y recogía su cama hasta tres veces.

Mientras sus víctimas del secuestro del edificio Torres de Miraflores, Casa Blanca, Altos de Manzanillo en Neiva; El Nogal, el avión de Aires, el secuestro de Ingrid Betancourt, el asesinato de los Diputados del Valle, entre otros, no olvidan su amargo pasado, ‘El Paisa’ se pasea en La Habana, Cuba, demostrando que está vivo y que contrario a lo que muchos piensan, jamás sintió miedo.

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