El mundo de las ilusiones rumbo a Alemania con Brasil al timón
La Copa del Mundo de fútbol, el acontecimiento deportivo que más ilusiones crea en todos los rincones del planeta, levó anclas de Corea del Sur y Japón y puso rumbo a Alemania, después de consagrar campeón por quinta vez a Brasil.
TOKIO.---La Copa del Mundo de fútbol, el acontecimiento deportivo que más ilusiones crea en todos los rincones del planeta, levó anclas de Corea del Sur y Japón y puso rumbo a Alemania, después de consagrar campeón por quinta vez a Brasil.El teatro de los sueños levantará de nuevo el telón en Alemania en 2006. En Corea y Japón, el primer Mundial que se celebró en Asia y en dos países al mismo tiempo, Brasil heredó la corona que Francia le ganó en 1998.Si hay que buscar una imagen a este Mundial es la de Ronaldo llorando. El "fenómeno" había regresado y era lógico que descargara toda la tensión acumulada en cuatro años de frustraciones y de lesiones.El tiempo le restituyó todo lo que había perdido a partir de la infausta final de Francia 1998 cuando en la final fue una sombra de sí mismo. Luego se supo que había sufrido horas antes un ataque epiléptico.En Corea y Japón, Ronaldo marcó los dos goles que dieron el quinto título a Brasil, se proclamó máximo anotador del torneo, con ocho dianas, e igualó a Pelé como el futbolista brasileño que más tantos ha conseguido en los Mundiales: 12.A Brasil le renació "o rei" que había perdido en Francia. El "penta" hizo historia en el primer Mundial asiático y el primero que se celebra en dos países, una doble organización que ha supuesto también doble costes para todos los participantes, incluidos los medios de comunicación. Atrás quedaron momentos mágicos e inolvidables, goles y jugadas polémicas de los que no se parará de hablar en tertulias, plazas y cafés, críticas, aciertos y fallos, que ahora dejan paso a la vuelta a la normalidad en los países organizadores, sobre todo en Japón, donde el fútbol no es que entusiasme.En la retina habrá quedado grabado el gol de puntera de Ronaldo a Turquía, la simulación de Rivaldo, las lágrimas de Gabriel Batistuta y de Fernando Morientes, la cara de desolación de Zinedine Zidane cuando Francia caía eliminada, el rostro desencajado del seleccionador saudí, Nasser Al-Johar, a la hora de explicar la derrota por ocho goles a cero frente a Alemania.También el entusiasmo arrollador de la hinchada coreana, la "marea roja", que empujó a su selección desde el principio hasta el final sin desmayo alguno, y la apatía de Japón hacia un deporte que practica poco y entiende menos, la paz en que discurrió el Mundial.Guus Hiddink, el "holandés errante", adquirió la categoría de héroe en Corea del Sur, todo un país rendido a sus pies, nunca un entrenador extranjero había sido tan venerado. Corea le agradecía la mejor clasificación de su historia, el cuarto puesto.Los errores de los directores de partidos condicionaron buena parte del Mundial, que había comenzado con la etiqueta del "de las sorpresas", cuando Argentina y Francia cayeron en la primera fase, pero que luego fue derivando hacia otra denominación: "el de los árbitros".España se sintió especialmente perjudicada en su partido con la anfitriona Corea y el presidente de su Federación y vicepresidente de la FIFA, Angel María Villar, dimitió de la Comisión de Arbitros en protesta por los errores.El propio presidente de la FIFA, Josepp Blatter, admitió la existencia de errores, aunque los atribuyó fundamentalmente a los asistentes, si bien negó tajantemente la existencia de una conspiración a favor de Corea.Por lo demás dejó claro que él no era el responsable de la designación de los árbitros.Errores hubo también en el sistema de venta de entradas adoptado para el Mundial, como reconoció el secretario general de la FIFA, Michel Zen-Ruffinen, quien atribuyó la responsabilidad a todas las partes implicadas.La distancia que separa a los países organizadores de Europa, sobre todo, y de Sudamérica, los dos continentes más futbolísticos, los elevados costes de los billetes y la carestía de vida en Japón, convencieron a muchos hinchas de que era mejor seguir el Mundial por la televisión en los sillones de sus casas.El entusiasmo de los aficionados japoneses y coreanos impidieron que los estadios estuvieran vacíos. Si se hubiera contado sólo con la presencia de los hinchas procedentes del extranjero, el Mundial hubiera tenido una imagen desoladora.También hubo fallos en el sistema de alojamientos, que en algunas sedes coreanas obligaron a los informadores a pernoctar en moteles poco dignos de la categoría de un Mundial para el que se acreditaron miles de informadores.La noticia más positiva de la Copa del Mundo fue la total ausencia de incidentes. Los hinchas violentos (los temibles "hooligans") brillaron por su ausencia, lo que permitió que la imagen del fútbol quedara reforzada como acontecimiento que fomenta la convivencia.La recuperación de Ronaldo para el fútbol iluminó el mejor remate que podía tener un Mundial tan particular y extraño.Alemania espera una segunda recuperación: la de las hinchadas variopintas de países de todo el mundo, las que dan color y ambiente al espectáculo de las calles y las gradas, las que indican en definitiva que se está celebrando un Mundial.




