Españoles Abellán y Martínez cortan orejas en Cali
Los matadores españoles Miguel Abellán y Sergio Martínez cortaron orejas en la cuarta corrida de la Feria de Cali, en la que alternaron con el colombiano Paco Perlaza y el rejoneador venezolano José Luis Rodríguez
Cali.--- Los matadores españoles Miguel Abellán y Sergio Martínez cortaron orejas en la cuarta corrida de la Feria de Cali, en la que alternaron con el colombiano Paco Perlaza y el rejoneador venezolano José Luis Rodríguez. Los tres espadas y el montado lidiaron un encierro de Guachicono, aceptablemente presentado, pero de irregular desempeño y comportamiento, ante tres cuartos de entrada en los tendidos de la Plaza de Cañaveralejo, en tarde soleada. Abellán, primer espada, realizó una faena variada a un toro de poca fuerza, al que después de tantearlo con la muleta le ejecutó una variada faena con pases a la derecha, algo por la izquierda, circular invertido, molinetes de rodillas, contando con el favor del público. Infortunadamente pinchó en tres ocasiones antes de descabellar. Fue ovacionado. En el cuarto, de los mejores de la tarde, después de un cumplimiento regular con la capa, Abellán aprovechó las condiciones del animal y realizó una faena despaciosa y templada, prolongada, pero sin utilizar la mano izquierda. El público, muy entusiasmado, lo aclamó cuando, de una certera estocada y un descabello oportuno, fulminó a su enemigo, y obtuvo una oreja por petición unánime de los tendidos. Segundo espada fue el colombiano Perlaza, quien no tuvo fortuna en el sorteo, que le dejó dos toros de casi, casi imposible lidia. Brilló la voluntad, el deseo, el esmero de Perlaza, para sólo conseguir palmas de agradecimiento. Su primero, el segundo de la tarde, fue pitado en el arrastre. El español Martínez nada pudo lograr, a pesar de su empeño, con el tercero de la tarde. Con un toro parado, soso y distraído, el diestro abrevió su labor mediante un pinchazo y una estocada trasera. El público guardo silenció. El sexto, quizá el de mejor condición de la tarde, fue aprovechado por Martínez, quien desde que se abrió de capa hizo notar los deseos de desquitarse de la mala suerte en su primero. Martínez inició su trasteo de rodillas y, luego, ya de pie, templó hermosamente los muletazos sobre ambas manos, coreado por el respetable. De una estocada arriba acabó con la vida del astado, a cuyos despojos, en un poco de exageración, se les dio la vuelta al ruedo, mientras el diestro recibía una oreja. El espectáculo fue cerrado por el rejoneador Rodríguez, a quien le correspondió un ejemplar de muy poca movilidad, impropio para labores de rejoneo.




