El fantasma
Enrique Santos, blanco físico en este episodio, y quien con suavidad dice lo siguiente en su columna dominical: “Quisiera creer (…) que se trata de un falso positivo noticioso, pero los detalles del caso son demasiado concretos y sé de la seriedad de los servicios de Inteligencia de la Policía”.
Por Néstor Morales El aún no superado escándalo de los falsos positivos ha dejado una huella dramática en la credibilidad del Ejército. Todo lo que haga o tenga que ver con él está manchado por la duda de la legitimidad. La noticia del atentado que las Farc preparaban contra el Ministro de Defensa Juan Manuel Santos y su hermano Enrique, ahora director de la SIP, y sus consecuentes reacciones, son un ejemplo del coletazo que dejó en el país la muerte de decenas de inocentes a manos de militares
Una noticia de esas, que debe ser cierta y comprobada, no ha merecido mayor despliegue en los medios de comunicación, ni siquiera en el diario de los afectados. El Tiempo, efectivamente, informó con modestia sobre la captura de los diez hombres de la guerrilla y sus planes terroristas, pero de ahí en adelante ha primado cierta tacañería para contar detalles o implicaciones de semejante proyecto, ya en marcha y a punto de ser ejecutado. Apenas una lánguida referencia en sus noticias interiores. ¿Será que la intención de matar al Ministro de Defensa ya no es importante en Colombia? ¿Qué pasaría si en otro país –España con la ETA o Inglaterra con el IRA- se descubriera un plan similar? Sospecho que todos sabemos la respuesta y todos entendemos la diferencia. Aunque es cierto que en Estados Unidas fabrican pruebas para invadir países, sólo aquí han sucedido falsos atentados contra candidatos en época de campaña electoral. Esa moda macabra de falsear la realidad usando como herramienta los peores procedimientos de las fuerzas militares, ha provocado este peligroso descreimiento institucional
Yo, que debo tener una elevada la dosis de masoquismo, tengo por hobby no sólo leer y consultar noticias en Internet, sino revisar los comentarios posteriores de oyentes y lectores. Y me declaro aplastado por la reacción general de atribuir ese atentado, en el que yo creo porque está metido el General Naranjo, a la línea de los falsos positivos
Las dudas y vacilaciones sobre el tema no provienen únicamente de transeúntes desprevenidos, de público desinformado o del reducto antiuribista que maneja la aceitada maquinaria de reacción ante las grandes noticias de los periódicos y la radio. Las dudas alcanzan inclusive al propio Enrique Santos, blanco físico en este episodio, y quien con suavidad dice lo siguiente en su columna dominical: “Quisiera creer (…) que se trata de un falso positivo noticioso, pero los detalles del caso son demasiado concretos y sé de la seriedad de los servicios de Inteligencia de la Policía”
Admitir eso, simplemente como posibilidad, habla ya del preocupante fantasma de la incredulidad, que se asoma cuando hay hechos de repercusiones políticas que rodean al Ministerio de Defensa
Están en mora de hacer algo, allá en el CAN, para recuperar la legitimidad perdida. Según Invamer-Gallup, en los últimos meses se ha duplicado el número de colombianos que creen que el Gobierno Uribe no es respetuoso de los derechos humanos. La tesis generalizada de que el atentado frustrado de Anapoima es otro montaje, un falso positivo electoral, es una perversión de la opinión pública, sí, pero también un campanazo de alerta en la carrera para recuperar el honor perdido
+++++++++++++++++++++++++++ Otro tema: Alfázar González, recién destituido Asesor Presidencial, esta haciendo circular un panfleto en Frontino, pueblo de su familia y donde su hermano es Alcalde, diciendo que “sigue asesorando Alcaldes y Gobernadores por toda Colombia”. Y que “sigo trabajando por la reelección de este gran Presidente Álvaro Uribe Vélez”. ¡O sea que en esas estaba cuando lo descubrieron y en esas sigue ahora desde el desempleo”! nmorales@caracol.com.co




