Víctimas de los paramilitares en Antioquia declaran ante la Comisión Nacional de Reparación
Más de cuatro horas, tres de ellas a caballo, tardó don Adolfo Toro Romero para llegar desde su rancho en una apartada zona rural de Turbo, en el Urabá antioqueño, a la institución educativa Eduardo Espitia de Necoclí, para formular su declaración como víctima de las autodefensas
por Ferney Arias JiménezMás de cuatro horas, tres de ellas a caballo, tardó don Adolfo Toro Romero para llegar desde su rancho en una apartada zona rural de Turbo, en el Urabá antioqueño, a la institución educativa Eduardo Espitia de Necoclí, para formular su declaración como víctima de las autodefensas.Con 60 años de edad, Toro Romero alberga la esperanza de recibir alguna compensación por el asesinato en mayo de 1995 de un hijastro suyo, que contaba entonces con 22 años.El labriego relató a Caracol Radio, con rostro apesadumbrado, que el hijo de su mujer fue tomado por la fuerza en el sitio El Guafe, cuando venía del Chocó, se lo llevaron en una camioneta y desde entonces está desaparecido.Recordó que en algún tiempo, cuando los paramilitares merodeaban la zona donde él vivía, debió vender sus tierras y salir como desplazado a Chigorodó con su esposa tres hijos y un hijastro; allí estuvo año y medio, y luego cuando todo se calmó regresó.Contó que se enteró de la jornada de atención a víctimas de las autodefensas a través de la emisora filial de Caracol Radio en Turbo, que es la única emisora que entra y suena bien en el lugar donde reside.Casi diez horas después de iniciar su jornada y ser atendido por el personal de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación don Adolfo, con una expresión poco optimista, estimó lejana la posibilidad de obtener una compensación, pues además de llenar los formularios le aconsejaron conseguir un abogado para que se apodere del caso.Con sombrero vueltiao, poncho y botas pantaneras, don Adolfo Toro abandonó el sitio de atención y al despedirse explicó que debía apurarse para tratar de alcanzar un vehículo, tal vez el último de la jornada, que lo llevaría hasta el lugar donde dejó su caballo, pues no desea ser presa de la noche ya que dos mordeduras de serpientes "mapaná" que ha sufrido en sus labores de campo lo han dejado medio ciego.




