Quién Dijo qué?
Otros datos debe tener el gobierno para haber hecho las maromas recientes que pueden ser tardías. Hablo del anuncio de la libertad sin cortapisas de guerrilleros. Y hablo también de la idea de llevarlos a vivir fuera si es del caso, todo a cambio de que nos devuelvan a los secuestrados que ya llevan seis, ocho, diez años, en los pantaneros de las selvas. Algunos otros datos –más luctuosos y definitivos—deben tener en Palacio para haber llegado a este puerto inédito en la dura política de Uribe de no dar el brazo a torcer. <br />Y en todo este desgarramiento, aparece la novela. La ficción. La fantasmagoría. La presencia espectral de Ingrid Betancur cubierta con un sobretodo verde oliva, debajo de un diluvio apocalíptico, rodeada de doscientos guerrilleros, pertenece a la leyenda. Pertenece a ese vicio humano, tan radicado en Colombia, de yo no ví, yo no oí, yo no leí, sino que me dijeron que habían visto, que habían oído, que habían leído. ¿Quién dijo, quien vio, quien oyó? Nadie-nadie-nadie. Fue que quien me dijo no me dijo que él hubiera visto, sino que le dijeron que habían visto. O que le contaron que habían oído. O que le dijeron que le dijeron que alguien había oído que otros habían visto. <br />
Otros datos debe tener el gobierno para haber hecho las maromas recientes que pueden ser tardías. Hablo del anuncio de la libertad sin cortapisas de guerrilleros. Y hablo también de la idea de llevarlos a vivir fuera si es del caso, todo a cambio de que nos devuelvan a los secuestrados que ya llevan seis, ocho, diez años, en los pantaneros de las selvas. Algunos otros datos –más luctuosos y definitivos—deben tener en Palacio para haber llegado a este puerto inédito en la dura política de Uribe de no dar el brazo a torcer. Y en todo este desgarramiento, aparece la novela. La ficción. La fantasmagoría. La presencia espectral de Ingrid Betancur cubierta con un sobretodo verde oliva, debajo de un diluvio apocalíptico, rodeada de doscientos guerrilleros, pertenece a la leyenda. Pertenece a ese vicio humano, tan radicado en Colombia, de yo no ví, yo no oí, yo no leí, sino que me dijeron que habían visto, que habían oído, que habían leído. ¿Quién dijo, quien vio, quien oyó? Nadie-nadie-nadie. Fue que quien me dijo no me dijo que él hubiera visto, sino que le dijeron que habían visto. O que le contaron que habían oído. O que le dijeron que le dijeron que alguien había oído que otros habían visto. Lo que se dice un chisme. Tal vez es solo eso: un chisme de vereda que se volvió un chisme de municipio y que cogió fuerza de chisme nacional y traspasó los límites de frontera. Puede ser. Creo que eso es. Pero que la hayan visto o no, que hayan oído que sí la vieron pero que nadie diga yo la ví, no le resta dramatismo a la presunción de gravedad de la secuestrada. Ni a lo terminal que deben estar todos, todos, tras toda una vida a la intemperie viviendo como las ranas. Y alimentándose como las serpientes.




