Siria se prepara para la visita del Papa
Siria, que el Papa visitará a partir del sábado 5 de mayo en su peregrinaje sobre las huellas del apóstol San Pablo, es un país que, con esfuerzo, intenta deshacerse de obsoletas reglas políticas y de mercado para modernizarse.
BEIRUT.--- Siria, que el Papa visitará a partir del sábado 5 de mayo en su peregrinaje sobre las huellas del apóstol San Pablo, es un país que, con esfuerzo, intenta deshacerse de obsoletas reglas políticas y de mercado para modernizarse.A su llegada a Damasco, el Pontífice será recibido por el joven presidente Bashar el-Assad quien parece ser el primero que se encuentra en dificultades para romper con los rígidos esquemas impuestos al país por su padre Hafez que gobernó durante 30 años con puño de hierro.Cuando Bashar , que tiene 35 años y es oftalmólogo, fue elegido jefe del Estado en julio pasado tras la muerte del padre, ocurrida un mes antes, prometió introducir reformas políticas y económicas.De este modo suscitó muchas esperanzas en su país y en en Líbano, donde Siria desde 1976 tiene desplegados 35 mil militares sobre dos tercios del territorio y ejerce una inmensa -pero rechazada- influencia política y militar.Estimulados por la primera iniciativa "liberal" de Bashar -la de excarcelar a unos 600 detenidos políticos- los intelectuales sirios levantaron su voz pidiendo reformas políticas y constitucionales, entre ellas el fin del predominante poder del partido socialista Baath. Una propuesta que en la época de Hafez habría significado una condena a cadena perpetua.Los intelectuales se movilizaron abriendo en el país numerosos foros o círculos de libre discusión en los que los oradores denunciaron claramente episodios de corrupción o de mala administración en el gobierno.Poniendo fin a unos 40 años de control estatal de tipo socialista al sector bancario, Bashar introdujo una ley que consiente la apertura en Siria de bancos privados.Pocos días después, Siria y la Unión Europea (UE) encaminaron una serie de negociaciones sobre un acuerdo de asociación para realizar una común zona de libre intercambio.Pero esta oleada de cambios no logró barrer con los principios profundamente radicados en el país por el musulmán alawita Hafez Assad y aún celosamente custodiados por la "vieja guardia" que circunda a Bashar, entre ellos el vicepresidente sunnita Abdel Halim Khaddam, altos funcionarios cristianos como el vocero del gobierno Joubran Kourieh, y Fayez Sayegh, director de la estacion radio-televisiva de Estado y el embajador sirio ante la ONU, Mijail Wehbe.El "viento de cambio", sin embargo, dejó de soplar ya desde febrero pasado, cuando Bashar y la vieja guardia mostraron el límite de su tolerancia.A los foros políticos les fue ordenado indirectamente de cerrar sus puertas, mientras altos funcionarios de Baath, liderados por el inoxidable Khaddam, contratacaron organizando encuentros en todo el país para subrayar "los resultados" alcanzados en los últimos 30 años. Khaddam, entre otras cosas, acusó a los que pedían las reformas de "abuso de las libertades que les fueron concedidas para sabotear al régimem" y los definió "agentes del sionismo", o sea, pro-israelíes.Tampoco hubo cambios en las relaciones entre Siria e Israel. En el discurso pronunciado en la cumbre árabe de Amman a fines de marzo, Bashar superó en retórica a su padre cuando -hablando del conflicto israelí-palestino- definió "nazis" al Estado judío y a su población.En el Líbano las esperanzas de una nueva era de relaciones más equilibradas con Siria habían surgido cuando Bashar, en el discurso de toma de posesión, había admitido que las relaciones entre los dos países "no eran perfectas".Los libaneses habían pensado que esto indicaría la intención de Damasco de disminuir el cerco político que tiene sobre Beirut, y el patriarca cristiano maronita Nasrallah Sfeir.Pero también políticos libaneses pro sirios comenzaron a pedir el fin de la "tutela" de Damasco sobre el Líbano y la retirada de, al menos, parte de los soldados sirios del país.Sin embargo, a raíz de la crecientes instancias libanesas para un redespliegue de los soldados sirios, Bashar respondió que no pensaba tomar en consideración "ninguno de los pedidos".




