La investigación del ántrax desata las teorías de la conspiración
Las investigaciones de los atentados con ántrax en EEUU han sumido a la opinión pública en una total confusión, con teorías de conspiración que implican al Gobierno y la perplejidad de que el sospechoso sea el mismo científico que asesoró en bacteriología al FBI.
Washington.--- Las investigaciones de los atentados con ántrax en EEUU han sumido a la opinión pública en una total confusión, con teorías de conspiración que implican al Gobierno y la perplejidad de que el sospechoso sea el mismo científico que asesoró en bacteriología al FBI.Cinco personas murieron y otras trece resultaron afectadas por el bacilo del ántrax, que provoca la peligrosa enfermedad del carbunco, en una aparente campaña de terror lanzada en octubre del pasado año a través del correo.La Oficina Federal de Investigación (FBI, policía federal) afirma que el científico Steven Hatfill es sólo un sospechoso "potencial", pero el jueves pasado ordenó un nuevo registro de su apartamento en Frederick (Maryland) y se llevó hasta la basura para analizarla.Hatfill figura entre el grupo de 20 y 30 científicos bajo investigación federal y ha trabajado para el gobierno de EEUU, incluidos los laboratorios de Fort Detrick, en Maryland, en los que se manipuló la cepa de ántrax usada en los atentados.Las teorías de la conspiración no se han hecho esperar y algunos medios de comunicación sugieren que el FBI está demorando el arresto del culpable por temor a que se descubran las tramas más secretas de la guerra bacteriológica.Quien más ha impulsado esta teoría, según el diario "The Wall Street Journal", es otra científica, Barbara Hatch Rosenberg, directora del Programa de Armas Biológicas y Químicas de la Federación de Científicos Estadounidenses, una organización no gubernamental empeñada en el desarme.Sin nombrarle, Hatch Rosenberg ha proporcionado al FBI datos de Hatfill que coinciden con el perfil del posible autor de los atentados: un científico con acceso a los laboratorios del gobierno y experto en el manejo de una crisis bacteriológica.Curiosamente, Hatfill trabaja desde hace meses en un programa de instrucción sobre bioterrorismo de la Universidad de Luisiana al que han acudido como alumnos los propios agentes del FBI, según el diario.Hatfill trabajó también para los Institutos Nacionales de Salud y fue contratado por el Departamento de Estado para entrenar a diplomáticos en cuestiones de bioterrorismo, añade "The Wall Street Journal".Stan Bedlinton, antiguo analista de la Agencia Central de Información (CIA) que mantuvo contactos con Hatfill, aseguró que al científico le gustaba fotografiarse con trajes de protección especial delante del frigorífico de su casa y decir que una nevera bastaría para guardar las bacterias provocadoras de una catástrofe.¿Por qué casi un año después de los atentados, el FBI aún no tiene una pista sólida sobre lo ocurrido?, se preguntaron recientemente congresistas demócratas de EEUU.Las cartas envenenadas con ántrax fueron enviadas en octubre a dos senadores demócratas, Tom Daschle y Patrick Leahy, lo que dio pie a rumores de que podría tratarse de un ataque de las alas más conservadoras de EEUU, dentro de una compleja operación en la guerra contra el bioterrorismo.Fuentes del FBI reconocieron, en unas declaraciones al diario "The New York Times", que Hatfill era sólo una persona "de interés" en la amplia investigación que se estaba desarrollando.La cadena CNN informó el viernes que esa consideración cambió en las últimas horas y que el científico ahora es considerado un sospechoso "potencial".El director del FBI, Robert Mueller, señaló que los investigadores "están haciendo progresos", aunque no ha adelantado comentario alguno sobre la situación en que se encuentran las indagaciones sobre el científico.Desde el mes de julio, el apartamento de Hatfill ha sido inspeccionado dos veces por agentes del FBI.En la primera ocasión no se halló nada sospechoso que pudiera comprometerle, dijeron entonces fuentes del FBI. Ahora, los resultados de este segundo registro no han trascendido, lo que ha reactivado las dudas, mientras las preguntas siguen sin respuesta casi un año después de los hechos.




