América Latina sigue siendo un terreno peligroso para periodistas
América Latina sigue siendo una de las regiones más peligrosas para el ejercicio del periodismo, según coincidieron los participantes de la reunión semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), inaugurada en la ciudad brasileña de Fortaleza.
FORTALEZA.---.- América Latina sigue siendo una de las regiones más peligrosas para el ejercicio del periodismo, según coincidieron los participantes de la reunión semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), inaugurada en la ciudad brasileña de Fortaleza.Los riesgos que entraña el periodismo en América Latina tienen una trágica traducción en elocuentes cifras. Según la SIP, en la última década fueron asesinados 200 periodistas latinoamericanos, seis de ellos en los últimos seis meses.Esos peligros y amenazas centraron la primera jornada de la cita semestral de la SIP, inaugurada con un debate sobre los problemas de la prensa en el marco de los derechos humanos.Según el relator especial para asuntos de libertad de expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA), Santiago Cantón, uno de los problemas fundamentales es la ausencia de marcos legales que garanticen cabalmente la defensa de la libertad de expresión."Si bien es cierto que no hay políticas dirigidas a controlar o limitar la libertad de prensa, hay un peligroso espacio para el autoritarismo oculto detrás de la fachada democrática", dijo Cantón, y puso como ejemplo lo ocurrido en Perú hasta la destitución del presidente Alberto Fujimori.En el debate participó el venezolano Pedro Nikken, presidente del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, que disertó sobre el impacto positivo que puede generar una efectiva aplicación de la Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión de la OEA, basada en la Declaración de Chapultepec de la SIP, de 1994.El experto venezolano indicó que, si bien aún es necesario que los gobiernos adopten la declaración y la consideren de "obligatorio acatamiento", el hecho de que haya sido asumida por la OEA es un paso "importantísimo" en esa dirección.En un escenario que "no es el ideal", Nikken abrió espacio al optimismo y afirmó que "las cosas parecen ir mal, pero la lucha y la constancia fructifican" y "ahora está la declaración de la OEA como base".Nikken dijo que en esa carta quedaron claramente establecidos los derechos de prensa y expresión, así como el de todos los ciudadanos a buscar, recibir y difundir información.En este sentido, el editor argentino Raúl Kraiselbud valoró la democratización que la información ha tenido en los últimos años, gracias a las nuevas tecnologías.No obstante, Kraiselbud alertó sobre el "fantasma corporativo fascista" que constituye en algunos países la colegiación obligatoria de los periodistas.Además, apuntó que, junto con las amenazas de muerte y los asesinatos, la prensa se enfrenta también ahora a "poderes judiciales hostiles hacia el periodismo y la libertad de expresión".Según el presidente de la SIP, el uruguayo Danilo Arbilla, los poderes judiciales subordinados a los gobiernos nacionales o regionales representan una de las mayores amenazas para el libre ejercicio del periodismo.Una de las buenas noticias en la jornada inaugural de la reunión semestral de la SIP fue la confirmación de la voluntad del Gobierno guatemalteco de aclarar la desaparición, hace veinte años, de la periodista Irma Flequer.El presidente de la Comisión Presidencial de Derechos Humanos de Guatemala, Víctor Hugo Godoy, participó en la inauguración y dijo que su Gobierno "irá a fondo" en un asunto en el que el Estado guatemalteco ha decidido aceptar su responsabilidad, bien sea como "autor" o por su "omisión" ante un caso que permanece impune.Arbilla dijo que es "la primera vez que se llega a un compromiso para investigar la desaparición de un periodista" y que esto es una muestra de que "un caso nunca está cerrado".El presidente de la SIP valoró la posición asumida por Guatemala como "muy importante para la defensa de los periodistas, la prensa y los derechos humanos", y el editor guatemalteco Gonzalo Marroquín la puso como "ejemplo" de la lucha contra la impunidad.




