Dónde está la bolita
BUENAS MUCHACHAS

El regreso de Monica Lewinsky

Me la encontré por azar en YouTube dando una charla TED ,que para mí son algo así como la sabiduría en la red.

Me pareció tan extraño ver allí a Monica Lewinsky que en cuanto leí su nombre en el titulo del video, menosprecié su contenido. Antes de dar clic en cualquier otra cosa, sin embargo, algo me hizo detenerme a preguntar por qué daba por sentado que ella no tenía nada interesante que decir.

La respuesta que llegó a mí de manera confusa y desorganizada, mezcla frases que algo tenían que ver con un vestido azul manchado de semen y otro tanto con Bill Clinton recibiendo sexo oral, resultó ser que estaba convencida de que cualquier cosa que dijera “la lenguiski” tendría que ser un relato vulgar, un sex gate porno político titulado “happy vergei mister president” o algo así.

Caí en estado de shock, honestamente avergonzada. ¿Podía ser yo, la misma que escribe este blog, una mujer cualquiera de esas que condenan a la amante y liberan de toda responsabilidad al hombre casado?

Todo parecía indicar que sí. Ahí estaba yo sentada frente a mi computador despreciando lo que una mujer tenía para decir, solo porque hace veinte años medio mundo repitió hasta el cansancio que había tenido relaciones con el presidente de Estados Unidos, que él lo negó como todo un varón pero luego tuvo que aceptarlo cuando un vestido lo dejó en evidencia, y que su esposa Hillary cargó con escalofriante aplomo su cornamenta transformando la falta de pantalones de su marido, en un trampolín político.

Por supuesto en aquél entonces eso no fue lo que se dijo, pues todo se reducía a que un indefenso hombre de cincuenta años, el frágil presidente de los Estados Unidos, había sido seducido por una perversa y poderosa mujerzuela de veintidós que estaba decidida a desprestigiarlo y lo estaba logrando, pese a ser apenas una becaria no remunerada en la Casa Blanca.

Aunque es evidente quién tenía mayor responsabilidad sobre los hechos, el peso del escándalo mediático recayó en ella, y el bullying del cual fue víctima la obligó a cargar una vergüenza que no le correspondía, a esconderse cual ratón en madriguera y luchar por no llegar al punto de querer quitarse la vida.

De esto se trata su charla TED, pues tras haberse convertido en la primera gran víctima de una tecnología que ha hecho del escarnio público toda una industria, ahora Mónica Lewinksy dedica sus días a generar conciencia sobre la responsabilidad que tenemos al dar clic en una u otra publicación o señalar a otros cobardemente con el dedo.

¿Todo por qué? Por ser una mujer que se enamoró de su jefe, cosa que en realidad no ofrece ningún argumento para condenarla y que, por el contrario, pone en tela de juicio la ética laboral de éste.

Sin embargo, fueron pocos quienes le dieron la vuelta a esa tortilla, y el mundo dio por hecho que lo que debía ser condenado era el comportamiento de esa mujer solo por el hecho de ser mujer, del mismo modo en que parece hacerlo la misma Mónica, pues nada de esto dice en la charla y hasta parece convencida de merecer el juicio.

A quienes como ella crean que la reprimenda tuvo que ver con que su acción era en verdad condenable y no con que su género fuera el femenino, los invito a imaginar que Hillary sube al poder, que siendo presidenta decide acostarse con un becario de veintidós años, y que tras ser descubierta niega todo lo sucedido delante de su marido. Para agravarlo, imaginemos que el becario dice que todo se redujo a practicarle sexo oral en la oficina oval. De seguro esto no lo convertiría en un hombrezuelo maquiavélico y desvergonzado, y más bien hasta lo vuelve víctima de pedofilia. El primer damo preferiría cortarse la cabeza antes que mostrar su cornamenta, y es casi seguro que Estados Unidos tuviera por primera vez una ninfomanía o una prostituta de presidenta.

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