El susto de Emilio Tapia en el búnker de la Fiscalía
Una de las visitas del excontratista a la sede central del ente acusador puso en rojo las alarmas.


El paso temporal por Bogotá, como parte del proceso de colaboración que a regañadientes cumple el excontratista del carrusel de contratos, Emilio Tapia, lo tiene en frecuentes visitas al Búnker de la Fiscalía. Ya resultó normal verlo custodiado con al menos siete guardias del Inpec armados en círculo y Tapia en el núcleo de esa coraza blindada. Al comienzo fue una novedad ver por los pasillos del Búnker el despliegue exagerado de seguridad a su favor, pero con las entradas y salidas se convirtió en parte del paisaje. Ni una sola alerta en sus traslados de la cárcel Picota al Búnker, eso hasta el pasado viernes
Después de cumplir una diligencia su grupo de escoltas lo vistieron con chaleco antibalas y arrancaron con el desfile armado hasta la salida; un estruendo puso a correr al personal de seguridad de uno de los edificios más custodiados del país. Un disparó sonó cuando Tapia abordaba el bus que lo llevaría de regreso a La Picota, el estruendo lo montó de dos pasos en el bus
Paso el agite y la seguridad del Búnker descartó un atentado y confirmó una imprudencia de un escolta de Tapia, un guardián del Inpec. El funcionario en su afán de subirse al bus, no se puso de acuerdo si descolgarse el pesado escudo blindado o asegurar su arma. Por error accionó el fusil que por fortuna apuntaba al suelo
Con la misma angustia buscó el proyectil en el piso pero el ruido fue tal que hasta los taxistas que esperaban afuera del Búnker ya eran testigos del único riesgo para Emilio Tapia por cuenta de quien precisamente lo cuidaba.




