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Aumentan los desastres y la vulnerabilidad de los más pobres

La ONU advirtió del creciente número de catástrofes naturales, pero también de la vulnerabilidad de las poblaciones, especialmente en los países más pobres, carentes de capacidad para prevenir esos desastres y afrontar sus consecuencias.

GINEBRA.--- La ONU advirtió del creciente número de catástrofes naturales, pero también de la vulnerabilidad de las poblaciones, especialmente en los países más pobres, carentes de capacidad para prevenir esos desastres y afrontar sus consecuencias.
Con motivo de la celebración hoy del Día Internacional para la Prevención de Desastres Naturales, un informe de Naciones Unidas destaca que la población urbana de los países en desarrollo ha llegado a 1.300 millones de personas, que viven en condiciones precarias en áreas peligrosas, como tierras desforestadas o pantanales.
Desde 1980 el número de desastres naturales ha aumentado un 22 por ciento y el de afectados un 35 por ciento, principalmente por fenómenos hidrometeorológicos, como huracanes, tifones, ciclones y tormentas.
Este tipo de fenómenos supusieron el 61 por ciento de las catástrofes registradas entre 1980 y junio de 2001 y la mayoría de ellos están relacionados con el calentamiento global del planeta y los fenómenos del Niño y la Niña.
Esta tendencia se mantendrá durante el siglo XXI, lo que supondrá que la temperatura de la superficie terrestre pasará de 1,4 grados en 1990 a 5,8 en 2100, que aumentará el nivel del mar y, por tanto, los riesgos de inundaciones, además de incrementar notablemente las lluvias y las condiciones climáticas extremas.
Unos diez millones de personas están amenazadas por la subida del nivel del mar en Bangladesh, Maldivas, China y Egipto y otros 50 millones se enfrentarán a un grave riesgo de hambruna en el año 2010 debido al calentamiento global, que afectará a la producción alimentaria en los trópicos.
Otro problema derivado de las catástrofes naturales es el desplazamiento de personas, como en China, donde el desbordamiento del río Yangtze provocó en 1998 el movimiento de 230 millones de personas.
A esto se añaden los enormes costes económicos, como los sufridos por Nicaragua tras el paso de un huracán en 1988, que alcanzaron el 40 por ciento de su Producto Interior Bruto, o en El Salvador, donde el terremoto que asoló la capital en 1986 supuso unos daños del 24 por ciento del PIB.
El organismo de la ONU encargado de este problema -la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (ISDR, en sus siglas en inglés)- insiste en que es necesaria una mayor movilización de las comunidades locales en el desarrollo de mapas de riesgo y sistemas de alerta temprana.
Por ello, insta a los Gobiernos de los países desarrollados a explotar los conocimientos científicos y técnicos para obtener respuestas más allá de la asistencia humanitaria a corto plazo, que permitan mejorar la preparación de las regiones más pobres.
En este sentido, el ISDR recuerda que la mayoría de los efectos de los cambios climatológicos que se esperan se registrarán en el sur de Africa, Asia central, Centroamérica y países mediterráneos.
Entre las catástrofes más devastadoras de los últimos años están el ciclón tropical que arrasó el golfo de Bengala en octubre de 1999, con más de 10.000 víctimas, las inundaciones y deslizamientos de terrenos en Venezuela en diciembre de 1999, con 30.000 muertos, o la sequía que azota Asia central desde 1998 o el cuerno de Africa desde el pasado año.
Para atenuar los efectos de las catástrofes, los servicios meteorológicos e hidrológicos han puesto en marcha diversos programas de prevención y control a nivel nacional pero coordinados por organismos internacionales, como el ISDR o la Organización Meteorológica Mundial.
En los diez últimos años los progresos de las ciencias y de las técnicas han contribuido a reforzar las capacidades de alerta precoz, lo que ha permitido hacer mejor frente a las catástrofes naturales.
Para alentar a los países y comunidades a seguir esforzándose en este trabajo, la ONU concede anualmente el premio Sasakawa a la persona u organismo que se ha destacado en la prevención de catástrofes.
Este año el galardón ha recaído en el "Global Fire Monitoring Center" (Centro global de vigilancia de incendios) de la Universidad de Friburgo (Alemania) por sus actividades en la prevención de incendios de los bosques del mundo.
También se han concedido certificados de distinción al Instituto de Vulcanología de Manila, la Comisión permanente de Contingencias de Honduras y la Oficina Nacional de Emergencias de Chile.

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