Passarella terminó de deshojar la margarita y le puso fin al culebrón
Daniel Passarella cerró sin pena ni gloria la primera experiencia de un técnico extranjero al mando de la selección uruguaya, y terminó el martes de deshojar la margarita del me quedo o me voy, poniéndole fin al culebrón de su renuncia anunciada.
MONTEVIDEO - Daniel Passarella cerró sin pena ni gloria la primera experiencia de un técnico extranjero al mando de la selección uruguaya, y terminó el martes de deshojar la margarita del me quedo o me voy, poniéndole fin al culebrón de su renuncia anunciada.A la hora de pasar raya a los 21 meses de vínculo con la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), el 'Kaiser' argentino y su equipo dejó como resultado -para la seleccion celeste en su ruta al Mundial 2002- cuatro partidos oficiales ganados, tres empatados y otros tantos perdidos, ocupando el quinto lugar en las eliminatorias mundialistas sudamericanas.También quedaron, en la tesorería de la AUF y en la del copatrocinador Tenfield del empresario Francisco Casal, los recibos por 1,680 millones de dólares, producto -entre otros rubros- de los 75.000 dólares mensuales y los 47.000 dólares por punto ganado del estratega argentino."Morí con la camiseta (celeste) puesta", dijo Passarella en una entrevista de una radio de Montevideo este miércoles, un día despúes del fin de su pasaje por la selección uruguaya, a la que dijo haber respondido con mayor entrega que algunos dirigentes clubistas.Su batería la descargó contra el club Nacional, con el que tuvo en el correr de su gestión una media docena de enfrentamientos por la cesión de sus futbolistas, y que dejó caer la última gota que derramó el vaso con el nones a la convocatoria a la selección de un delantero juvenil, Vicente Sánchez.Sánchez, quien no jugó más de 60 minutos desde que a comienzos de este año se incorporó a Nacional proveniente de un club provinciano, el Tacuarembó, más allá de sus virtudes futbolísticas quedará en la memoria de los aficionados como el que desencadenó el final del culebrón del 'Kaiser'.Sus amagues de renuncia datan de abril del 2000, cuando dijo que se iba después del partido con Paraguay (derrota 1-0), en Asunción, por la segunda fecha de las eliminatorias, porque "no quería robar la plata", a raíz de la limitación que impuso la FIFA a las selecciones sudamericanas para convocar a sus legionarios europeos.Allí, después de deshojar el primer pétalo, arrancó el segundo: "me quedo para no defraudar a la gente".Y siguieron los amagues del estratega de 46 años, que, entre 1990 y 1994, en su primera incursión como entrenador, dirigió al River Plate de su país y a fines de 1994 se hizo cargo de la selección argentina, hasta el final del Mundial de Francia-98, en el que llegó a cuartos de final.A comienzo de octubre último, Passarella rechazó el ofrecimiento del Inter de Milán, con un contrato por tres años con 15 millones de dólares, "libres de impuestos", según su confesión.La imagen del timonel, emparentada con la suerte del país, determinó que hasta el propio Jorge Batlle descolgara una vez más el teléfono del despacho presidencial, para tirarle algún cabo salvador y le pidiera que se quedara, en uno de los tantos amagues del 'Kaiser', que recorrió triunfal los campos de juego de varios continentes.Para los uruguayos, que acuñarán ahora el vocablo "pasarela" para referirse a algo que fue, los dirigentes de la AUF le prometen ahora más de lo mismo, al anunciarse este miércoles que Víctor Púa vuelve a dirigir a su selección mayor, arrastrando el contrapeso que -como entrenador- nunca ganó un título.




