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Francia se dispone a elegir un nuevo presidente, con grandes poderes

Los franceses están convocados a las urnas los próximos días 22 de abril y 6 de mayo, en primera y segunda vuelta, para elegir un nuevo jefe de Estado, que será el vigésimo tercero de los últimos 159 años, aunque quienes más poderes han ostentado son los cinco de la actual V República

Los franceses están convocados a las urnas los próximos días 22 de abril y 6 de mayo, en primera y segunda vuelta, para elegir un nuevo jefe de Estado, que será el vigésimo tercero de los últimos 159 años, aunque quienes más poderes han ostentado son los cinco de la actual V República.
Esos poderes excepcionales están definidos en la Constitución francesa de 1958, a la que el general Charles de Gaulle imprimió su impronta.
Muchos aspirantes a la máxima función del Estado francés -como ahora hacen la socialista Ségoléne Royal o el centrista Francois Bayrou, que abogan por una VI República y que el próximo lunes iniciarán la campaña electoral junto a los otros candidatos presidenciales- criticaron en el pasado los poderes que la V concede al "inquilino" del Palacio del Elíseo.
Aunque sin querer cambiar de República, el conservador Nicolas Sarkozy también aboga por introducir reformas en la actual Carta Magna para dar más peso al Parlamento en la toma de decisiones.
Pero, una vez en el cargo, ninguno de los sucesores de De Gaulle (1958-1969) ha cuestionado el rol preeminente de las funciones de presidente, que no tiene parangón con los poderes de que dispone la mayor parte de sus homólogos europeos.
Salvo Georges Pompidou (1969-1974), todos los presidentes de la V República criticaron, cuando eran candidatos al Elíseo, los poderes a los que luego se aferraron.
En las hemerotecas quedan la queja de Francois Mitterrand (1981-1995) contra el "golpe de Estado permanente" de De Gaulle, la crítica de Jacques Chirac (1995-2007) a la "deriva monárquica" de Mitterrand o el "ejercicio solitario del poder" que Valery Giscard d'Estaing (1974-1981) atribuyó al mítico general.
Sin embargo, una vez en el palacio que un día fue de Madame de Pompadour, la influyente favorita del rey Luis XV, esos "peros" desaparecieron.
A la inversa que en la IV República, en la que el jefe de Estado era una figura honorífica, la V subordina el poder legislativo al ejecutivo y, dentro de éste, da primacía al presidente sobre el Gobierno.
Así, el presidente es el garante de la Constitución, de la continuidad del Estado, de la integridad del territorio y de la independencia nacional, al tiempo que supervisa el respeto a los tratados firmados por Francia y nombra los embajadores.
El cargo lleva aparejadas otras prerrogativas excepcionales, como la posibilidad de convocar referendos o disolver la Asamblea Nacional (cámara de diputados), con el consiguiente adelanto de elecciones.
Desde 1958, se han convocado diez referendos por esa vía, de ellos la mitad por De Gaulle, quien dimitió tras perder una consulta sobre la regionalización y la reforma del Senado, el 27 de abril de 1969.
El último lo organizó Chirac y también lo perdió: fue el referéndum del 29 de mayo de 2005 sobre la Constitución europea, en el que el "no" cosechó el 54,7 por ciento de los votos.
En cuanto a la Asamblea Nacional, ha sido disuelta cinco veces desde 1958, dos por De Gaulle, dos por Mitterrand y una por Chirac, en 1997, lo que supuso otro de sus fracasos más sonados, al perder la mayoría con la que contaba en el Parlamento y abrir la puerta a la cohabitación con el Gobierno de izquierdas de Lionel Jospin.
El presidente dispone también de "poderes excepcionales" definidos en el artículo 16 de la Constitución en caso de que las instituciones, la independencia de la nación, la integridad del territorio o la ejecución de los compromisos internacionales estén amenazados.
Esta prerrogativa ha sido aplicada una única vez y lo hizo el general De Gaulle, de abril a septiembre de 1961, en el momento más difícil de la guerra de Argelia.
Aunque poco utilizados, esos poderes discrecionales y propios del jefe de Estado, entre los que se incluye el famoso maletín nuclear, no necesitan autorización de nadie para ser ejercidos.
El estatuto penal del jefe del Estado tiene también un capitulo aparte, que ha sido retocado recientemente en la Constitución.
La reforma, prometida por Chirac, consagra la inmunidad del presidente de la República, pero instaura un procedimiento de destitución parlamentario en caso de falta a sus deberes "incompatible con el ejercicio de su mandato".
El cargo de presidente de la República francesa lleva aparejado otros títulos pintorescos heredados del Antiguo Régimen, como copríncipe de Andorra, canónigo de honor de San Juan de Letrán, protector de la Academia Francesa de la Lengua y Gran Maestro de las Ordenes Nacionales.

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