Alberto es el nuevo rey de los monegascos
La ampliación urbanística del angosto territorio de Mónaco y su consolidación como plaza financiera internacional son los retos que debe afrontar Alberto II, que culminó el proceso de entronización para convertirse en titular del Principado
La ampliación urbanística del angosto territorio de Mónaco y su consolidación como plaza financiera internacional son los retos que debe afrontar Alberto II, que culminó el proceso de entronización para convertirse en titular del Principado. Se trata de un Estado que se extiende en doscientas hectáreas y que carece de materias primas en su suelo, por lo que cuenta con dificultades físicas objetivas para su desarrollo económico. Sin embargo, algunos de los príncipes que Mónaco ha tenido en su historia han hecho de la necesidad virtud y han tomado medidas para favorecer la riqueza del micro-Estado. El pionero fue Carlos III, que en 1856 favoreció la creación de la "Société de Bains de Monaco", embrión de la explotación turística de este enclave mediterráneo, con vistas a las clases pudientes. Algunos años más tarde se fundó el casino local, con tanto éxito de ingresos que permitió poco después que los monegascos se vieran exentos de pagar impuestos. El otro nombre propio en el desarrollo de Mónaco ha sido Rainiero III, que gobernó entre 1949 y el pasado 6 de abril, cuando falleció tras dejar el Principado en una posición sólida financieramente, sin deuda pública. Con Rainiero Mónaco ha incrementado el veinte por ciento sus dimensiones, gracias al complejo sistema de ganar espacio al mar. Ello llevó a la construcción del barrio de Fontveille, de veintidós hectáreas e inaugurado en 1981, con zonas empresariales, un puerto de recreo, viviendas y un centro deportivo, así como a la edificación en otras zonas de inmuebles que están parcialmente por debajo del nivel del mediterráneo o al muelle flotante del puerto construido en España y que entró en servicio hace pocos años. Con el dato relevante de que las obras públicas se llevan un tercio del presupuesto monegasco, la previsión es que Alberto II siga la línea de su padre e incluso el ministro de Estado (primer ministro), Jean-Paul Proust, ha confirmado que los próximos proyectos "serán objeto de un concurso internacional". Miembro de la ONU desde 1993 e integrado en la zona euro, el Principado se ha distinguido por una fiscalidad poco agresiva, que hace que los residentes no paguen impuestos (con la excepción de los nacionales franceses). Los residentes son 32.000 personas de más de un centenar de nacionalidades, de los que cerca de 7.000 tienen la monegasca, aunque en el Principado trabajan cada día 42.000 personas. Mónaco basa su economía en las finanzas, ya que allí tienen sede más de sesenta entidades entre bancos y sociedades de inversión, con unos activos en torno a los 59.300 millones de euros el pasado 31 de diciembre. En total hay casi 4.500 empresas, que incluyen un tercio de pequeños comercios al detalle y profesionales liberales. El año pasado el volumen de negocios del sector privado monegasco alcanzó los 9.815 millones de euros, con un incremento del 6,75 por ciento en relación con el ejercicio precedente y, del total, el comercio internacional representa el 27,3 por ciento de la cifra de negocio del Principado. El turismo, en general de elite, es otro elemento económico de interés (quince por ciento del negocio), con más de 250.000 visitantes el año pasado, atraídos por factores como el mar y el clima, el "glamour" generado por los Grimaldi y actividades deportivas relevantes, como el Gran Premio de Fórmula Uno y el torneo internacional de tenis. La mala fama que en ocasiones tiene el Principado en cuanto a la opacidad de sus compañías y el especial tratamiento fiscal preocupa a Alberto II, quien en varias declaraciones públicas ha subrayado que piensa luchar contra cualquier asomo de delito. "Ahora tenemos todos los instrumentos jurídicos para luchar eficazmente contra las transacciones financieras dudosas y contra el blanqueo de dinero", dijo el jefe de la casa Grimaldi, que se ha declarado "intransigente" en ese terreno. Alberto II ha afirmado que no ve "obstáculos para conjugar dinero y ética" y su consejero de Finanzas, Patrick Biancheri, ha recordado que las operaciones en el Principado cuentan con el aval de los organismos internacionales, como el FMI y el GAFI. Para llevar adelante sus proyectos Alberto II quiere contar con personas de su generación y con un currículum económico, como ha hecho con su flamante jefe de gabinete, Jean-Luc Allavena, hasta ahora alto dirigente del grupo editorial y de comunicación francés Lagardére, lo que ya indica que la actividad empresarial seguirá siendo el motor del Principado. Otro de los nuevos nombres es el propio Biancheri, con experiencia en el mundo bancario y asegurador y que, como Allavena, es de familia monegasca, lo que abre paso a una generación de mediana edad y directamente vinculada al Principado, al margen de la tradicional tutela francesa.




