El palabrero wayuu Ángel Amaya recibió la Gran Orden del Ministerio de Cultura
La Gran Orden fue entregada en reconocimiento a su importante labor como mediador en el campo de la política y la justicia dentro de las comunidades wayuu y alijunas.
En el marco del XXII Festival de la Cultura Wayuu de Uribia, capital indígena de Colombia, la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, le otorgó al palabrero Ángel Amaya la Gran Orden del Ministerio de Cultura, en reconocimiento a su importante labor como mediador en el campo de la política y la justicia dentro de las comunidades wayuu y alijunas. Durante más de 50 años este palabrero ha fomentado la paz entre las comunidades indígenas situadas en el territorio de la Guajira Al recibir el reconocimiento, “El palabrero” Amaya se mostró contento al creer que las costumbres y tradiciones wayuu no van a morir, sobretodo una tan importante como la del Palabrero, que busca guardar la convivencia pacífica de los pueblos. La Institución del Palabrero Wayuu fue reconocida como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional en 2004, razón por la cual el Ministerio de Cultura se comprometió a prestar asesoría técnica y permanente acompañamiento a la comunidad en el diseño, ejecución y supervisión de las actividades que propendan por la salvaguardia de dicha expresión
Según el Director de Cultura de la Guajira, Rubén Magdaniel, “Ángel Amaya y los demás palabreros son quienes dirimen los conflictos y evitan los problemas entre los integrantes de las diferentes etnias que habitan la región”. El Festival de la Cultura Wayuu, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2006, es el principal evento cultural del Departamento de La Guajira. Se viene celebrando desde 1985 en Uribia, con el objetivo de reafirmar los valores culturales y ancestrales de la etnia wayuu, a través de la confluencia de las diferentes manifestaciones creativas de su universo. Sobre Ángel Amaya Nació el 29 de octubre de 1929 en Tocupe, una ranchería del clan Uliana situada a unos treinta kilómetros de Riohacha. Se inició como palabrero aprendiendo el oficio de su tío materno cuando apenas tenía 18 años. A sus 78 años se enorgullece al decir que lleva seis décadas llevando incesantemente la paz a los vecindarios indígenas situados en las repúblicas de Colombia y Venezuela. Se le considera un palabrero completo. Puede dedicar sus esfuerzos a concertar un matrimonio llevando las palabras de un joven enamorado a los familiares de una mujer prestigiosa, resolver un sinuoso litigio de tierras o poner fin a una cruenta guerra entre miembros de dos linajes indígenas. En su ancestral oficio recorre todo el territorio Guajiro y solo sale de él para restaurar las relaciones rotas por las desavenencias humanas. No se ha enriquecido materialmente con su oficio, pues dedicarse a arreglar los problemas ajenos implica en ocasiones descuidar el propio rebaño. Su prestigio, sin embargo, aumenta con cada caso conciliado y su nombre es pronunciado con respeto en el extenso territorio guajiro. Asegura que el conflicto es algo inherente a la vida del hombre en una comunidad. Amaya aún se encuentra activo como palabrero y su nombre es un referente obligatorio para los jóvenes wayuu que se inician en este arduo y altruista oficio.




