El histórico Partido del Congreso recupera su presencia en toda la India en las elecciones
El Partido del Congreso cosechó sus mejores resultados electorales, un éxito que algunos en el partido ya atribuyen al "heredero" Rahul Gandhi.
Con una sólida implantación en todo el territorio indio, el Partido del Congreso cosechó hoy sus mejores resultados electorales desde 1991 y recuperó bancos de votos en estados considerados clave, un éxito que algunos en el partido ya atribuyen al "heredero" Rahul Gandhi. Según los resultados preliminares, el Congreso puede obtener 205 de los 543 escaños en juego, 60 más que en los comicios de 2004, y ha vuelto al ruedo en el poblado estado norteño de Uttar, espejo de la India y antiguo feudo de los Gandhi. "Las impresiones que nos habían dado nuestros militantes es que Rahul Gandhi, durante los últimos dos años y medio, ha trabajado mucho en la región, y confiábamos en que esto nos podría ayudar", dijo la ministra de Cultura, Ambika Soni, cuya trayectoria política está ligada a la dinastía Nehru-Gandhi. Soni se hizo así eco de los viajes que Rahul, de 39 años, ha hecho por Uttar y consideró que "los jóvenes, por primera vez, han mostrado entusiasmo electoral y han pensado en unirse a la política, todo gracias a Rahul Gandhi", según la agencia IANS. "Es una bocanada de aire fresco", convino un secretario general del partido, Tom Vadakkan. Fundado en el año 1885, el Partido del Congreso aglutinó la lucha por la independencia contra el Imperio Británico, obtenida en 1947, y ha gobernado el país durante cinco de las seis décadas transcurridas desde entonces, aunque su último mandato ha sido en minoría. En Uttar, estado lastrado por la pobreza y núcleo del llamado cinturón del hindi, el Congreso tan sólo tenía nueve escaños y ahora, según los resultados preliminares, contará con 21. Sigue siendo un resultado discreto para la mayor fuerza del país, ya que Uttar escoge a 80 diputados, pero reviste un gran simbolismo dado que era un feudo inexpugnable de la dinastía Nehru-Gandhi hasta hace tres décadas, cuando baronías regionales y partidos de castas la barrieron poco a poco del mapa político. "Uttar y (la vecina) Bihar solían ser el corazón de nuestra fortaleza y aquí es donde hemos sufrido un declive considerable", había admitido Rahul antes de las elecciones. Hoy mismo el primer ministro, Manmohan Singh, quien finalmente fue designado candidato por el partido para la reelección en lugar de Rahul, abrió la puerta a la posibilidad de que el "heredero" Gandhi y secretario general del partido obtenga una cartera en el nuevo Gabinete. Menos fueron las voces que achacaron la victoria a la honestidad y la imagen de moderación que transmite Singh, un economista de la minoría "sij" de carácter tranquilo y afable. Un analista de la agencia IANS, Amulya Ganguli, argumentó que "la impresión de compostura y responsabilidad" que ha dejado el Congreso en varias regiones ha sido una de las claves del éxito. El partido de los Gandhi ha cosechado excelentes resultados en estados como Rajasthan (oeste) o los norteños Haryana, Uttarakhand, Punjab e incluso Cachemira, en este caso de la mano de sus aliados de la Conferencia Nacional. Ha aguantado el tirón en estados del centro y el este donde el hinduista Bharatiya Janata Party (BJP) esperaba mejores resultados. Pero donde su estrategia electoral se ha mostrado más efectiva es en el sur indio: en Tamil Nadu sus aliados del Dravida Munnetra Kazhagam (DMK) se han impuesto a sus rivales, en Andhra el Congreso ha barrido contra todo pronóstico y en Kerala ha desbancado junto a otros partidos a los comunistas. La jugada también le ha salido de fábula en Bengala (este), el principal bastión comunista de la India junto a Kerala, ya que su coalición con una fuerza bengalí le ha dado un buen número de nuevos escaños. Todo ello unido a un proceso electoral exento de "contenido emocional", una condición indispensable para que el BJP logre excitar al voto hinduista, ha desembocado en la holgada victoria del Congreso. El partido se ha sacudido así la presión de los grupos regionales, que amenazaban con seguir desgastándole, y ha demostrado una vez más que domina el arte de la estrategia electoral. Pero también ha salido a relucir en su seno uno de sus vicios históricos, el de la adoración a la saga Gandhi, paradójicamente en unos comicios en que el candidato designado a primer ministro no pertenece a la familia.




