Fuertes diferencias sobre patentes de material biológico
La posibilidad de patentar material biológico y sus límites enfrentan a la industria y a los gobiernos de los países ricos con la mayoría de las naciones del Tercer Mundo, que quieren defender su riqueza biológica frente a eventuales "depredadores".
GINEBRA.---- La posibilidad de patentar material biológico y sus límites enfrentan a la industria y a los gobiernos de los países ricos con la mayoría de las naciones del Tercer Mundo, que quieren defender su riqueza biológica frente a eventuales "depredadores".Esas diferencias se pusieron de manifiesto en un seminario sobre Comercio y Sociedades Abiertas celebrado este fin de semana en Ginebra y en el que participaron expertos, representantes de los 142 países de la Organización Mundial de Comercio, así como de la llamada "sociedad civil".El argentino Carlos Correa, profesor de la Universidad de Buenos Aires y uno de los mayores expertos en patentes, advirtió del riesgo de que se extiendan las tesis estadounidenses a favor de patentar el mero "aislamiento" de un gen o cualquier material vivo sin que medie prácticamente ninguna "actividad inventiva".Se trata de una concepción del sistema de patentes con el que se trata más de "proteger la inversión que la invención", criticó el especialista argentino, según el cual "tomar sólo lo que la propia naturaleza ha provisto es, todo lo más, descubrir, pero no inventar".La principal manzana de la discordia es un artículo del acuerdo ADPIC (derechos de la propiedad intelectual relacionados con el comercio) que permite excluir del sistema de patentes "las plantas y los animales", excepto los microorganismos resultantes de procedimientos que no sean esencialmente biológicos.Estados Unidos pretende, sin embargo, no limitar el microorganismo a su acepción científica estricta de bacteria, virus u hongo de tamaño microscópico, sino que quiere incluir también las simples células para poder así patentarlas, interpretación que otros consideran abusiva.Los países en desarrollo y las ONG se oponen, en general, a que el material biológico sea objeto de privatización por razones tanto éticas como económicas y apelan a la necesidad de que ese acuerdo sobre propiedad intelectual y comercio sea compatible con la Convención sobre Biodiversidad Biológica.La India, Brasil y otros países exigen, entre otras cosas, que el solicitante de una patente relacionada con un material biológico revele el origen del mismo y obtenga "el consentimiento previo informado" de la comunidad indígena del que procede como requisitos previos.Esto equivaldría a hacer efectivo el mandato de la propia Convención sobre la Biodiversidad para evitar la "biopiratería" de los laboratorios o empresas del mundo rico, pero EEUU se opone tajantemente: ni siquiera ha ratificado esa convención y se ha negado a que se le conceda estatuto de observador en el consejo del acuerdo ADPIC.Según Carlos Correa, de lo que se trata es de los Estados tengan derechos soberanos sobre sus propios recursos biológicos y controlen el acceso y uso de los mismos, y en caso de que decidan ceder esos derechos, que las comunidades en cuestión puedan compartir los beneficios que se deriven de la comercialización de los productos patentados.El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) ha documentado algunos de los abusos de conocimientos tradicionales indígenas por parte del mundo más desarrollado.Así, una compañía de Texas (RiceTec) consiguió una licencia de la Oficina de Patentes de EEUU para el arroz de la variedad "Basmati", producto asociado tradicionalmente con el sudeste de Asia, mientras que un ciudadano de EEUU patentó una variedad de una planta ceremonial y medicinal de la Amazonia conocida como "ayahuasca".También, se concedieron patentes a universidades estadounidenses por una planta llamada "turmeric" utilizada en la India desde hace siglos por sus cualidades médicas y culinarias y por un tipo de bayas de Gabón, que se utilizó luego para crear una variedad dulce del maíz mediante tecnología genética.El problema, explicó Correa, es que la legislación de EEUU permite otorgar allí patentes a productos o métodos de otros países que pueden ser seculares, pero de los que no hay documentación escrita.Ese peligro es el que llevó a un consejo de investigación de la India a lanzar un proyecto para documentar en CD-Rom los conocimientos tradicionales de las comunidades locales como única manera de poder recurrir contra eventuales abusos por parte de los países ricos.Otros expertos, como la doctora india Suman Sahai, de la "Gene Campaign" o la colombiana Margarita Flores, del Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos, afirman que no hay que forzar el sistema de patentes para meter en él, también, los conocimientos tradicionales, sino que es preciso buscar otros nuevos que tengan más en cuenta los intereses del mundo en desarrollo.




