Panorama desolador durará varios años en el estado indio de Gujarat
Nueve días después del violento sismo que sacudió a la India, la ayuda seguía llegando, pero de forma desigual, al estado de Gujarat, en el oeste del país, donde se necesitarán varios años para borrar el actual panorama de desolación.
BACHAO.---- Nueve días después del violento sismo que sacudió a la India, la ayuda seguía llegando, pero de forma desigual, al estado de Gujarat, en el oeste del país, donde se necesitarán varios años para borrar el actual panorama de desolación.El panorama de desolación de las principales ciudades y poblados de esta región, otrora próspera, divergía notablemente con el discurso optimista de las autoridades, según las cuales, la ayuda llegada desde todos lados y la reconstrucción comenzará pronto.El sismo del pasado 26 de enero, de una intensidad de 7,9 en la escala de Richter, arrasó con las principales ciudades y afectó el campo en el estado de Gujarat.Las cifras oficiales estimaron el total de muertos en cerca de 30.000, mientras que el ministro de Defensa George Fernandes declaró que perecieron por lo menos 100.000 personas.Edificios derrumbados parcial o otalmente, pero todos vacíos, casas que se convirtieron en un montón de escombros y calles despejadas por topadoras, son testimonio de que pasará mucho tiempo antes de que comience la reconstrucción.Los sobrevivientes del sismo, cuyo balance seguía en aumento este domingo, casi diez días después de haber perdido todos sus bienes, están demasiados traumados como para pensar en su futuro a largo plazo.Los pocos que conservaron sus viviendas se negaban, en su mayoría, a volver a las mismas, atemorizados por los frecuentes temblores. Y entonces, no tenían otra alternativa que dormir a la intemperie, alrededor del fuego, o en una tienda de campaña.Sin embargo, la solidaridad india seguía predominando. Las carreteras están repletas de camiones cargados con madera, bolsas de agua o de víveres.Los centros de distribución de la ayuda recibida se asemejaban en algunos casos a impresionantes basurales, con montañas de ropa que, al parecer, no interesaban a nadie.En las zonas más alejadas, los habitantes se quejan, en cambio, de no recibir suficiente asistencia, en particular de tiendas de campaña y mantas."¡Esto es lo que me han dado!", suspiraba Janbai Bhai, una mujer que vive en la frontera de la ciudad mártir de Bachao, mostrando una lona de plástico.Detrás de ella, sólo quedaba la puerta de entrada de lo que fuera su casa. El sismo también se llevó a su hija de 20 años, que había ido a trabajar a un hospital que se derrumbó.Sus otros ocho hijos sobrevivieron de milagro: Rojina, de siete años, seguía con la cabeza envuelta en vendas, y Eiros, de 14 años, caminaba lentamente con su pierna enyesada en medio de los escombros.A unas decenas de kilómetros, en la carretera que lleva a Buhj, una multitud rodeaba un camión cisterna. Las mujeres se acercaban cargando en la cabeza grandes recipientes, en medio de un calor asfixiante.En Buhj, donde la mayoría de las ONG internacionales trajeron voluntarios, la hora de la partida comenzaba a planear. Los socorristas seguían, aunque con ínfimas esperanzas, sus tareas en busca de más cuerpos.Los socorristas lamentaban también la desorganización reinante. "A veces nos mandan a revisar una casa que se sabe, estaba vacía, y otras veces revisamos después de que ya lo hayan hecho. Hay un sistema internacional para marcar los lugares que falta revisar o los que han sido examinados, y aquí no lo utilizan", se quejó uno de ellos.




