¡Que gobierne Juanes!
De la épica a la tragedia; así es Colombia y así es su frontera con Venezuela. El contraste de hazaña y derrota es el concierto Paz sin Fronteras y su escenario, el puente Simón Bolívar en la autopista internacional Cúcuta-San Antonio.
De la épica a la tragedia; así es Colombia y así es su frontera con Venezuela. El contraste de hazaña y derrota es el concierto Paz sin Fronteras y su escenario, el puente Simón Bolívar en la autopista internacional Cúcuta-San Antonio. La estructura de 123 metros de longitud, el río Táchira que pasa por debajo y las playas del afluente constituyen la entrada al país. En la segunda semana de marzo pasado el lugar fue sometido a un cambio extremo pero pronto volvió a ser el muladar de siempre sin importar que por allí pasa el 60 por ciento de las exportaciones colombianas y que a menos de 2 kilómetros de alli nació el general Santander y se redactó en 1.821 la constitución politica que dio vida a la Gran Colombia, el sueño unificador de Bolívar. Tres meses después volvimos a la frontera para ver, con los mismos ojos que presenciaron el concierto, qué quedó del evento y la conclusión es que no hay una herencia material y concreta que haya mejorado las condiciones del lugar o de sus habitantes. La maleza se apoderó del terreno, el río recuperó las playas que le usurparon; el puente volvió a ser la sucia y desvencijada estructura por la que transitan refugiados, deportados, inmigrantes, guerrilleros, paramilitares, Águilas Negras, turistas que van hacia el aeropuerto de San Antonio, mulas del narcotráfico y miles de ciudadanos que mercan a bajo costo en las poblaciones tachirenses, amen de otros miles de protagonistas y de historias que deambulan por allí. El puente tiene varias connotaciones, tantas como diversas; fue lugar de varias cumbres presidenciales en el siglo XX; es un camino de rebusque de 123 metros para empleos que solo subyacen aquí, bicicleteros, maleteros, pimpineros y maneros (cambistas de bolívares); el puente sirve de lugar de las entregas de delincuentes al Das; compone el puerto seco más obsoleto y caliente del país y es hoy de nuevo, ya sin el glamour que significaron Juanes, Miguel Bosé, Sanz y los otros artistas el sitio más feo del área metropolitana de Cúcuta. La playa del río Táchira, del lado colombiano, que todos creían de la nación, ahora es reclamada por alguien. Al sitio le apareció dueño y el personaje, hasta ahora en el anonimato, asegura tener los títulos de propiedad revela la alcaldesa de Villa del Rosario, Emperatriz Misse Millán. Atras quedó la idea de construir un parque como lo sugirió Juanes. La viuda del ex presidente Julio Cesar Turbay, la cucuteña Amparo Canal, recomienda que el puente vuelva a vestirse de gala en diciembre para efectuar una meganovena navideña binacional. El consul de Colombia en San Antonio, Carlos Alberto Barros Mattos anuncia que en el otro puente de la frontera colombo-venezolana, el Francisco de Paula Santander, se hará un festival vallenato el 20 de julio próximo. El puente estuvo de moda y ya no lo está. Los colombianos le pasamos la cuenta de cobro de lo que significa una de nuestras característias, vivir a plenitud la euforia del momento y luego experimentar la resaca del guayabo; hoy los reflectores de las camaras y de la opinión pública enfocan un sitio en donde ocurre una coyuntura pero a las pocas horas la función debe continuar en otro sitio. Entonces se apagan las luces del espectáculo y nada queda en términos de progreso para los lugareños. Eso sucedió con La Parada,y lo mismo ocurrió con el Caguán y el proceso de paz de las Farc, con Ralito y la concentración de los ex jefes paras, la "Catedral" y la estadia y fuga de Pablo Escobar y tantos otros lugares que como Macondo brillaron y desparacieron sin que sus habitantes o vecinos hayan visto una transformación positiva del entorno. Como dijo un vendedor informal de La Parada: "Para ver otra vez el puente bonito tocará mirar el video del concierto". Y tiene toda la razón veremos el concierto una y otra vez y tocará hacerlo en las copias piratas que venden en Cúcuta porque hasta hoy no hay un registro oficial del espectáculo pues éste terminó siendo de nadie; como parecen serlo La Parada, el puente y la frontera. Por Juan Carlos Ordóñez




