La generosidad del quisquilloso
El quisquilloso presidente de la Cote Suprema de Justicia, Francisco Ricaurte ha dado por superado un intendente que él mismo generó por quisquilloso y por ególatra.
El quisquilloso presidente de la Cote Suprema de Justicia, Francisco Ricaurte ha dado por superado un intendente que él mismo generó por quisquilloso y por ególatra. Le echó leña al fuego de las malas relaciones con el presidente Uribe por un asunto menor. Indignarse y embejucarse porque unos policías que cumplían su deber le dijeron que debían requisarlo, habla de su ausencia de modestia y de sentido del humor. El magistrado Ricaurte, como todo quisquilloso y además como todo paranoico, se imaginó que los policías de seguridad habían recibido una orden expresa del presidente Uribe para pararlo en seco e indisponerlo. Nadie distinto al magistrado Ricaurte se creyó eso. Porque todos imaginamos que los policías de un anillo de seguridad no saben qué es la Corte Suprema y menos aún saben quién es el magistrado Ricaurte. El quisquilloso magistrado Ricaurte, que ahora ha querido aparecer generoso al decir que entiende las disculpas que le ofrecieron y que quedan todos perdonados.




