Usan ecuaciones matemáticas para el diagnóstico de enfermedades cardiacas
Un grupo de científicos del Centro de Investigación e Innovación en Bioingeniería de la Universidad Politécnica de Valencia lidera un proyecto informático basado en el empleo de ecuaciones matemáticas que permitirá mejorar el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cardiacas.
Un grupo de científicos del Centro de Investigación e Innovación en Bioingeniería de la Universidad Politécnica de Valencia lidera un proyecto informático basado en el empleo de ecuaciones matemáticas que permitirá mejorar el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cardiacas. El equipo, dirigido por los profesores José María Ferrero de Loma-Osorio y Francisco Javier Sáiz Rodríguez, centra sus trabajos en la simulación del comportamiento eléctrico de las células del corazón. Subvencionado por el Ministerio de Educación y Ciencia, este proyecto se basa en la simulación y la elaboración de modelos de la actividad eléctrica de las células del cuerpo humano mediante la aplicación de planteamientos matemáticos. A partir de la resolución de sistemas de ecuaciones, los científicos valencianos han desarrollado un programa informático que simula el comportamiento del corazón y permite entender mejor el origen de patologías cardiacas como las arritmias o la isquemia miocárdica para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y hasta la prevención. Según explicó el profesor Ferrero, actualmente estas patologías se estudian a través de electrocardiogramas, de modo que la información que se obtiene se corresponde con la manifestación de la dolencia en la superficie del cuerpo del paciente. "Nuestro programa -añadió- permite relacionar la señal electrocardiográfica captada en la superficie con lo que ocurre en el interior del corazón del paciente, de modo que el facultativo dispondrá de una información más completa a la hora de establecer su diagnóstico y tratamiento". Además de ayudar a mejorar los diagnósticos, este sistema de simulación matemática ayudaría también a perfeccionar las actuales terapias de electroestimulación -que se aplican a pacientes crónicos-, lo que redundaría en una reducción de los daños en el paciente. Se podría conocer, de este modo, con mayor precisión la zona nerviosa afectada por la estimulación e incluso cuál sería la forma de onda adecuada que se debería aplicar para un tratamiento más eficaz del dolor.




