Shuttleworth regresa emocionado por vivir algo tan "milagroso"
Mark Shuttleworth, joven magnate sudafricano que pagó 20 millones de dólares por un viaje o "safari" cósmico de diez días con siete noches de estancia en la Estación Espacial Internacional, volvió a tierra sano, a salvo y emocionado.
Moscú.--- Mark Shuttleworth, joven magnate sudafricano que pagó 20 millones de dólares por un viaje o "safari" cósmico de diez días con siete noches de estancia en la Estación Espacial Internacional, volvió a tierra sano, a salvo y emocionado."Es milagroso, una cosa fantástica, lo mejor que he hecho", dijo Shuttleworth al regresar tras cumplir el sueño de su vida.La nave Soyuz TM-33 con el primer "afronauta" a bordo aterrizó sin novedad en la estepa de Kazajistán, en Asia Central, informó el Centro de Control de Vuelos de Rusia, cerca de Moscú.Un portavoz oficial dijo que el aterrizaje tuvo lugar en el lugar previsto, a unos 25 kilómetros de la ciudad de Arkalik, a las 10.52 de la mañana hora local kazaja (03.52 GMT).Junto a Shuttleworth regresaron el cosmonauta ruso Yuri Gidzenko y el astronauta italiano Roberto Vittori, de la Agencia Europea del Espacio (ESA), tripulantes de la expedición "Marco Polo", tercera en visitar la Estación Espacial Internacional (ISS).A bordo de la estación espacial quedó la tripulación permanente, integrada por el ruso Yuri Onufrienko y los estadounidenses Daniel Busch y Carl Walz, quienes están en la ISS desde diciembre pasado.Rick Shuttleworth, padre del multimillonario de 28 años que se hizo rico al vender una empresa de seguridad para comercio electrónico en Internet, acudió en un helicóptero de rescate a recibir a su hijo, mientras la madre lo esperaba en el cosmódromo de Baikonur.Segundo turista cósmico después del norteamericano Denis Tito el año pasado, Shuttleworth quiere comprar el traje espacial y la misma nave Soyuz como recuerdos de su aventura, anunció su padre.Pero Shuttleworth prefirió llamarse "pasajero" antes que turista y desarrolló en la ISS un nutrido programa de ensayos científicos en jornadas de trabajo desde las seis de la mañana hasta la noche.A diferencia de Tito, quien sólo planteó su viaje al cosmos como la satisfacción de un sueño desde niño, el joven sudafricano declaró que su meta es fomentar en Africa el estudio y la educación en temas espaciales y científicos."Es un reto personal y una aventura, pero también una oportunidad para que las ciencias y las matemáticas sean algo vivo para los sudafricanos", dijo Shuttleworth en las entrevistas y conversaciones que mantuvo con tierra casi a diario.Un portavoz de la Agencia Rusia del Espacio manifestó que todo el plan del vuelo, cuya misión principal era sustituir la nave Soyuz de reserva para uso de la tripulación permanente de la ISS en caso de emergencia, "se llevó a cabo según estaba previsto".Shuttleworth, quien vivió hasta 16 puestas de sol diarias, dijo que "lo más exquisito" de su viaje fue contemplar la aurora austral, que definió como "grandes olas verdes en el cielo".Sus siete noches y ocho días en la ISS, más otros dos de trayecto tras el lanzamiento de la Soyuz el pasado 25 de abril, significaron tanto para el "pasajero" que de sus ojos brotaron a veces "lágrimas en gravedad cero", según relató con emoción.Las últimas horas del viaje culminaron la experiencia vital del joven sudafricano, tras abordar junto a sus compañeros la nave Soyuz TM-33 y desacoplarla de la ISS a las 07.34 (00.34 GMT).La cápsula comenzó inmediatamente su descenso a una velocidad de más de 12.000 kilómetros por hora, mientras la frotación con las capas de la atmósfera terrestre hizo subir la temperatura exterior a casi 18.000 grados.La densidad atmosférica hizo bajar luego esa velocidad a sólo 800 kilómetros por hora, minutos antes de abrirse un paracaídas que frenó aún más el descenso hasta los 22 kilómetros por hora, cuando la nave estaba a doce kilómetros de altura.Pocos segundos antes de la toma de tierra, los tripulantes de la nave encendieron los cohetes de frenado para amortiguar el impacto sobre la superficie de la tierra.Una nota del Centro de Control de Vuelos afirmó que Shuttleworth "se acopló perfectamente al equipo de vuelo y realizó con éxito su intenso programa científico".El "afronauta", como lo bautizó el ex presidente de su país Nelson Mandela, comió a bordo bistecs, sushi, cóctel de mariscos, yogur de fresa, jugos de fruta y "especialidades" rusas y norteamericanas.Pero el multimillonario, que cuando vendió su empresa informática regaló a cada empleado un millón de rand (casi 100.000 dólares), confesó en sus contactos con tierra que sintió dolores en la espalda por la ingravidez.También manifestó que había pasado sucesivamente por "momentos de horror y momentos de euforia total", y reconoció con sencillez que "nunca había visto nada tan bonito como el mundo desde el espacio".Durante su estancia en la ISS, Shuttleworth realizó experimentos médicos y biológicos, sobre todo de ingeniería genética, en busca de nuevos remedios contra el sida, el alzheimer y el parkinson.En particular, hizo pruebas de terapia genética en microgravedad con células madre embrionarias de ratones rusos y ovejas kazajas, e investigaciones cardiológicas, fisiológicas y metabólicas.Shuttleworth, quien se prendió al traje espacial el lazo rojo de la lucha contra el sida, participó en pruebas para cristalizar en estado de ingravidez las proteínas del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), para conocer su estructura.Otros experimentos a bordo incluyeron estudios de protección del entorno, sobre la extinción de los bosques y el calentamiento del planeta, y el estado biológico del océano en las costas de su país y para la prospección geológica de materias primas.En una de las sesiones de preguntas y respuestas con ciudadanos de su país eludió contestar a la pregunta de una adolescente de 14 años de si se quería casar con ella, y dejó caer que su próximo reto será "reinventarme a mí mismo" una y otra vez.Cuando le pidieron algún mensaje especial para tierra, sólo dijo: "`Hola, mamá!"




