Selección brasileña se rinde en Río y deja esperando a Sao Paulo
La selección brasileña que ganó el Mundial asiático fue aclamada en la madrugada de hoy por una legión delirante de fanáticos de Río de Janeiro, segunda escala del equipo en un maratoniano festejo que comenzó ayer temprano en Brasilia y resultó en un fiasco para la "torcida" de Sao Paulo.
RIO DE JANEIRO.---- La selección brasileña que ganó el Mundial asiático fue aclamada en la madrugada de hoy por una legión delirante de fanáticos de Río de Janeiro, segunda escala del equipo en un maratoniano festejo que comenzó ayer temprano en Brasilia y resultó en un fiasco para la "torcida" de Sao Paulo.Tras la locura colectiva que la selección "pentacampeona" desató en la capital, Ronaldo y compañía se encontraron finalmente con los fieles "torcedores" de Río de Janeiro, que fueron a la calle después de haber seguido ayer por televisión la fiesta que Brasilia había tenido desde la mañana.El equipo llegó a Río de Janeiro al filo de la noche de ayer con sus primeras bajas tras la campaña mundialista. Nada menos que diez.En Brasilia abandonaron la fiesta Gilberto Silva, Vampeta, Dida, Junior, Edilson y Lucio, que optaron por viajar a sus domicilios en el interior.Al llegar a la "cidade maravilhosa" Rivaldo, Ronaldinho Gaucho, Roque Junior y Rogerio Ceni también tiraron la toalla y viajaron hacia las ciudades en que viven sus familias.El "desfile de la victoria", con Ronaldo como principal figura, comenzó en el aeropuerto carioca, donde los jugadores subieron a un enorme camión que recorrió las principales avenidas de la ciudad hasta desembocar en las playas de Flamengo y Botafogo, donde se detuvo frente al edificio Argentina, sede del consulado de ese país.Allí, en medio de una multitud calculada en 50.000 personas, el técnico Luiz Felipe Scolari pidió disculpas, explicó que hacía ya 60 horas que habían salido de Japón y dijo que tenía que "mandar a la gente (por los jugadores) a dormir".La selección dejó entonces el camión y pasó a un autobús, en el que se dirigió nuevamente para el aeropuerto, donde la selección siguió rumbo a Sao Paulo, pero ya no en plan de fiesta.En Río de Janeiro quedaron esperando miles y miles de personas que desde temprano aguardaban para saludar a los jugadores en la playa de Copacabana, inicialmente el punto final del recorrido que terminó en Botafogo, unos diez kilómetros antes de lo previsto.Atrás habían quedado cientos de miles de personas apretujadas en las avenidas que bordean las arenas de Río de Janeiro, que habían conseguido su objetivo de ver de cerca a los jugadores, aún cuando la noche había caído ya sobre la ciudad.Si los cinco títulos mundiales que han conseguido los brasileños parecen indicar que no tienen rivales en el fútbol, pues mucho menos los tienen a la hora de celebrar. Ni los hinchas ni los jugadores, que por lo visto hoy pueden tener una vida dura cuando son campeones del mundo. Al menos en los primeros días.El equipo brasileño voló 24 horas entre Japón y Brasilia y los jugadores desembarcaron ayer en su país con una diferencia de doce horas en su reloj biológico, para iniciar un recorrido de casi 2.000 kilómetros por su propio país, que demandó más de quince horas.En la capital, los campeones del mundo habían sido recibidos por unas 500.000 personas que coparon las calles para saludar a sus ídolos a lo largo de un recorrido de unos quince kilómetros que fueron completados al cabo de casi cuatro horas.Fueron homenajeados y condecorados por el presidente, Fernando Henrique Cardoso, y emprendieron viaje hacia el aeropuerto otra vez, para partir hacia Río de Janeiro, a unos 1.200 kilómetros al sur.Como ocurrió en Brasilia, el avión de la selección sobrevoló el cielo carioca escoltado por cuatro cazas de la Fuerza Aérea y los jugadores fueron recibidos en el aeropuerto por autoridades locales.El brusco final de la fiesta, con los trece jugadores que aún estaban en pie, dejó frustrada a una multitud de hinchas de Sao Paulo que aún tenían la esperanza de ver hoy a sus héroes.Según los organizadores, era imposible continuar.La demora en Brasilia, donde la selección estuvo más de siete horas, en vez de las tres previstas, y la multitud que atrasó el recorrido en Río de Janeiro, lo impidieron.




