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Europa e Israel recuerdan hoy el holocausto nazi

Con el ulular de las sirenas y un paro general de dos minutos, comenzó hoy, jueves, una jornada de luto por las víctimas del holocausto y en memoria de los que se rebelaron contra la represión nazi en la segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Con el ulular de las sirenas y un paro general de dos minutos, comenzó hoy, jueves, una jornada de luto por las víctimas del holocausto y en memoria de los que se rebelaron contra la represión nazi en la segunda Guerra Mundial (1939-1945).
El primer ministro Ariel Sharón realizará hoy en Polonia con otras 18.000 personas, la mitad de ellas no judías, la "Marcha de la vida" entre los campos nazis de Auschwitz y Birkenau, coincidiendo con el 60 aniversario de la derrota del Tercer Reich alemán.
Las sirenas, las que suenan en situaciones de alarma máxima -como el estallido de una guerra- fueron activadas a las diez de la mañana hora local (07:00 GMT), y los conductores descendieron de sus vehículos para aguardar en pie, como los viandantes, hasta que cesaron de sonar.
En el Parlamento (Kneset), como todos los años, los legisladores recordaban mencionándolas "porque no eran un número, tenían nombre" a parte de las víctimas entre los seis millones de civiles -un tercio del pueblo judío- que perecieron en decenas de campos nazis.
"Jamás volverá nuestro pueblo a estar expuesto al exterminio gratuito y al desamparo total, nunca más volverán a sorprendernos desprevenidos", afirmó Sharón anoche aludiendo a la existencia de Israel, al comenzar los actos en el Museo del Holocausto (Yad Vashem), enclavado en una de las 28 colinas de Jerusalén.
Durante la ceremonia en Yad Vashem, como es tradicional, seis supervivientes encendieron antorchas en memoria de los muertos, y todos los medios de comunicación estaban volcados en reproducir testimonios estremecedores de lo ocurrido en los campos nazis.
Las banderas israelíes ondeaban a media asta en todos los establecimientos públicos y la mayor parte de los lugares de esparcimiento permanecerán cerrados hasta esta noche, cuando concluya la jornada de luto nacional.
El Estado judío se estableció en parte de la antigua Tierra de Israel, la Palestina histórica, después de finalizar aquella guerra con la derrota de la Alemania del líder nazi Adolfo Hitler, quien se suicidó en su búnker de Berlín ante el avance del Ejército Rojo de la desaparecida Unión Soviética y sus aliados.
Ese es el motivo por el cual la visita al Museo Yad Vashem es de rigor para toda personalidad extranjera en visita oficial a Israel.
Sharón, que emprenderá viaje esta mañana con destino a Polonia, participará en la "marcha de la vida", en vísperas de la liberación del complejo de campos de concentración y muerte de Auschwitz, con hijos y nietos de sobrevivientes de la "Shoá" refugiados en Israel y que actualmente están sirviendo en las filas de sus Fuerzas Armadas.
Nueve generales del Estado Mayor militar, incluyendo al comandante en jefe, Moshé Yaalón, son hijos de sobrevivientes de esa conflagración en la que murieron cerca de 60 millones de personas de ambos bandos, una gran parte en el continente europeo.
El jefe del Gobierno israelí, general en reserva e hijo de maestros nacidos en la Rusia de los zares, colocará un tradicional amuleto judío, la "mezuzá", en el marco de la puerta de un pabellón del campo de Auschwitz, y encenderá una vela en el crematorio.
La persecución nazi con motivo del plan de la "solución final", esto es el exterminio sistemático de los judíos, afectó también a los miembros de las comunidades israelitas de Túnez, por la alianza de Francia con Alemania, y Libia, esta última colonia de Italia, que bajo el Gobierno de Benito Mussolini formó parte del eje nazi.
Dentro de siete días, exactamente, recordarán los israelíes, también con el ulular de las sirenas en todo el país, a más de 20.000 caídos en las guerras con los estados árabes vecinos y con los palestinos desde la creación del Estado judío en mayo de 1948.
Al concluir los actos oficiales y las visitas a los cementerios, sin solución de continuidad, comenzarán las celebraciones del Día de la Independencia (Iom Haatzmaut).
Judíos alemanes: del Holocausto al milagro de la reconstrucción

