Lemerre, el seleccionador arisco formado a la sombra de Jacquet
Roger Lemerre afronta su primer Mundial con la responsabilidad de renovar el título ganado hace cuatro años por el equipo francés, pero con la tranquilidad que le da ser el último seleccionador en haberse proclamado campeón de Europa.
PARIS.--- Roger Lemerre afronta su primer Mundial con la responsabilidad de renovar el título ganado hace cuatro años por el equipo francés, pero con la tranquilidad que le da ser el último seleccionador en haberse proclamado campeón de Europa.Fiel heredero de Aimé Jacquet, el técnico que llevó a los "bleus" a su primer título Mundial, Lemerre se ha hecho a la sombra de su maestro, pero un triunfo en Corea del Sur y Japón daría al alumno más gloria que al profesor.Entrenador introvertido, meticuloso, de trato difícil con la prensa, amigo de trabajar lejos de luces y taquígrafos y poco dado a los cambios, Lemerre tiene un credo futbolístico sencillo que, sin embargo, a menudo explica siempre con conceptos difíciles.El fútbol se basa "en la creatividad, el talento y la técnica. Si además podemos añadirle la potencia y la calidad atlética, todavía mejor".Críptico en sus declaraciones, Lemerre habla siempre en tercera persona y prefiere ocultar sus pensamientos. "Si mi sombrero supiera por quién voy a votar, quemaría mi sombrero".El reto que se le presenta en Corea del Sur y Japón no es fácil, puesto que cualquier resultado que no sea la victoria supondrá una regresión con respecto a los triunfos anteriores.Situado en la cumbre del mundo tras la victoria en la Eurocopa de 2000, Lemerre entrena a un equipo sólido, con un sistema de juego aprendido a base de práctica y un grupo que se conoce bien, tanto dentro como fuera del campo.Con poca experiencia en los clubes, el seleccionador francés ha basado su carrera en la Dirección Técnica Nacional (DNT), una institución de la Federación Francesa que pretende aglutinar y dar coherencia a los equipos nacionales.Nacido el 18 de junio de 1941, Lemerre comenzó su carrera de jugador en el Sedán, en el que militó la mayoría de sus años de futbolista (1961-69).Aunque comenzó como centrocampista ofensivo, Lemerre fue retrasando su posición en el campo hasta llegar a la defensa.Su palmarés de futbolista no está adornado por ningún título, aunque llegó por dos veces a la final de la Copa de Francia (65 y 70), pero en el terreno personal cuenta con tres títulos de mejor jugador del año de la revista "France Football" (66, 68 y 69).También militó en el Nantes (1969-71), Nancy (1971-73) y Lens (1973-75), donde puso fin a su carrera de jugador para consagrarse al banquillo.Con 34 años debutó como entrenador en el Red Star, al que entrenó tres años, antes de pasar al Lens (1978-79), París FC (1979-81) y Estrasburgo (1981-85). Luego volvió al Red Star en una breve etapa (1985-86) a la que puso fin para iniciar una experiencia en el Esperanza de Túnez.Allí fue llamado por la DNT para encabezar la selección militar francesa, con la que logró el título mundial en 1995.Ese título configuró su pobre bagaje antes de que Jacquet le llamara para ser su ayudante en la selección nacional, que se había marcado como objetivo prioritario ganar el Mundial que Francia organizaba en 1998.En enero se sumó a un proyecto en el que Jacquet había comenzado a trabajar en 1996 y nunca le ha traicionado. Con el adiós de su maestro no dudó en tomar las riendas del equipo, del que no cambió más que lo imprescindible.Lemerre nunca se olvida de Jacquet cuando logra un éxito y profesa por su predecesor una enorme admiración. Pero son dos hombres diferentes. Mientras Aimé es simpático y agradable y hace de la comunicación un arte, Roger es arisco e introvertido y le cuesta hablar en público.Sus primeros años como seleccionador le valieron críticas, emanadas de su supuesta inexperiencia para el cargo y de las dudas que sembró el equipo en la fase de clasificación para la Eurocopa de 2000.Pero su victoria en la competición, con victorias sobre España, Portugal e Italia, tres grandes de Europa, le valieron el reconocimiento de todo el mundo y el asentamiento en el cargo."Dios existe desde 1998, es Aimé Jacquet. Ahora tenemos a San Pedro, que nos ha abierto las puertas del Paraíso. Es Roger Lemerre", afirmó Frank Leboeuf tras ganar a Italia en la final.Tras ese éxito, Lemerre tuvo que hacer frente a una primera renovación, provocada por la renuncia de tres hombres de peso dentro del grupo, el portero Bernard Lamá, el defensa Laurent Blanc y el capitán y más carismático representante del equipo, Didier Deschamps.Luego logró la Copa de Confederaciones en 2001, un torneo menor pero que reafirmó la condición ganadora del equipo y la solidez del sistema, además de dar cohesión al grupo.Ahora afronta un nuevo reto que puede dar a Francia más gloria de la que ninguna otro equipo nacional ha logrado nunca, al ganar dos Mundiales consecutivos además de su campeonato continental. Y Lemerre puede en fin superar a su maestro.




