Los topillos le hacen la vida imposible a los agricultores de España
Más de 750 millones de estos pequeños roedores, "una mezcla entre topo y ratón", han arrasado más de 500.000 hectáreas de cultivos, explicó a Efe el secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) de Castilla y León, Julio López.
Los agricultores de toda la región de Castilla y León, la más extensa de España, están viviendo un verano "catastrófico" por culpa de un enemigo diminuto, un roedor llamado "topillo", que les está haciendo la vida imposible. Más de 750 millones de estos pequeños roedores, "una mezcla entre topo y ratón", han arrasado más de 500.000 hectáreas de cultivos, explicó a Efe el secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) de Castilla y León, Julio López. Además, coincidiendo con la plaga, se han presentado varios casos de tularemia, un mal que transmiten estos roedores (Pitymys duodecimcostatus) y que presenta síntomas semejantes a los de un proceso infeccioso. La situación, "lejos de remitir, se va acentuando", dijo López, porque estos animales "se reproducen a un ritmo vertiginoso" haciendo que se multipliquen los perjuicios económicos en la agricultura. La situación empezó a ponerse fea en noviembre pasado cuando los labriegos observaron un número elevado de topillos que pululaban por unas 30.000 hectáreas de los campos de Castilla. La invasión de los roedores fue creciendo mientras las organizaciones de agricultores desconocían su origen: "Nadie nos ha explicado de dónde han venido y cómo se han encontrado grupos de animalillos en zonas distintas, a 200 kilómetros de distancia", dijo López. La alarma de los agricultores llegó hasta el Gobierno regional castellano-leonés, aunque las autoridades, según el presidente regional de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), Donaciano Dujo, creyeron que las heladas del invierno acabarían con los topillos. Pero el invierno no trajo temperaturas extremas y los topillos siguieron reproduciéndose a sus anchas, de modo que el 19 de febrero pasado el Gobierno regional declaró oficialmente la existencia de una plaga. Los topillos pasaron de estar en una zona muy localizada a expandirse por las nueve provincias de la región de Castilla y León, explicó el directivo de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) Miguel Blanco Suaña. La plaga ha afectado cultivos de trigo, cebada y alfalfa y los agricultores temen que también se propague a las huertas de regadío donde hay remolacha, patatas, hortalizas y viñas. El daño económico ocasionado por la invasión de roedores, calculado por COAG Y ASAJA, asciende a unos 40 millones de euros (54,4 millones de dólares) sin contar los costes del tratamiento para controlar la plaga. El secretario general de la UPA dijo que los topillos, que tienen una gran capacidad de adaptación al medio urbano, pueden verse paseando por los parques, jardines y calles de los pueblos, incluso dentro de las casas. Los topillos no dan tregua y en los últimos días -como dijo Julio López- ya han sido vistos en una zona residencial de la ciudad de Valladolid. La preocupación se ha trasladado a otras regiones, como La Rioja y Castilla-La Mancha, limítrofes con Castilla y León, al haberse comprobado un aumento de los topillos en sus campos. Tanto, que el Ministerio de Agricultura y las autoridades en las zonas afectadas han acordado una serie de medidas como quemas de rastrojos, limpieza de cunetas donde se refugian los animales y tratamientos químicos. El tratamiento con productos químicos para controlar la plaga ya fue intentado; los agricultores fumigaron 20.000 hectáreas con un veneno que mató algunos topillos, pero también acabó con liebres, conejos y palomas. Pero este método suscitó una encendida polémica, pues diversos grupos ecologistas desaconsejaron el uso del veneno por los posibles efectos adversos sobre la salud y la fauna silvestre. Sea como sea, la plaga es causa de alarma social y de 88 casos de tularemia confirmados oficialmente. Las autoridades sanitarias atribuyen una veintena de estos casos al contagio por los topillos. Mientras tanto, la población se las arregla como puede contra los roedores, como en la localidad vallisoletana de Fresno el Viejo, donde los vecinos han llegado a recoger hasta 3.000 topillos muertos cada día, muchos de ellos por los propios niños del pueblo.