Sesenta años después del Holocausto, a cuyas víctimas recordará el enorme monumento a inaugurar la semana próxima, la comunidad judía se ha reconstituido en Alemania, en gran parte gracias a inmigración procedente del este de Europa.
El colectivo judío-alemán está aún lejos de los 600.000 ciudadanos que llegó a tener antes de la llegada de Adolf Hitler al poder en 1933.
Pero el hecho de haber llegado en la actualidad a las 100.000 personas, partiendo de las 15.000 que quedaron con vida en Alemania en 1945, está considerado como un milagro y una prueba de confianza a la que este país está obligado a corresponder.
"La singularidad del Holocausto no es comparable con otros crímenes contra la humanidad. Alemania tiene una responsabilidad singular hacia ese colectivo, al margen de su responsabilidad ante todas las víctimas de la II Guerra Mundial", comentaba estos días Hans-Jochen Vogel, ex-presidente del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) e impulsor del monumento a las víctimas del Holocausto.
El proyecto para ese monumento nació hace 17 años, por iniciativa ciudadana y apoyada por intelectuales y representantes de todos los partidos, pero tuvo que luchar contra obstáculos de todo tipo, incluidas las objeciones del entonces canciller Helmut Kohl.
El monumento, formado por 2.700 columnas sobre un inmenso solar vecino a la Puerta de Brandeburgo, será inaugurado el próximo 10 de mayo, en presencia de la plana mayor de la política alemana y del Consejo Central de los Judíos de Alemania.
El patio de columnas plasmará en hormigón el recuerdo a los seis millones de judíos asesinados por el nazismo y el reconocimiento a quienes regresaron al país del Holocausto hasta reconstituir lo que ahora es tercera comunidad del mundo de esa confesión.
El camino no fue fácil. El Consejo de los Judíos de Alemania fue fundado en 1950, con esos pocos miles de supervivientes que no fueron presa de los nazis ni optaron por el exilio.
Dos años después, el primer canciller alemán, Konrad Adenauer, y el entonces ministro israelí de Asuntos Exteriores, Moshe Scharett, firmaron el Tratado de Luxemburgo, por el que Alemania se comprometió a indemnizar a las víctimas del Holocausto y desde entonces se han destinado unos 50.000 millones de euros a ese fin.
La reconstrucción en el país en que pretendió su exterminio no puede explicarse por cómputos monetarios, sino que para ello ha sido necesario el empeño de varias generaciones de políticos alemanes.
El nazismo no sólo pretendió aniquilar a los judíos, sino también a los homosexuales, gitanos y enemigos políticos, apuntó el portavoz de Justicia de los Verdes, Volker Beck. Pero el antisemitismo fue claramente "el factor clave" para el ascenso de Hitler.
En la Alemania de entreguerras, la población judía no suponía más que el 0,7 por ciento de la población. Sin embargo, en los años veinte su representación entre la elite científica, cultural y mercantil sobrepasaba con creces ese porcentaje.
No sólo acaparaban una cuarta parte de los Premios Nobel alemanes, sino también un seis por ciento del estamento judicial y un siete de la clase médica y de la intelectualidad. Un tercio de los bancos privados de Berlín y editoriales estaban en manos judías.
Hitler cimentó el resentimiento hacia ese colectivo, hasta hacer que el resto de la población lo viera como al enemigos. El nazismo los desposeyó de sus patrimonios, los inhabilitó y orquestó el boicot a sus comercios. A su eliminación de la vida pública siguió el exterminio físico, la "solución final", en terminología nazi.
La reconstrucción de la comunidad judía se activó en los últimos quince años con la inmigración del este de Europa. Tras la caída del Telón de Acero, cerca de 150.000 judíos de la extinta Unión Soviética emigraron a Alemania, de los cuales unos 83.000 lograron integrarse en las comunidades judías locales.
Durante años no hubo restricciones a esa inmigración en consideración a la deuda histórica de Alemania. Más recientemente, tanto los "laender" -a los que compete su integración- como el gobierno federal buscan fórmulas para restringir este flujo.
La cuestión es más que delicada. Se cuenta, sin embargo, con un "aliado": Israel, interesado en canalizar esa inmigración hacia sus fronteras ante sus propios problemas demográficos, derivados del conflicto de Oriente Medio.

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