Una Catedral en el Bronx
Desde Pablo Escobar no se tenía noticia de hechos como la tortura de agentes del Estado por parte de las mafias.


En la última encuesta de percepción ciudadana “Cómo Vamos”, que le toma el pulso a 14 ciudades del país, los bogotanos son los que menos creen que la ciudad va por buen camino (30% vs Medellín con 78%). La gente ha perdido la fe y eso no es gratuito: tal vez nunca como en estos últimos años se ha hecho tanto daño a la ciudad por la polarización ni tampoco se ha frustrado tanta la ilusión de sus habitantes
Los dos ejes de tensión han sido, sin duda, movilidad y seguridad. No se ha logrado la integración plena del servicio de transporte, el metro es apenas un cheque simbólico, Transmilenio se volvió el bazar rodante más grande del país y tan inseguro como cualquier buseta de la 10, mientras que en las calles siguen pasando situaciones que prenden alarmasEn esos dos frentes es en donde se han hecho más promesas pero a la vez es donde están las mayores frustraciones
Por eso es grave lo que ocurrió la semana pasada en el Bronx donde dos agentes del CTI que buscaban a una persona desaparecida fueron secuestrados y torturados. Esa zona ya había sido intervenida a comienzos de 2013 luego de la muerte de un patrullero que se había infiltrado para ayudar a dar con los capos que manejan el negocio
El Bronx es apenas una de las seis ollas madres de venta y consumo de drogas, que a su vez son las grandes surtidoras de las 618 zonas de venta de estupefacientes de la capital según cifras recogidas por Paz y Reconciliación. Allí, a pocas cuadras del corazón del poder concentrado alrededor de la plaza de Bolívar, han muerto este año 30 personas y se cree que ocho más tienen qué ver con lo que allí se vende o se consume. “Ese negocio se maneja por medio de ‘marcas’, llamadas ganchos. En total son 28” dijo en Hora 20 hace unas semanas Ariel Ávila, un investigador que acusa al auge del sicariato en los barrios a “una guerra subterránea por las zonas de venta de drogas en diferentes puntos de la ciudad, que pocos perciben”
Intervenir el Bronx y el Cartucho demuestra no estar dando los resultados esperados. A la gente le queda la sensación de que todo se queda más en anuncios mediáticos que en medidas integrales, como pasa con las casas de pique en Buenaventura o las ollas del centro de Medellín. En estos casos se repite el modelo de la política antidroga del país: se fumiga con glifosato, pero las áreas sembradas de coca crecen
Desde la época de Pablo Escobar no se tenía noticia de esa gravedad, la tortura de agentes del Estado por parte de las mafias. Escobar llevaba a los Moncada a la Cárcel la Catedral a rendir cuentas del negocio de la droga. El Bronx no es una cárcel. Es peor
Ciertamente las Farc acaban de dar una pista sobre lo que pretenden en acuerdos sobre justicia: que sea la Comisión de la Verdad la que señale responsables del conflicto y a partir de ahí someterse a una alternativa de reclusión.




