Putin le muestra sus caras al mundo
Sus aduladores más melosos escribieron en una biografía para niños: "El pequeño Vladímir era un verdadero amigo con el que podías contar, y cuando se hizo mayor ayudó a los buenos y aborreció a los malos".
MOSCU - Sus aduladores más melosos escribieron en una biografía para niños: "El pequeño Vladímir era un verdadero amigo con el que podías contar, y cuando se hizo mayor ayudó a los buenos y aborreció a los malos".Sus críticos más ácidos lo definieron con menos condescendencia: "Es un don nadie salido de no se sabe dónde y escogido para llevar a Rusia a ninguna parte".Sus admiradoras y admiradores destacan su "hombría", "atractivo", "encanto sexy", "inteligencia" y "complexión atlética" de yudoka, y un joven hasta ganó un premio de diseño con un tatuaje de su rostro.Sus enemigos en la política y en la prensa lo han comparado con Hitler, Stalin y Pinochet y le han llamado casi de todo: "Cobarde", "inmoral", "canalla", "payaso", "poco hombre" y "mudo".Sus leales lo ensalzan como "el hombre que ha levantado al país de su humillante postración", un "regalo del cielo", un "patriota" y un "salvador que ha recuperado el orgullo de gran potencia".Sus interlocutores extranjeros alaban sus méritos como "líder con quien se puede tratar" y "dirigente fuerte" bajo cuyo mando el país es más "estable" y la línea política y económica más "previsible".Y un viejo amigo que lo conoció bien en sus tiempos de agente del KGB soviético dijo escuetamente: "Es cínico, ambicioso y cruel".Es que un año en el Kremlin da para mucho.Pero a estas alturas nadie sabe con certeza cuál de todas esas definiciones responde mejor a la pregunta que se viene haciendo el mundo desde hace más de un año: ¿quién es Vladímir Putin?El presidente de Rusia desde la súbita dimisión de Borís Yeltsin el 31 de diciembre de 1999 ha hablado mucho y dado que hablar más en todo este tiempo, ha tomado decisiones atrevidas y polémicas, se ha arrugado a veces y ha hecho 24 viajes al exterior.Putin, que heredó un régimen corrupto, un país hundido moralmente y una "economía libre de mercado" donde las mafias de dentro y fuera del poder se repartían el botín, ha dado un vuelco a todo eso.Con palabras de estímulo o azote según la ocasión y el auditorio, formuló un programa de gobierno basado en "la dictadura de la ley", la "verticalidad del poder" y la revitalización de la economía con tintes sociales, proteccionistas y ultraliberales al mismo tiempo.Cara al exterior, puso en marcha una reestructuración militar para pisar fuerte, pero "sin ánimos imperiales", y buscó en Europa y Asia clientes para su receta de un mundo "multipolar". Una vez llamó "traidor" a un periodista crítico, otra contó con emoción el "milagro" de cómo se salvó de un incendio el crucifijo que le regaló su madre, y el día que se hundió el submarino nuclear "Kursk" se quedó en la playa montando en moto acuática.En otra ocasión afirmó que los movimientos conservacionistas son "tapadera del espionaje occidental" y luego suprimió la Agencia Rusa de Medio Ambiente, pero hace pocos días dijo que cuando abandone la política se dedicará "a la ecología"."Somos un país rico de gente pobre", advirtió en carta abierta a los ciudadanos, a quienes prometió "combatir" a los "oligarcas" o nuevos ricos que "pescan en aguas revueltas", aunque reconoció que "un país fuerte necesita de gente acaudalada".Admirador de Henry Kissinger por entender que todo era más claro en la Guerra Fría y del ex disidente Alexandr Solzhenitsin por decir que "hay que mirar a la historia nacional y no a Occidente", Putin no ha cesado de fomentar inversiones europeas para Rusia.Con un estilo populista, se subió a buques de guerra, aviones y carros de combate en señal de que "no tuvo juguetes de niño", según un psicólogo, pero fuentes del Kremlin afirman que no tolera salir en el programa satírico de los "teleñecos"."No es comunista ni anticomunista, es postcomunista", comenta uno de sus asesores de imagen, pero ha restaurado el himno soviético y en La Habana el subconsciente le jugó una mala pasada al referirse a su país como "la URS...", antes de corregirse: "Rusia..."Acusado de "totalitario" y de ir hacia "un nuevo estalinismo" por su presión sobre la prensa independiente y por rodearse de antiguos agentes del KGB, Vladímir Putin proclama casi a diario la fortaleza de la democracia y que la caída del comunismo no tiene vuelta atrás.Putin se ha acostumbrado a decir a cada interlocutor lo que él cree que quiere oír, y es todo un maestro cuando las masas le oyen hablar de que va a usar un "garrote" contra los oligarcas para "golpear primero y tan fuerte que el otro no pueda levantarse".A todos ha cortejado, desde comunistas y liberales a empresarios, trabajadores y pensionistas, y con todos ha tenido gestos a favor y decisiones en contra, en un eterno equilibrio en la cuerda floja.Pero tras un año en el Kremlin, el hombre de las mil caras aún no ha despejado otra incógnita: si ejerce el poder por sí mismo o es un "mero portavoz" de otros, elegido por su perfil psicológico.Las versiones o "filtraciones" oficiosas en ambos sentidos alegan por un lado que sí lleva las riendas con todo brío, pero por otro se enumeran titubeos como proclamar el fin de la guerra de Chechenia y preguntar luego a los generales: "¿Ha acabado o no?"O debilidades, como la derrota de su candidato a Fiscal General, la victoria de un rival en San Petersburgo al que llamó "Judas" y el empate entre militares a favor y en contra de la defensa nuclear, todo ello ante su ensordecedor mutismo."Putin se ha quitado la máscara" al resucitar el himno soviético y perseguir "con saña" al magnate de prensa independiente Vladímir Gusinski, han denunciado sus más fieros oponentes.Pero a este hombre de las mil caras no le bastaría una máscara, porque como ha escrito un conocido sociólogo al comparar al anterior presidente y al actual, "Yeltsin hacía como que no estaba en nada y Putin hace como que está en todo".




