Bush y Blair, dos aliados divididos sobre grandes temas del G-8
El presidente de EEUU, George W. Bush y el primer ministro británico, Tony Blair, analizarán en Washington esta semana los temas de la próxima cumbre G-8 y que dividen a ambos gobiernos, como el calentamiento global y más ayuda para Africa
El presidente de EEUU, George W. Bush y el primer ministro británico, Tony Blair, analizarán en Washington esta semana los temas de la próxima cumbre G-8 y que dividen a ambos gobiernos, como el calentamiento global y más ayuda para Africa. Se trata de la primera visita a Washington del primer ministro británico desde que ganó la reelección el mes pasado, y se produce en momentos en que su partido ha visto mermada su mayoría en el Parlamento, debido en parte a su cercanía con Bush. La reunión entre Bush y Blair, el próximo martes en la Casa Blanca, también tendrá lugar mientras el mandatario estadounidense afronta, él mismo, una lucha cuesta arriba en el Congreso por la aprobación de sus prioridades nacionales. La evolución de la posguerra en Irak, Oriente Medio y los grandes temas de la cumbre del G-8 en Escocia el mes próximo -como el calentamiento global y la pobreza en Africa- ocuparán buena parte de la agenda que discutan ambos, según fuentes de la Casa Blanca. La cumbre reunirá a los líderes de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Canadá, Japón y Rusia, en Gleneagles (Escocia), del 6 al 8 de julio próximos. Blair, un aliado clave de EEUU en la guerra contra Irak y la lucha antiterrorista, llegará a Washington con la idea fija de convencer a Bush sobre la necesidad de ampliar las ayudas para combatir la pobreza en el continente africano. Aunque viene cargado de optimismo, según ha manifestado su oficina en Downing Street, Blair no podrá eludir las reservas de Washington en torno a su plan de alivio para los africanos, en concreto su idea de que los líderes de los países más industrializados tripliquen su ayuda. Blair ha propuesto que los países ricos contribuyan con 25.000 millones de dólares adicionales al año y la cancelación de la deuda de los países pobres en el Africa subsahariana. La respuesta de EEUU refleja que aún los buenos amigos pueden tener desacuerdos: ambos países coinciden en que Africa necesita ayuda pero no logran consenso sobre cómo hacerlo y su cuantía. El reto del martes próximo y durante la cumbre del G-8 será conciliar las posiciones divergentes entre la reticencia de Bush y el ambicioso plan de Blair, teniendo en cuenta que Estados Unidos considera que ya ha hecho lo suficiente por Africa. Sin ofrecer cifras concretas, el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, dijo recientemente que "hemos triplicado la asistencia a Africa desde 2001" y que Estados Unidos ha sido un líder en la ayuda para el desarrollo de ese continente. El Gobierno de Bush se opone a la creación de un nuevo instrumento financiero internacional, que utilizaría los mercados internacionales de capitales para aumentar la ayuda a los países pobres. El miércoles pasado, Bush no pudo ser más claro cuando dijo que no apoya la idea de crear ese instrumento financiero -que ya se presenta como un Plan Marshall para Africa- porque "no encaja con nuestro proceso presupuestario". Esa negativa se suma a la ya consabida posición de EEUU en contra de la venta de oro del Fondo Monetario Internacional (FMI) para reducir la deuda de los países en vías de desarrollo. Blair tampoco tendrá mejor suerte en su campaña de persuasión para que Estados Unidos se comprometa a reducir aún más las emisiones de los gases causantes del efecto invernadero, como parte de un esfuerzo por atajar el calentamiento global. De hecho, el Gobierno de Washington se ha negado a ratificar el Tratado de Kioto para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2). En este encuentro, al menos, Blair tiene mucho más que perder que Bush, ya que el primer ministro británico ha invertido parte de su capital político -y ha puesto en juego su reputación- en torno al plan de ayuda a Africa, según analistas. Su reciente gira por Italia, sumada a las que pronto realizará por Francia, Alemania y Rusia, reflejan la urgencia que ha puesto su Gobierno en la cumbre escocesa. Por ahora, los vientos no soplan a favor de Blair, toda vez que, encima, el clima político se ha complicado con el rechazo de Francia a la constitución de la Unión Europea.




