Economía

Solo en cines y solo en Colombia

Llega el viernes en la noche, el día más vago de la semana, y alguien quiere estar en casa para ver una película.

De los hermanos Cohen. O al Chavo del Ocho, porque ya ni beberse una cerveza en la calle se puede. En búsqueda del Chavo o de “No es país para viejos” se atraviesan unas imágenes de protestas callejeras que ya no se sabe sin son de Kiev o de Caracas. De todas maneras son marchas contra un déspota

 Y llega el sábado, el día más improductivo de la semana, y se acaba el descanso de noticias porque en Twitter llega el extra de que en Mazatlán cayó el capo y chapo Joaquín Guzmán. Una película ya vista hace 20 años en Colombia: el capo más buscado del mundo es ubicado en Medellín por hablar por teléfono, como este mexicano; ambos buscan refugio en barrios de clase media y ambos rastreados con la ayuda de los agentes de la DEA

 Ese mismo día, cuando ya está bien de noticias, Daniel Coronell y Semana revelan que los correos privados del presidente de la República fueron “chuzados”. No es el primero ni será el último.  Álvaro Uribe ya lo sospechaba en la famosa frase Le voy a dar en la cara marica”. O pedía que lo grabaran

 En escena, esta vez, aparece de nuevo Fernando Botero, en el papel de marchand de los lienzos de su padre. En el papel anterior, del proceso 8 mil, Botero protagonizó el papel de buscador de fondos en el infierno para financiar la campaña presidencial de Samper y de paso ganarse una comisión, como en este caso de la venta de pinturas

 Y el domingo, el día que más se suicidan los macacos de Borneo, un atentado a la caravana de la candidata Aída Abella en Arauca, devuelve el casete a los años 80, en plena campaña presidencial, cuando asesinaron a  Jaime Pardo Leal, que también era de la UP, y Bernardo Jaramillo, y Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro, y también hablar de paz estaba de moda

 Y  antes de apagar el teléfono, el mensaje de una amiga revive una película diaria en Bogotá: “me atracaron el jueves en la noche, en la autopista Norte, viniendo de Chía. Me rompieron el vidrio del carro y con revolver me obligaron a entregarles todo. Hasta ahora tengo celular”.

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