Confianza
La confianza es lo que permite que pongamos nuestra vida en las manos de un piloto de avión, un conductor de bus, un cirujano o un policía. Confiamos en su conocimiento, experiencia y buena fe.
La confianza es lo que permite que pongamos nuestra vida en las manos de un piloto de avión, un conductor de bus, un cirujano o un policía. Confiamos en su conocimiento, experiencia y buena fe
La confianza es lo que permite que depositemos nuestros ahorros en un banco, encomendemos la educación de nuestros hijos a un colegio o universidad, compremos y vendamos cosas
"La confianza es lo que cohesiona a una sociedad, al mercado y a las instituciones", explica Manuel Castells en su excelente libro "Redes de Indignación y Esperanza. Los movimientos sociales en la era de Internet."En Colombia enfrentamos una creciente pérdida de confianza. En los últimos meses, tal vez años, hemos venido perdiendo confianza en instituciones, personas, empresas y servicios en que creíamos. La desconfianza se apodera poco a poco de nosotros. Y nadie parece darse cuenta. O a nadie parece importarle a pesar de lo grave y caro que le puede resultar a la sociedad una ciudadanía desconfiada. "Sin confianza nada funciona. Sin confianza, el contrato social se disuelve y la sociedad desaparece, transformándose en individuos a la defensiva que luchan por sobrevivir" , advierte Castells. Individuos desconfiados y a la defensiva, pero comunicados y coordinados por internet y las redes sociales, han tumbado dictaduras y gobiernos recién elegidos. Han desafiado viejos poderes establecidos. Corporaciones e instituciones todopoderosas han tenido que ceder ante fenómenos sociales como la Primavera Árabe, Indignados, Occupy Wall Street o Unidos por un Cambio Global
En la sociedad colombiana -desconfiada por naturaleza y tradición ante los desmanes del Congreso, el cinismo y corrupción gubernamentales, la indolencia de las autoridades y el abuso de grandes conglomerados-, empieza a germinar la desconfianza. Detrás, más temprano que tarde, vendrán las consecuencias.En Colombia no confiamos en los taxistas, las empresas de salud, las telefónicas celulares, los bancos, la justicia o la Policía. Desconfiamos de los curas, los educadores, los constructores, las aerolíneas, los supermercados. De jefes y empleados. Industriales y comerciantes. De los medios de comunicación. En Colombia, cada día se conectan más y más ciudadanos a internet y a las redes sociales. Personas que se comunican con otras personas que padecen sus mismas enfermedades, comparten las misma necesidades y les molestan las mismas cosas. Individuos que empiezan a ver cómo, al otro lado del mundo, otros individuos como ellos unidos alrededor de un mismo propósito lograron llamar la atención y cambiar las cosas. Los colombianos empezamos a darnos cuenta de que si nos unimos y actuamos coordinadamente es posible vencer al cinismo y mentiras de los políticos (Reforma a la Justicia), la indolencia de las autoridades (Rosa Elvira), la inequidad de la economía (Paro Cafetero), la desigualdad de la justicia (Agente de la DEA), el abuso de los poderosos y las trampas de los mercaderes (Claro/Comcel)
Colombia se está saturando de desconfianza. Los encargados deberían darse cuenta y empezar a corregir cosas. Después no digan que no se les avisó.




