Pakistán desafía a Estados Unidos y sigue adelante con el gasoducto con Irán
Estados Unidos observa de cerca este desafío a la política de presión económica contra Irán que, junto a los países europeos lleva a cabo.


Irán y Pakistán lanzaron hoy la construcción del tramo paquistaní de un gasoducto para unir ambos países, en un proyecto que supone un claro desafío a los intereses occidentales y de las monarquías árabes. La inauguración corrió a cargo del presidente paquistaní, Asif Alí Zardari, y su homólogo iraní, Mahmud Ahmadineyad, en una ceremonia que se celebró en la localidad iraní de Chabahar, cerca de la frontera común entre los dos países. El festejo, que contó con nutridas delegaciones de ambos estados, destacó también por la ausencia de los mandatarios de varios países de la región que habían sido invitados pero que declinaron el ofrecimiento, en un gesto que revela el trasfondo de la obra. A pesar de que las conversaciones entre ambos vecinos sobre la construcción de un gasoducto comenzaron hace casi veinte años, la compleja situación de la región ha hecho casi imposible a Irán poder llevar adelante un proyecto de gran importancia política. "Irán necesita vender y Pakistán necesita energía", simplifica el analista económico y exministro de Comercio paquistaní, Mohamed Zuber Khan, que sin embargo reconoce que el éxito de la empresa "dependerá en gran parte de la presión que ejerza Washington". Otros creen que el proyecto, cuya finalización está prevista para final de 2014, está abocado al fracaso en cualquier caso por las estrecheces financieras que azotan tanto a Islamabad como a Teherán. Ayer en el diario The News, el analista Farrukh Salim calificó la obra como "sueñoducto" debido a la falta de liquidez de ambos países y a la presión ejercida por Occidente sobre Irán, que ahuyentó a los posibles inversores y socios tecnológicos. Salim, sin embargo, reconoce que para el saliente Gobierno del Partido Popular de Pakistán, que afronta los comicios generales de mayo con dudas sobre su continuidad, el proyecto promete buenos dividendos políticos. El gasoducto con Irán, dice el analista, "molesta a los (norte) americanos, pero si fracasa se le podrá echar la culpa de ello a los siguientes que gobiernen en Islamabad en caso necesario". La escasez energética en Pakistán está casi totalmente relacionada con la escasez de hidrocarburos -en este país la electricidad se produce en buena parte con ellos-, y cualquier promesa de mejora en el suministro es garantía de apoyo popular. El trasfondo de las sanciones internacionales a Irán y el celo con el que Estados Unidos vigila a cualquier empresa que ose hacer negocios con el régimen de Teherán planea, sin embargo, sobre el que puede ser un precedente peligroso para los intereses occidentales. "Si el proyecto se finaliza levantará una seria preocupación a la luz de la Ley (estadounidense) de Sanciones contra Irán", afirmó este fin de semana a Efe la portavoz de la embajada de EEUU en Islamabad, Rian Harris. "Vigilaremos de cerca estos acontecimientos, incluyendo las empresas que están involucradas", prosiguió Harris, quien aseveró que Washington no dudará en actuar contra las compañías que violen el embargo económico a Teherán. Las amenazas estadounidenses han evitado la implicación de socios internacionales en el proyecto e incluso han ahuyentado a empresas paquistaníes como en Banco Nacional de Pakistán o la empresa pública de Petróleo y Gas, OGDCL. A quien no ahuyentó es al banco chino ICBC, que hace un año anunció que ayudaría a financiar la obra. Irán, ansioso por tirar adelante un gasoducto que le puede reportar pingües ingresos para su cada vez más escasa cuenta de resultados, financiará 500 millones de dólares a su socio paquistaní, cuyas arcas está aún en peor estado. Islamabad ha ofrecido como aval de pago la futura recaudación de 1.000 millones de dólares de una tasa sobre el gas que ha prometido implantar a los usuarios (la recaudación fiscal de todo el año pasado fue de 20.000 millones). Estados Unidos no es el único país que mira con malos ojos el proyecto, ya que tampoco gusta a las monarquías del Golfo Pérsico, en especial a Arabia Saudí, rival enconado de la teocracia iraní y segundo contribuyente en ayuda al desarrollo a Pakistán tras EEUU. Las suspicacias árabes han llevado a la ministra paquistaní de Exteriores, Hina Rabbani Khar, a reunirse en las últimas semanas con representantes de los países del Golfo para calmar sus ánimos y mantener un apoyo que resulta de vital importancia para Islamabad. De acuerdo con los cálculos oficiales reflejados por medios locales, se espera que el gasoducto permita la llegada de unos 21,5 millones de metros cúbicos diarios, pero ese flujo no permitiría cubrir ni de lejos las enormes necesidades energéticas del país




